Para Cristina Fernández, una bilbaína de 23 años que actualmente
cursa segundo de Medicina en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), la palabra "imposible" no existe en el diccionario. Su historia es un testimonio de resiliencia, responsabilidad y vocación que la llevó a
desafiar los límites del sistema de acceso universitario hasta conseguir su meta.
Desde los 12 años, Cristina supo que su futuro estaba ligado a la salud. Aunque en su entorno familiar no hay antecedentes médicos, su insaciable curiosidad y
su amor por la biología y la anatomía la empujaron hacia esta disciplina. "Soy una persona que se pregunta mucho ¿y por qué?", "Así me empecé a enamorar del tema de la biología", explica la estudiante. Sin embargo, el camino no fue de rosas.
La parte diganóstica de Medicina, definitoria
Al terminar el bachillerato, la nota media no le alcanzaba para acceder a la carrera. Lejos de rendirse,
encadenó un Grado Superior en Radioterapia y Dosimetría con hasta tres intentos en la selectividad para
arañar las décimas necesarias. En el proceso, llegó a matricularse en Enfermería, una experiencia que, lejos de desviarla, reafirmó su camino. "El año de Enfermería me sirvió mucho para darme cuenta de que me faltaba algo".
"En mi entorno se me decía muchísimo en plan, ojo, pues igual estos son señales para que hagas Enfermería, que estás tú enfrascada, aunque quieras hacer Medicina, pero igual se te va a dar mejor lo otro". Sin embargo, para ella,
cursar ese año le sirvió como un mecanismo definitivo de descarte para convencerse de que su verdadera vocación era la facultativa. "El tema es que
en Enfermería no está esa parte diagnóstica que tiene Medicina, y entonces fue definitivo".
Independencia y palomitas
Además de su firmeza académica, el perfil de Cristina destaca por su madurez y responsabilidad. Cuenta a este medio que
su única opción viable era la universidad pública en su tierra, ya que"“en casa no existía la opción de ir a una privada o salir del País Vasco". Para aliviar la carga económica familiar y conquistar su propia autonomía, decidió buscar un empleo.
Durante el primer año de carrera
compaginó las materias médicas con su puesto de técnica de radioterapia en un hospital, pero la incompatibilidad de horarios la obligó a buscar una alternativa que se adaptara mejor a sus clases. Actualmente,
trabaja a media jornada en una conocida cadena de cines, donde se encarga de tareas que van desde preparar palomitas hasta cocinar en las instalaciones o atender la tienda de dulces. Todo ello con el objetico de "ser un poco independiente económicamente. Y si en casa necesito aportar lo que sea, pues aporto".
Horizonte en la Oncología
Aunque reconoce que la estructura de
su plan de estudios no le permitirá profundizar en las especialidades médicas hasta el cuarto curso, su experiencia previa en los hospitales ya ha dejado una huella profunda en sus aspiraciones de futuro.
Tanto su etapa laboral como técnica de radioterapia como sus
prácticas universitarias de Enfermería, que por azar del destino se desarrollaron en una planta oncológica, la han orientado hacia una rama muy concreta. "Me gusta un montón la Oncología y creo que es bastante probable que termine como oncóloga porque me gusta mucho, mucho ese sector", concluye con ilusión.
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