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"El medicamento no es una mercancía ni la farmacia una tienda"

Carmen Peña, expresidenta del Cgcof, cree que la parte clínica no se aborda lo suficiente en la educación universitaria

Carmen Peña, expresidenta del Consejo General y de la Federación Internacional de Farmacéuticos.

22 abr 2023. 11.50H
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Carmen Peña es una de las voces que han hecho historia en el ámbito farmacéutico de principios de siglo. La expresidenta del Consejo General y de la Federación Internacional de Farmacéuticos fue la primera mujer en traspasar los techos de cristal en el liderazgo de ambas entidades. Ella misma cree que todavía queda mucho por hacer, tanto en su ámbito como en la Farmacia en cuanto a la administración de medicamentos y legislación. 

Supo desde el primer momento que para cambiar las cosas había que hacerlo desde dentro y por eso nada ni nadie, salvo las urnas, se interpusieron en su escalada hacia la cima institucional, tanto a nivel nacional como internacional. Una trayectoria que espera sirva de inspiración a toda una futura generación de mujeres y farmacéuticas, tal y como explicó en esta entrevista para el pódcast 'Líderes Sanitarias'.

Pionera dentro de un ámbito como la Farmacia, ha sido la primera mujer en ser secretaria general y presidenta del Consejo General de Colegios Farmacéuticos (Cgcof) y en presidir la Federación Internacional Farmacéutica. Después de años abriendo camino, ¿qué influencia considera que ha tenido como mujer desde estos puestos de responsabilidad en el Sistema Nacional de Salud? 

Yo creo que más que influencia es quizá dar un ejemplo, bueno o malo, de que se pueden hacer las cosas, de que una mujer con las mismas capacidades que sus compañeros puede liderar, puede gestionar, puede hacer equipos, puede tener lealtad institucional con las administraciones sin perder el derecho a defender unos criterios de un colectivo tan legítimo como cualquier otro. Y ese conjunto que es el liderazgo, hay que demostrar que se puede hacer en equidad, desde cualquier perfil. Hay personas, hombres o mujeres, que trascienden esas circunstancias y que demuestran. Entonces, yo lo que creo es que sí he podido demostrar y sirve para que otras organizaciones, otras instituciones nacionales, incluso internacionales, tienen maravillosas mujeres en puestos muy importantes, pero todavía no se les ha dado el paso, no se ha propiciado las circunstancias para que haya habido, por ejemplo, una presidenta en otras organizaciones profesionales sanitarias o en otras instituciones en las que debe haber a igualdad de condiciones mujeres en el poder, en el verdadero poder. 

¿Considera que el suyo es un ejemplo de eso, de verdadero poder? 

El ejemplo puede ser bueno o malo, pero lo que está claro es que por lo menos es una inspiración para que la gente más joven o la que está en otro momento de su vida piense: "si esa mujer ha podido hacerlo, yo también puedo". Sobre todo a mí me ha pasado a nivel internacional, lo he vivido con jóvenes farmacéuticas que se me han acercado de países en los que todavía las mujeres farmacéuticas llegan a las votaciones de sus respectivos países como representantes de su país y son sus compañeros hombres los que votan por ellas, teniendo la misma capacidad, la misma carrera profesional... Entonces esas mujeres se me acercaban y me decían: "Carmen es una inspiración para cambiar las cosas", por lo menos en sus respectivos países. Solo con eso, ya merece la pena el camino.

¿Cuál diría que ha sido su inspiración? 

Mi inspiración fueron tres mujeres en orden cronológico: una tía abuela a la que veía como mi abuela, farmacéutica rural, luego mi madre, que ha sido un poco el pilar de mi familia aunque mi padre también estaba siempre ahí pero la figura, la matriarca, era ella. Y luego mi hermana mayor, que me lleva cinco años, que es casi un cambio generacional. Es una persona intelectualmente brillante: es farmacéutica, fue su primera carrera, luego hizo veterinaria y luego hizo Medicina. Cuando acabó Farmacia yo estaba empezando por cinco años de diferencia. Siempre fueron mujeres que en sus niveles de edad y de cercanía me inspiraron a estudiar Farmacia y luego me enamoré de la carrera sobre la marcha. 

¿Cómo fue estudiar esta carrera en los años ochenta?

Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor... Yo no estoy de acuerdo con ello. Quizá otros compañeros tengan ideas diferentes sobre los ochenta, pero por lo menos mi percepción es que la estructura de la universidad pública en aquellos años y los propios claustros de profesores estaban muy alejados del estudiante. Eran magníficos profesores que tenían unos conocimientos brutales de sus asignaturas, pero sin embargo en el campo emocional eran inaccesibles; estaba por un lado el mundo del profesorado y por otro el de los estudiantes. Éramos una generación que veníamos más con ganas, veníamos de la Transición y nos tocaba un cambio en ese momento histórico para el que la universidad estaba un poco anclada en el pasado. Veíamos que la sociedad estaba demandando otras cosas a efectos en este caso de Farmacia Clínica incluso de Farmacia, en el campo de la educación que no los encontrábamos del todo. Ahí es donde se notó la brecha que luego hemos ido resolviendo con complejidades.

Creo que ahora el estudiante de Farmacia, tanto en la universidad pública como en la privada, está mucho más cercano a sus profesores, mucho más interactivo, encontrando sus necesidades. Y pongo dos ejemplos: en aquel momento no había Erasmus, no había esa capacidad de ver otros sitios del mundo, otras culturas y además forzarte a estudiar idiomas para ser un ciudadano del mundo. Y luego, por ejemplo, en la parte clínica no teníamos prácticas tuteladas, no conocíamos al paciente hasta que no salíamos a trabajar. Es verdad que yo creo que todavía es insuficiente, que hay que trabajar más la parte clínica desde el pregrado, pero bueno, se han dado pasos muy importantes. 


Y en su caso, después de ese primer contacto con la Farmacia con esas prácticas que como decía, no estaban tuteladas, al poco tiempo decidió tener su propia farmacia...

No había - o yo no las veía- todas las salidas profesionales que podemos tener ahora. Los farmacéuticos somos muy poliédricos: trabajamos la alimentación, la Bromatología, el medicamento, las tecnologías sanitarias... Pero claro, esto desde la visión actual de 2023. Quizá tener una farmacia era la salida más lógica, la más natural que teníamos en aquel momento, porque la industria farmacéutica tampoco se estaba desarrollado como lo está haciendo ahora. Yo tuve el privilegio de trabajar en la farmacia de mi hermana y eso me vino maravillosamente, porque aparte que me puso en contacto con los pacientes, con las personas que llegaban, aprendí muchísimo y vi que me gustaba la parte clínica, que me gustaba el mostrador, el trato con el paciente y entonces eso me llevó de una forma natural. Mis padres me dieron una entrada a estar en esa farmacia en la que estoy todavía. He estado muchos años fuera, pero ahora he vuelto a mi casa de nuevo en el mismo sitio. La vida, como la Biología, es un proceso circular y lo más importante es saber siempre que tienes tu casa donde volver.


"La vida, como la Biología, es un proceso circular y lo más importante es saber siempre que tienes tu casa donde volver".


¿Echaba de menos ese trato, ese mostrador? 

Se va perdiendo en el tiempo porque han sido 30 años los que he estado fuera, incluso fuera de España. Pero al final esto es como montar en bici. Mi objetivo en todo este siempo siempre ha sido el paciente, que es un poco el concepto de lo que aprendí en los años 90 sobre lo que es la atención farmacéutica. En el fondo nosotros somos profesionales que vehiculizamos, a través de una herramienta que se llama medicamento, la búsqueda de la salud, de lo que verdaderamente es nuestra visión. Esta es una filosofía que yo he puesto en práctica en donde está el concepto de la atención farmacéutica. Esa parte clínica la llevo desde el origen y no la he perdido, entonces ahora volver es muy amable, es muy agradable porque es como hacer un gran viaje en el que vuelves a casa, pero vuelves a casa con muchas más conocimientos pero con la misma ilusión de de partida.

¿Puede ser que fuera esa perspectiva de mejora lo que le hizo presentarse a la vocalía del Cgcof? 

Sí, la verdad es que yo soy una mujer inquieta por naturaleza, que eso también es un factor bueno para unas cosas, malo para otras. Quizá también hay un punto de destino, o sea que el destino te va ayudando pero claro, tú tienes que estar ahí, predispuesta a que las cosas pasen. Cuando acabé la carrera, el primer año ya de trabajo, me fui con mi hermana a un Congreso Nacional de Farmacéuticos por seguir una formación continuada, en el fondo, esa avidez de saber más. Para mí fue un antes y un después, porque ahí conocí a los grandes popes de la profesión, tanto de los colegios farmacéuticos como del Consejo General. Ahí se me abrió como una ventanita: al año siguiente había ya elecciones a la Vocalía Nacional y sin encomendarme a Dios ni al diablo, me presenté. Y en contra de todo pronóstico, que esa es la historia de mi vida, pues gané las elecciones y ahí empezó todo.

Al principio los nueve años de Vocalía Nacional los compatibilizaba con mi trabajo en la farmacia. Pero en los años 90 Europa estaba generando una serie de directivas en materia de Sanidad, dentro de Sanidad de Farmacia, dentro de Farmacia, de Dermo-Farmacia, que era la vertiente por la que yo iba. Aquello me abrió un poco el conocimiento del know-how, del cómo se trabaja en la Unión Europea, porque hay que saberlo, como todo en la vida, no se puede improvisar. Y es que España no tenía un histórico del impacto de las normativas europeas en nuestro país. Entonces ahí me di cuenta de la importancia de estar en esas tribunas defendiendo los derechos del paciente en materia de Farmacia. Fue un aprendizaje brutal: me dio una visión, en ese caso más internacional, pero me ayudó mucho cuando volví a España a revisar incluso las normativas españolas con la visión de que había una normativa superior europea que iba a llegar y que teníamos que implantarla porque era parte de nuestra responsabilidad de pertenecer a la Unión Europea. 

Y después de tantos años en la vocalía, diste, sin embargo, un paso más hacia esa Secretaría General. ¿Cómo fue esa etapa? 

La Secretaría General es otro salto brutal, porque es partir de un tema muy profesional, duro en cuanto a las guerras que había siempre con las grandes empresas del sector cosmético, de las grandes del Ibex y de las empresas que tienen unos intereses económicos legítimos y que tienen un poder brutal a la hora de hacer lobby... La Secretaría general era casi como entrar en la cocina del Consejo General y encima en la parte del apoyo ejecutivo y político al presidente, que en aquel momento era Pedro Capilla, que fue un maestro para mí.

¿Qué fue lo que de nuevo le impulsó a presentarse? 

De nuevo el destino, fue una llamada. Llegaban las elecciones para la Secretaría General, faltaban unos meses, y yo tenía 36 años. Estaba en casa con mis tres niños chiquitines, me llaman y me pongo. "Carmen sí, mira, soy tu compañero. Vienen las elecciones de Secretaría General y he oído que te querías presentar, te llamaba para decirte que yo también quiero presentarme". Él tendría 44 o 45 años, un poco mayor que yo, pero no mucho. "Que yo preferiría, si me permites, decirte que yo creo que estoy más cualificado en el sentido de que es que tú tienes tres niños pequeños". Fue decirme esas palabras y la cabeza me hizo 'clic' y ya cuando terminó de hablar le dije: "Gracias por llamarme. Tenía dudas, pero me las has clarificado. Tengo que presentarme porque tú tienes dos hijas adolescentes y nadie te llama para decirte que no te presentes por tus dos hijas, gracias por llamarme porque me has animado a dar el paso". El hombre se quedó hecho un polvo. De nuevo el concepto de inspiración, es decir, abrir la mente a otra persona a que gente como ella puede estar ahí, lo puede hacer bien.

Me presenté, gané y ahí estuve 12 años, con unos cambios brutales: las grandes leyes de Sanidad, la ley de Garantías, la Ley de Ordenación Farmacéutica, las transferencias, la desaparición del Insalud... Todo eso lo viví yo con el presidente mano a mano los dos, él en primera línea, eso está claro. Pero ahí fue otra brutalidad de aprendizaje, de ordenación farmacéutica, legislación sanitaria nacional, siempre sin perder la vista a Europa. Y luego, después de 12 años, ya llegó a la presidencia. Ahí quizá estaba más serena, ya tenía 40 y pico años. Esa sí que fue quizá una entrada más natural, porque venía de una Secretaría que habíamos hecho con el presidente en la cabeza, pero yo detrás, grandes logros y fue como un voto de confianza sobre mi labor de secretaria. Yo llevaba ya seis años de vicepresidenta en la Federación Internacional Farmacéutica, el problema es que esos trabajos no se improvisan ni salen como las esporas, todo tiene un trabajo detrás, no se llega de una forma arbitraria. Hay detrás mucho trabajo y me llaman desde la Federación diciendo que hay elecciones, que hay otros candidatos, pero que les gustaría un grupo de compañeros, que me presentara. 

¿Qué fue lo que se le pasó por la cabeza en ese momento?

Al principio dije: "Bueno, ¿qué me están diciendo?" El tema es que había que vivir mucho en La Haya, que es la sede y claro, ya era un salto y me daba además preocupación el Consejo General. Tenía un equipo muy bueno que el primer año me ayudó a compatibilizarlo de nuevo en la presidencia fui contra un sueco, contra un australiano y me presenté y gané, la primera mujer en 100 años de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP). Es una profesión tan femenina que entre el 70 y el 80 por ciento de los farmacéuticos son mujeres en todo el mundo, entonces aunque sea estadísticamente, que pasara un siglo sin mujeres es duro. También es verdad que cuando vas a esas estructuras internacionales, el sacrificio personal es mucho más fuerte. Y llegué a la presidencia de la Federación y encontré cosas importantes a resolver, tan importantes que volví a España y le dije a mi gente: "me tengo que fajar en la Federación". Y me dijeron: "pues nada, nosotros seguimos el camino". Eso me dio mucha tranquilidad de que el Consejo General estaba, funcionaba, tenía vida propia, porque es que es así. 

Estuve cuatro años defendiendo a la Federación. Antes tenía dos pilares profesionales que eran los farmacéuticos científicos y los farmacéuticos clínicos, aparte de más de 4 millones de farmacéuticos afiliados y más de 140 organizaciones, miembro de las 170 y pico países que hay en el mundo. Es una estructura brutal, pero a efectos profesionales y de desarrollo sólo estaban los científicos y los clínicos y faltaba en el trípode, en el triángulo virtuoso, los educadores. Y necesitábamos líderes que trascendieron sus países para aprender y tener una verdadera formación de grado potente, pues se consiguió introducirlo en los estatutos con unos cambios importantísimos. Con toda mi alegría, es lo que han desarrollado y potenciado el actual presidente aquí.

"Entre el 70 y el 80 por ciento de los farmacéuticos de todo el mundo son mujeres. Entonces, aunque sea estadísticamente, que pasaran 100 años hasta que una mujer presidiera la FIP es duro".



En España durante su mandato en el Consejo General, el Ministerio de Sanidad también estaba asociado a nombres de mujer. ¿Cómo fue su relación con ellas? 

Con  ellas y con ellos en general - y digo "con ellos", tengo que decirlo así - fue magnífica. Sólo tuve una mujer, nunca me gustó porque yo creía que no tenía capacitación para el puesto que tenía y bueno, que hubo una excepción. Pero claro, te estoy hablando de en 18 años. Imagínate que la media de los ministros es dos años o dos años y medio. En mi caso siempre fue la alternancia Partido Popular, Partido Socialista. Yo iba a la política profesional, no iba a la política de partidos, sí tenía un buen ministro, una buena ministra, con un buen equipo que es clave, siempre me he entendido, siempre nos han respetado y siempre hemos logrado colocar nuestro mensaje, que es muy importante para luego cuando promulgan leyes.

El trabajo en general siempre ha sido muy satisfactorio, porque de nuevo también, salvo raras excepciones, llega gente preparada, y que aunque no sepa, tienen ya la sabiduría política y profesional de dejarse asesorar y de escuchar. De hecho, conservo amigos, ex ministros, hombres y mujeres. Gente con la que te has entendido y con la que has podido hacer cosas muy buenas. Siempre hay un factor de género que si la persona es buena y si la persona que tienes enfrente es inteligente, es humilde, respeta a los a los que vamos de las diferentes profesiones a explicar nuestra verdad... Yo sí puedo decirte que quizá me haya sentido más cómoda con el liderazgo femenino, pero eso ya es muy subjetivo y no tiene ningún rigor científico, simplemente es un tema más emocional.

Si hablamos de capacitación, de preparación... ¿Cree que hay diferencias entre el liderazgo masculino y femenino?

Creo que hay grandes hombres y grandes mujeres a efectos de liderazgo. Lo que sí pienso es que en temas de liderazgo femenino la mujer tiene una forma diferente de liderar, que no es ni mejor ni peor. Y es una forma que quizá porque yo soy mujer, la veo que es muy sanitaria, pero también muy social. Ya nos acercamos más a ese concepto de liderar con humildad, con respeto a los diferentes, con respeto al equipo. Puede haber excepciones, pero yo creo que tanto en hombres como mujeres me he encontrado grandes líderes y que el liderazgo femenino tiene su idiosincrasia, que no quiere decir que lo ponga por encima ni por debajo. Para mi gusto me siento más cómoda lógicamente en el liderazgo femenino, pero entiendo que también hay grandes hombres líderes. 

¿Cuál diría que ha sido su aportación al Sistema Nacional de Salud? 

Bueno, yo creo que he tenido la oportunidad de ser un granito más, pero parte de la historia de la sanidad española, y digo de la sanidad en democracia. A Ernest Lluch le vi de jovencita, pero desde ahí hasta hoy se han forjado todas las leyes en democracia. En materia del Sistema Nacional de Salud no soy copartícipe, pero sí soy parte en las competencias que se me dieron, parte de todo ese proceso. Y ha sido un proceso con sus luces y sus sombras, como todo lo que hace el ser humano, pero hacia algo mejor. Ha habido quizá casos en los que la ley era correcta, pero la la puesta en marcha no se correspondía al espíritu de la propia ley, según en qué cosas.

Yo tengo tres frases que para mí son como mis mandamientos:  El primero es que el medicamento no es una mercancía, es un producto farmacéutico o es una droga que depende de cómo se use es la salvación o un gran problema, no es un profucto de consumo . El segundo es que el paciente no es un consumidor, cuando necesita su medicamento y necesita una atención y un servicio, lo necesita en ese momento. Y luego, en el caso nuestro, la Farmacia es un establecimiento sanitario, no es una tienda, no es un comercio, porque a su vez el medicamento no es un producto de consumo. Todo eso te lleva a que las leyes sanitarias tienen que ser muy rigurosas y tienen que ser muy prolijas para que toquen temas que si no, luego a lo mejor esos agujeros de información o de legislación producen que otros sectores que no son ni tan solidarios ni tan sanitarios y que van a lo mejor a las reglas del libre comercio puro y duro, puedan producir desajustes de equidad en el acceso a productos sanitarios o a medicamentos. 


Desde un punto de vista personal, ¿cree que han sido mayores los obstáculos que ha puesto la sociedad en toda esta trayectoria de la que nos hablaba o los que nos ponemos a nosotras mismas? 

Creo que hasta los autoimpuestos nos los ha puesto la sociedad. Nuestro momento cultural, social, económico, vital no es lo mismo. Por ejemplo: no es lo mismo ser niña en África que ser niña en Europa. Y entonces, si tú vas con unas reglas del juego inferiores a las de la otra mitad de la población, que son los hombres, es muy difícil que puedas llegar a término en el mismo tiempo y el mismo espacio, porque si tú en esa carrera de fondo sales 100 metros por detrás, es muy difícil llegar en igualdad de condiciones. Partiendo de eso, en una visión global, yo creo que hasta lo autoimpuesto procede de nuestra infancia, de nuestra adolescencia, y de cómo nos haya marcado la vida para hacernos lo suficientemente fuertes y libres para decir: "si tú quieres, lo vas a conseguir", que era un poco lo que yo he vivido. Y si naces en una sociedad en la que a los diez años te dejan en casa a limpiar la junto con tu madre y a tus hermanos varones los mandan al colegio, ya no juegas con las mismas reglas, y esa niña cuando tenga 20 años se pondrá alguna limitación, es fruto de una vida. Esa es la grandeza que me ha dado el mundo internacional, el ver que en un mundo que a veces es tan pequeño, hay diferencias tan brutales en el campo de género, en el campo de equidad y de los derechos humanos, incluso dentro de hombres y mujeres.

Dicho esto, ¿qué diferencias clave ve entre España y el resto de países en cuanto a liderazgo? 

Yo soy como Juan Pablo II, que besaba el suelo al bajar del avión. A pesar de todas las deficiencias que tenemos, de todos los problemas, opino que España es un país absolutamente favorable para los derechos de cualquier ser humano. Me da igual por género, que por raza, que por sexo, yo creo que somos bastante tolerantes. Es un país que ayuda mucho, por lo menos los que queremos luchar por ello se nos permita luchar, que en otros países no se nos permite. El modelo de familia que tenemos y ese concepto de madre luchadora por sus hijas y por sus hijos de la misma forma, pero a la carta, sabiendo a cada uno lo que hay que darle, nos ha hecho ser un país todavía muy bueno para la lucha -con todos nuestros defectos- por los derechos humanos en general. 

Siguiendo esa línea, en 2018 fue galardonada con el Premio Sanitarias en la categoría de Farmacia. Ha sido también jurado en varios años de estos premios. ¿Qué considera que debemos hacer para avanzar hacia ese liderazgo femenino del que hablamos? 

Bueno, primero agradecer a Redacción Médica y Sanitaria 2000 que los Premios Sanitarias han sido un proceso pionero en el campo del reconocimiento, que es una cosa muy etérea pero muy significativa. Volvemos a la inspiración, pues se inició cuando nadie lo hacía y ahora hay mucho trabajo hecho, pero fue inspiración para otros medios, para que otros colectivos , en este caso del mundo de la sanidad, reconozcan a mujeres que lideran con criterio. Yo soy positiva dentro del realismo, porque creo que hay mucho por hacer y estoy con una pequeña preocupación que creo que se va a resolver: la pandemia ha sido un proceso disruptivo en muchas cosas, y en temas de equidad y de igualdad creo que han aparecido nuevos problemas. Nos merecemos, y hablo ya de España, una revisión en materia de equidad.

Yo puedo hablar del campo de la sanidad, pero luego lo podemos extrapolar a otros campos, porque yo creo que hay cosas que se han ido mejorando, pero quizá es que se nos han acumulado muchos problemas sociales que han impactado negativamente sobre el proceso de de equidad, que nos está poniendo un pelín en peligro los últimos años de desarrollo con respecto al papel de la mujer. La generación de mi madre es que la vida que tuvieron, los derechos que tuvieron y que en una generación, la de sus hijas, se haya evolucionado tanto, eso es un éxito. Ahora que no hemos llegado a la meta, es que la meta yo creo que no existe en este tema. Es una utopía, pero tenemos que perseguir la utopía. Yo creo que ahora tenemos como un impás de reflexión, porque algo, algo está fallando en la maquinaria. Pero por otro lado digo: "pero la maquinaria está ahí". Está claro que que hemos hecho mucho y ahora lo que nos toca a nosotras es deshacer los nudos que nos podamos estar encontrando y pegar otro salto, hacer que la maquinaria siga funcionando.

Ha sido miembro Carmen de la delegación española, la Agrupación Farmacéutica de la Unión Europea, la Federación Panamericana Farmacéutica... ¿Cree que ha tenido un coste desempeñar todos estos cargos de responsabilidad? ¿Ese sacrificio se da por hecho también en el caso de las mujeres? 

Sin duda que ha tenido un coste. En mi caso y en casos de amigas con vidas paralelas y parecidas, sí hay un coste personal muy fuerte. Yo estoy segura de que si yo no hubiera tenido la familia que he tenido en todos los sentidos: primero mi madre y luego mi hermana en esa infancia y juventud, luego mi marido, dar con una persona buena, que te respete, que te admire, que te ayude, que cuando caes diga: "no para adelante", que te dicen: "que tienes tres niños también son míos, aquí estoy yo y te guardo las espaldas el tiempo que sea necesario"... Eso lo tienes que tener, ¿y si no lo tienes? ¿cómo persigues tus sueños y los consigues si te falla el entorno? Quiero decir, he tenido mucha suerte de haber nacido donde he nacido, en la familia que ha nacido, de los compañeros de viaje y de un marido maravilloso, de unos hijos que me decían: "mamá, muy bien", en vez de decir: "mamá, es que no has venido a verme al colegio en el evento de final de curso" porque estaba a lo mejor en Bruselas. Pues eso es clave, y a pesar de todo ha habido coste.

¿Cree que ese coste es uno de los mayores obstáculos a la hora de acceder a puestos de gestión por parte de las mujeres? 

Pues sí, y eso que los costes se ven a posteriori, cuando los estás viviendo no eres consciente de lo que te está costando. Eso lo ves luego con retrovisor. Yo lo que creo es que esos muros de cristal, esos obstáculos que nos va poniendo la vida, están ahí. A mí me preocupa mucho la edad de una mujer luchadora con capacidad de liderazgo, porque ¿Quién te da el título de líder? Los que están tu alrededor . Hay una edad crítica para la mujer entre los 25 y los 40. Esos años son críticos que se les ayude de forma social, sanitaria, laboral en todo el entorno, a perseguir sus sueños, a decir: "sí puedo y voy a tener ayuda alrededor". Eso es muy poliédrico, tiene muchas variables y quizá no las tengas que tener todas, pero las suficientes para poderlo hacer. Yo pediría tener un observatorio de líderes sanitarios, porque en algunas generaciones hay carencia de líderes en sanidad. Y dentro de líderes sanitarios, un apartado específico de líderes femeninos, porque lo que no podemos hacer es apartarnos de los demás. Si nos queremos integrar, la integración es de ida y vuelta.

"Yo haría un observatorio de líderes sanitarios con un apartado específico de líderes femeninos. La integración es de ida y vuelta".


Entonces, un observatorio de líderes para apoyar y para hacer seguimiento a estrellas fulgurantes que están llegando y que a veces entre los 25 y los 40, por estar sola, porque te has separado, porque tienes tres niños pequeños y tu marido trabaja en el extranjero, porque no tienes unos padres que te pueden aunque sea recoger los niños en el colegio o si se ponen malos... Ese estilo de cosas, que es un poco cuando la mujer también tiene su vida personal y su vida familiar y tiene derecho si ella quiere a montar una familia desde su libertad, pero que eso no la lastre o no sea incompatible con un ascenso, un liderazgo. Y necesitas ayuda para hacerlo compatible con un liderazgo profesional.

Sabemos que es difícil, pero: ¿qué momento guardaría para siempre en el baúl de los recuerdos? 

No quiero quitarle ni un ápice a toda mi vida profesional, fundamentalmente en el Consejo General de Farmacéuticos de España. Ha sido toda mi vida. Quizá el principio y el fin: cuando accedí a la Vocalía Nacional, que era una pipiola ahí y no me conocía nadie y como todo fue fluyendo. Y luego, cuando me presenté en Bangkok y yo decía: "bueno, me voy". Ese momento en el que les pude dar el speech de cuál era mi programa y luego el aplauso sobre la oscuridad y ver cómo se levantaron y aplaudieron. Son de esos momentos mágicos,más en el plano emocional, porque luego en el día a día, en ese baúl de los recuerdos tengo otros recuerdos preciosos de mi etapa en España y en Europa. La verdad es que soy una afortunada porque tengo bastantes recuerdos que guardar para bien, guardarlos con papel de seda en el baúl de los recuerdos, sobre todo de mi corazón. 

Y si escribieran un libro sobre su vida, ¿qué título le pondría?

Volvería de nuevo a mi infancia y adolescencia, que es la clave de todo ser humano, y a esa madre que ya no tengo físicamente pero que la tengo en el corazón. Le diría: "mamá, valió la pena". 

Y ya para terminar, ¿qué consejo le daría a la Carmen, que se acaba de graduar en Farmacia? 

Ay, pobrecita, lo que tiene por delante. Pues le diría que si le dicen que no, no lo dé por sentado. Que si le dicen que no merece la pena, que siga insistiendo y que convierta los noes en síes.

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