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"Las facultades de Medicina no pueden vivir de las aportaciones privadas"

Los estudiantes de Medicina validan esta alternativa solo "si no se compromete la autonomía de las instituciones"

Carmen Gallardo; Manuel Castells; y Antonio Pujol de Castro.

16 sep 2020. 19.30H
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El ministro de Universidades, Manuel Castells, quiere extrapolar el modelo Berkeley a los campus universitarios españoles, es decir financiar los presupuestos de las universidades mediante el apoyo de empresas privadas, siempre que no se comprometa la autonomía de las mismas. Una propuesta que, de momento, despierta más dudas que certezas entre los estudiantes de Medicina y los propios decanos.

En declaraciones a Redacción Médica, Carmen Gallardo, decana de la Universidad Rey Juan Carlos y vicepresidenta de la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina, explica que este tema concreto “no está encima de la mesa de los decanos de Medicina para su discusión, en estos momentos”, pero bajo su opinión personal “la universidad debe financiarse mediante sus propios medios y los presupuestos que fija el Estado y las CCAA”.

Gallardo recuerda que la empresa privada, sobre todo la industria farmacéutica, “ha financiado muchos proyectos en el pasado, pero eso ya ha cambiado. Las facultades de Medicina no pueden vivir de lo que entreguen las empresas privadas. Otro debate sería que mediante concursos públicos determinadas empresas concurrieran por financiar determinados proyectos o premios. Si la universidad se acostumbra a vivir de entidades privadas, estaríamos perdiendo autonomía". 

Asegurar la independencia académica


En esta línea, Antonio Pujol de Castro, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), también se muestra escéptico ante la financiación desinteresada de las empresas privadas. Según confiesa Pujol de Castro a Redacción Médica, para que este sistema de financiación externa sea válido, “no debe comprometer la autonomía de las instituciones académicas".

“Raramente las empresas hacen una inversión tan grande de forma desinteresada. Uno de los grandes temores que podemos tener los estudiantes es que se llegue a poner en duda la calidad de nuestro grado. Si una industria se asocia a la imagen de nuestra universidad, poco a poco irá teniendo una mayor influencia en su funcionamiento interno. Esta situación es especialmente grave si ponemos como ejemplo industrias que tienen un gran interés en acceder a la formación de ciertos grados”, afirma el representante de los estudiantes de Medicina.

Precisamente, para el presidente del CEEM “sería inadmisible que un grado de Ciencias de la Salud, y en especial Medicina, se viese asociado al nombre de una industria farmacéutica. Para la industria sería muy atractivo tener acceso a los futuros prescriptores desde el principio de su formación. ¿Y qué pasaría si el 90 por ciento de la financiación de la universidad depende de la industria? La Universidad estaría vendida ante las apetencias de la empresa”.

“Otra cosa distinta sería que la industria facilite becas o ayudas para el estudiantado, para que puedan seguir accediendo a un sistema universitario que, de momento, no es equitativo, ya que el coste de la matrícula supone una barrera insalvable para algunas familias. Si seguimos con el planteamiento del ministro, la Universidad se va a enfrentar al reto de financiarse por empresas privadas manteniendo su autonomía científica”, concluye Antonio Pujol de Castro.

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