Al margen de su tramitación como proyecto de ley (el proceso habitual que siguen los reales decretos-ley aprobados por el Congreso), la
reforma del copago farmacéutico impulsada por los ministerios de Sanidad y Hacienda quedó consolidada después de que la Cámara Baja la convalidara a finales de mayo, pese a las abstenciones de PP, Junts y ERC y el rechazo de Vox. No obstante, el nuevo modelo (con más tramos de aportación según el nivel de renta anual) sigue sin aplicarse de forma efectiva. En plena campaña de la declaración de la renta, habrá que esperar a que los datos fiscales de los usuarios queden actualizados para implantar los cambios. Pero
el principal hándicap para la asimilación del sistema llegará después, en la propia oficina de farmacia. Porque el peso pedagógico para con el paciente recaerá en quienes están detrás del mostrador, los propios farmacéuticos.
“Lo que va a ser más conflictivo y complicado es hacer entender al consumidor los cambios”, asume Jaime Arnaiz Rebollo, titular de una farmacia en Madrid. Es lo que también trasladan a
Redacción Médica desde el
Consejo General de Colegios Farmacéuticos (Cgcof). “Las farmacias de nuevo, al estar en contacto directo con los pacientes, tendrán que realizar un importante esfuerzo para adaptar sus programas informáticos e informar a los pacientes de los posibles cambios, garantizando siempre la calidad de la prestación farmacéutica”, dicen fuentes de la institución, que, en todo caso, valoran “cualquier revisión del copago encaminada a mejorar la equidad en el acceso a los medicamentos” por “la implicación que pueda tener en el cumplimiento de los tratamientos”.
Las claves del nuevo copago farmacéutico
Sanidad ha defendido desde el primer momento la reforma del modelo por su
impacto positivo en la adherencia terapéutica. Según se explicó desde el ministerio después de que el Consejo de Ministros aprobara el nuevo sistema, los análisis técnicos elaborados por el Comité Asesor de la Prestación Farmacéutica evidenciaban que unos niveles de aportación monetaria no adaptados a las circunstancias económicas personales
pueden llevar a la interrupción e incluso al abandono de tratamientos.
Para evitar esos riesgos, se actualizó el modelo de aportación a la prestación farmacéutica ambulatoria haciéndolo “más progresivo”. En lo referente a las personas activas y sus beneficiarios,
se ha pasado de tres tramos de porcentajes de copago a seis, con topes mensuales para las rentas anuales más bajas, es decir, de 34.999 euros para abajo. El Gobierno calcula que las personas que cobran menos de 9.000 euros al año y quienes ganan 22.000 euros
se ahorrarán unos 500 euros y 460 euros, respectivamente, en medicamentos. Pero todo será, tal y como apuntan desde Sanidad a este periódico, a partir del 30 de junio, es decir, cuando termine la campaña de la declaración de la renta.
Un doble proceso adaptativo al copago
Los nuevos datos fiscales de cada usuario y el nivel de copago correspondiente habrán de
actualizarse en cada tarjeta sanitaria, un proceso que, según el Cgcof, se tiene que llevar a cabo desde el Ministerio de Hacienda, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y las comunidades autónomas. Es conditio sine qua non para que las farmacias, a través de la receta electrónica, puedan dispensar medicamentos con las nuevas condiciones. Fuentes del Gobierno afirman que ese procedimiento está más que automatizado, por lo que no conllevará ningún retraso añadido.
Lo difícil, insiste Arnaiz, será cuando los farmacéuticos tengan que explicar las novedades a sus usuarios. “Si antes un paciente tenía una aportación del 40 por ciento y ahora se le ha bajado o se le ha aumentado, el farmacéutico va a tener que estar explicándole durante un tiempo cuáles son las nuevas condiciones, cuál es el nuevo sistema del precio… Al final, todo
eso repercute en nuestra calidad a la hora de atender al público y resolver las consultas y los conflictos que puedan generarse”, señala.
Y todo ello, indica el farmacéutico, mientras el propio titular de la oficina de farmacia va interiorizando esos cambios: “El programa informático es el que nos va a ir diciendo todo lo que cada paciente ha de aportar a partir de ahora”. Eso, añade, supondrá
un esfuerzo de “adaptación técnica importante” para que la labor didáctica desde el mostrador sea eficaz.
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