En estos primeros días de junio son muchos los
MIR que abandonan sus residencias para convertirse en adjuntos. Tras cuatro o cinco años de formación en sus respectivas especialidades, salen de los hospitales en los que han crecido personal y profesionalmente, haciendo hueco a la nueva promoción de residentes de primer año que se incorporan a los centros. A lo largo del tiempo, son muchos los aprendizajes que se llevan y que han puesto los cimientos de los médicos en los que se han convertido.
Elena Esparza es MIR de cuarto año y esta semana acaba su etapa formativa en Pediatría en el Hospital Niño Jesús de Madrid. Si cierra los ojos y se transporta a cuatro años atrás, momento en el que llegó al hospital, confiesa que ve a una facultativa con ganas de aprender y descubrir, pero también con inseguridad y miedo de comenzar la etapa. “Al acabar la residencia veo una gran diferencia en el camino recorrido, pues he podido
crecer tanto a nivel académico como a nivel personal. He podido aprender a trabajar en equipo, a manejar las situaciones de incertidumbre, comunicarme, dar malas noticias e intentar ayudar cuando hace falta al resto de los compañeros”, explica a
Redacción Médica.
En esta etapa Esparza se ha encontrado con múltiples retos, entre los que destaca el hecho de aprender a delegar y pedir ayuda. “A nivel personal, ha sido un
reto compaginar la residencia con tener tres niños, pero ha merecido la pena”, dice la médica, que se ha subespecializado en gastroenterología pediátrica en el último año. Por este motivo, los objetivos a medio y corto plazo son seguir formándose en la materia. En este contexto, señala que hay margen de mejora en lo que respecta a la información sobre
salidas profesionales. “Durante la residencia recibes una formación clínica completa, pero, en cuanto a la práctica, cómo solicitar los contratos, bolsas, posibilidades de subespecialización.. no está muy estructurado”, comenta.
Si le preguntan qué consejo le da a los
MIR que empiezan ahora la residencia, destaca la importancia de disfrutar de cada etapa: “En concreto,
Pediatría es una especialidad que te va a aportar mucho tanto a nivel académico como a nivel profesional y humano”, asegura la médica.
Los tutores MIR, parte del aprendizaje médico
Durante el camino formativo para convertirse en especialistas, los médicos residentes necesitan una guía que les indique las pautas a seguir y cómo funciona el sistema médico. Esa función está asignada a los responsables de docencia de los hospitales y a los
tutores MIR en sí, que cada año ven marchar a una generación de médicos a los que han visto desarrollarse como profesionales. “Cuando un residente elige el hospital para formarse, el sentimiento que inicialmente te invade es de orgullo, porque concretamente este hospital lo eligen
personas que han sacado un buen número de orden”, expresa Jorge Martínez, tutor de residentes de Pediatría y jefe de Estudios del hospital Niño Jesús de Madrid. “Cuando ves cómo van progresando en esas habilidades, técnicas y conocimientos, sientes satisfacción”, admite el especialista. Alega que, al tratarse de un hospital pequeño, residentes y tutores tienen un trato directo y suelen darse relaciones de amistad. “Ves que son especialistas que querrías de pediatra de tus hijos”, estima.
En esta sensación de orgullo coincide Enrique Villalobos, miembro del servicio de Pediatría, tutor de residentes en el mismo hospital y profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid. “Es bonita la sensación de que tú has podido tener algo que ver en eso, aunque, por supuesto, que quien más tiene que ver en todo eso es el
propio residente, su propio trabajo y esfuerzo continuado”, subraya.
A lo largo de los años que llevan ejerciendo esta labor, se han encontrado con una
evolución en los perfiles de los MIR que entran en las residencias año a año. “Esa vocación se ha ido modificando según han ido avanzando las generaciones y preguntan primero cómo son las guardias, si se libran, cómo son los turnos, cuántas consultas se pasan, si están muy o poco supervisados…”, comenta Martínez. Pone sobre la mesa que el tema económico es también un factor a tener en cuenta para los médicos, porque hay muchas diferencias de esta índole, tanto en lo que cobran como en el precio de la vivienda, dependiendo de la comunidad en la que se encuentren. “Detectamos profesionales muy altamente cualificados, con una amplia y con una muy buena preparación. Pero es verdad que en la escala de prioridades, nosotros poníamos las que tienen hoy en un segundo o tercer plano, y a veces lo contemplábamos una vez ya bien iniciado el camino”, añade Villalobos. Incide en que las
nuevas generaciones no están dispuestas a pasar por situaciones que han vivido las anteriores: “No tienen el mismo grado de tolerancia que teníamos nosotros y eso no es censurable”, puntualiza.
La actitud que más se valora en un MIR
El
modo de afrontar la residencia desde el primer día es importante, y es algo que los tutores MIR tienen en estima. Para Villalobos, un punto fundamental es la humildad: “Yo siempre he valorado la modestia, porque la capacitación teórica esa la presumimos, tanto del que acaba de entrar como tú has dicho como del que está terminando. Eso es el
motor que te permite aprender”, afirma el especialista. Esto es importante compaginarlo con las ganas de formarse porque, como dice el médico, “se puede ser muy humilde, pero si no hay ganas de aprender entonces no lo voy a hacer”.
Para Martínez hay cuatro pilares fundamentales: motivación, esfuerzo, humildad y respeto. “¿Motivación por qué? Porque dependiendo de tu motivación vas a aprender más o menos, o sea, si a ti te gusta lo que estás haciendo, lo vas a hacer con mucho mejor o con mucho más esfuerzo. Eso es fundamental, nadie nos va a dar nada”, estima. Destaca, como su compañero, la humildad porque si no “soy prepotente, soy narcisista,
no voy a aceptar ni la crítica ni el comentario ni la corrección cuando me lo están diciendo, cuando se hace para que mejore”, añade.
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