La universidad española forma a algunos de los mejores profesionales clínicos de Europa. El nivel de exigencia en farmacología, atención al paciente y formulación magistral es indiscutible. Sin embargo, cuando el recién graduado o el perfil FIR se enfrenta a la realidad de dirigir una farmacia comunitaria, choca sistemáticamente con una barrera formativa profunda: la gestión empresarial y económica.
La oficina de farmacia es, por definición, un establecimiento sanitario de interés público y de primera necesidad. No obstante, en la práctica diaria, no deja de ser una pequeña o mediana empresa (pyme) que exige un rigor gerencial absoluto. En el escenario actual, marcado por las continuas revisiones de precios de los medicamentos por parte del Ministerio de Sanidad, la inflación y la creciente complejidad de las normativas laborales y fiscales, se requiere un perfil directivo que rara vez se cultiva en las aulas. El titular actual asume riesgos financieros, lidera equipos humanos y debe interpretar balances contables; competencias vitales para la viabilidad del modelo asistencial.
El abismo administrativo frente a la vocación clínica
Este déficit se hace especialmente crítico en el momento del relevo generacional. Cuando un joven profesional decide dar el paso definitivo hacia la titularidad, la vocación sanitaria inicial suele verse empañada por la incertidumbre burocrática. Ya no basta con ser un excelente clínico detrás del mostrador; en el mercado actual es imperativo dominar la optimización del stock, planificar al milímetro la fiscalidad patrimonial y auditar la viabilidad del negocio a largo plazo.
A esto se suma que muchos de estos jóvenes boticarios se encuentran asumiendo, de la noche a la mañana, la dirección de equipos que llevan décadas trabajando en el local. Esto exige unas habilidades de liderazgo y de gestión de recursos humanos para los que el plan de estudios oficial nunca los preparó.
La necesidad de aliados estratégicos en el sector
Ante esta carencia estructural del sistema educativo formal, la externalización profesional se ha convertido en la red de seguridad indispensable del sector. Delegar la estrategia contable, fiscal y legal en una
asesoría de farmacias especializada permite al nuevo titular reducir drásticamente el estrés gerencial. De este modo, el profesional puede centrar todos sus esfuerzos en el núcleo de su vocación: la atención al paciente y el desarrollo de nuevos servicios de salud comunitaria, como los Sistemas Personalizados de Dosificación (SPD) o la atención dermofarmacéutica.
Expertos del ámbito de la consultoría sanitaria, como
Consultorfarma, advierten de que el éxito de las nuevas aperturas y traspasos radica precisamente en acompañar al farmacéutico en esa compleja transición de "clínico" a "empresario de la salud", garantizando que la estructura económica soporte de forma holgada la labor sanitaria.
El futuro y la sostenibilidad de la red de farmacias en España dependen de que estas nuevas generaciones puedan sostener económicamente el modelo mediterráneo. Para ello, es urgente que las instituciones comiencen a integrar la gestión empresarial en sus planes formativos y que el sector siga apoyándose en alianzas estratégicas. Solo así garantizaremos que ninguna vocación sanitaria fracase por falta de solvencia gerencial.
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