La
Inteligencia Artificial ya forma parte del día a día de los futuros médicos. Todos los
estudiantes de Medicina encuestados en un nuevo estudio conocían ChatGPT y más de tres de cada cuatro reconocían utilizar herramientas de IA de manera habitual. Sin embargo, la predisposición a aceptar esta tecnología no depende únicamente de la curiosidad o del nivel de conocimientos tecnológicos. También influye un factor mucho más tradicional:
el nivel educativo de la familia.
Esa es una de las principales conclusiones de una investigación publicada en
BMC Medical Education, que analizó las actitudes hacia la Inteligencia Artificial de 198 estudiantes de último curso de Medicina de la Universidad de Pamukkale, en Turquía. El trabajo concluye que los alumnos muestran, en general,
una visión positiva de la IA, pero identifica varios factores que explican por qué algunos la abrazan con más entusiasmo que otros. Entre ellos destaca el nivel educativo del padre, que apareció como uno de los predictores independientes de una actitud más favorable hacia estas herramientas.
El peso de la 'herencia' familiar
Los investigadores hablan de una posible influencia del llamado "capital cultural". Es decir, crecer en un entorno familiar con
mayor nivel educativo podría facilitar una mayor exposición a las nuevas tecnologías, favorecer el desarrollo de competencias digitales y hacer que los estudiantes perciban antes el potencial de la IA para su
futura práctica clínica. Eso sí, los propios autores subrayan que el estudio no demuestra una relación causal y que estos resultados deben interpretarse con cautela.
La investigación revela además que el interés por la tecnología pesa incluso más que el conocimiento teórico sobre IA. Los estudiantes que afirmaban sentirse atraídos por las
innovaciones tecnológicas obtenían puntuaciones significativamente más altas en la escala de actitudes positivas hacia la Inteligencia Artificial. También influían aspectos más subjetivos, como considerar que los avances en IA son beneficiosos o creer que esta tecnología tiene un
impacto emocional en las personas.
ChatGPT, una herramienta ya normalizada
El retrato de estos futuros médicos muestra una generación ya familiarizada con estas herramientas. El 74,2 por ciento afirmaba tener conocimientos generales sobre Inteligencia Artificial y
el 76,3 por ciento decía utilizarla en su vida cotidiana. El principal uso no era el ocio, sino el académico: casi el 77 por ciento recurría a la IA para realizar trabajos o investigar, mientras que un 61,6 por ciento la empleaba para buscar información. Además, todos los participantes
conocían ChatGPT, muy por delante de otras aplicaciones como MidJourney,
Copilot o Google Bard.
Aun así, la aceptación no es absoluta. Aunque el 63,1 por ciento considera positivos los avances en IA y cerca del 70 por ciento cree que esta tecnología ya está
transformando el trabajo y la vida cotidiana, persisten dudas relacionadas con su impacto futuro. Precisamente por eso, los autores sostienen que la formación médica no debería limitarse a enseñar cómo funcionan los algoritmos, sino también abordar
cuestiones éticas, profesionales y emocionales vinculadas a su utilización.
De hecho, el análisis estadístico ofrece una conclusión llamativa. El simple hecho de conocer la Inteligencia Artificial o utilizarla con frecuencia dejó de ser
un factor determinante cuando se tuvieron en cuenta otras variables. Lo que realmente explicaba las diferencias entre estudiantes eran sus percepciones sobre la tecnología, su interés por ella y determinados factores personales y familiares. En otras palabras, no basta con usar IA: la actitud hacia ella parece construirse
a partir de experiencias, creencias y del contexto en el que cada estudiante ha crecido.
La universidad, llamada a reducir la brecha
Los investigadores consideran que estas diferencias pueden reducirse mediante cambios en la formación universitaria. Entre sus propuestas figura incorporar desde los primeros cursos asignaturas sobre
alfabetización en Inteligencia Artificial, casos clínicos donde los estudiantes trabajen con sistemas de apoyo al diagnóstico y espacios de debate sobre privacidad, sesgos algorítmicos, responsabilidad médica o la
relación entre médico y paciente en una era dominada por la IA.
El objetivo, explican, no es convertir a los estudiantes en
expertos en programación, sino garantizar que todos, independientemente de su origen familiar o de su experiencia previa con la tecnología, desarrollen una
visión crítica y equilibrada de una herramienta que ya está transformando la Medicina. Porque, según apunta este estudio, la aceptación de la Inteligencia Artificial empieza mucho antes de entrar en una consulta.
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