Una duda sobre salud puede llevar a hacer
una búsqueda rápida en Google acerca de la misma. Entre las opciones también está la de consultar vídeos en redes sociales, algo que puede ser peligroso si la persona que los realiza y difunde no es un sanitario. Entonces, ¿cómo podemos protegernos de los
bulos de salud?
Pedro Soriano, enfermero de profesión y director del máster de Salud Digital de la Universidad Europea, explica cuáles son los pasos para desmontarlos. “Hay que generar pensamiento crítico, que es una frase muy bien hecha pero aplicarla puede ser difícil”, admite el enfermero.
Explica que lo primero que hay que hacer cuando llega un contenido de este calibre a nuestras pantallas es
pararse antes de compartirlo y preguntarse quién es el autor y qué evidencia tiene. “Si lo que estás leyendo te provoca
una emoción fuerte (miedo, rabia, esperanza) seguramente esta información esté sesgada por lo que tienes que pararte a pensar fríamente si es útil”, comenta Soriano. También es fundamental identificar la fuente y contrastarla:
“Que lo diga una persona que tiene muchos seguidores no significa que tenga un reconocimiento o una evidencia científica detrás. Hoy en día se hacen virales cosas que muchas veces no tienen sentido, el sello de calidad es tu profesional sanitario”, puntualiza.
La importancia de no atacar a la persona que ha enviado bulos
Es habitual recibir por parte de familiares alguna publicación de
redes sociales de esta índole, sin contrastar y con datos de salud que pueden ser falsos. En estos casos,
Soriano incide en que lo importante es no atacar a la persona que los envía: “Si un familiar o un amigo te comparte un bulo y te parece una barbaridad, no lo ridiculices, no le ataques, porque cuando tú atacas a una persona y lo pones a la defensiva, va a afectar a su parte más vulnerable como persona”, sostiene Soriano.
Muchas veces, es más efectivo no confrontar a la gente, ya que es difícil que cambien de opinión y más en el ámbito de las redes sociales, en el que a menudo se genera “mucho ruido”, según advierte el experto.
Algo a tener en cuenta es que
hay personas que leen información de salud que son vulnerables: “Gente a la que le acaban de dar un diagnóstico, una mala noticia o alguna situación compleja, que lee algo que en ese momento es esperanzador, pero que
a lo mejor es un bulo o hay detrás dinero”, señala el director del máster de la
Europea. Todo esto sumado a que la información en internet sigue publicada aunque sea de hace un tiempo, y muchas veces no se presta atención a la fecha de publicación o a quién lo escribe. “También es verdad que la publicidad está presente en todos los sitios: en medios de comunicación, en nuestros teléfonos, en cualquier página web. Entonces,
si nos paráramos a ver la información fríamente seguramente mucha gente no compartiría este tipo de cosas”, opina.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.