Las mujeres que se dedican a la enseñanza
en la rama de Ciencias de la Salud en las universidades públicas españolas cobran, de media,
un 18 por ciento menos que los hombres que desempeñan esa misma labor. Una
brecha salarial de género que, en este mismo ámbito, se incrementa hasta el 27,4 por ciento en el caso de los complementos salariales.
Así lo recoge el posicionamiento elaborado por el
Grupo de Trabajo de Género, Diversidad Afectivo Sexual y Salud de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), con motivo del
Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11 de febrero).
Los expertos advierten de que a pesar de las
políticas y medidas implantadas en los últimos años, la situación de la mujer en la ciencia ha mejorado escasamente en el último lustro. En el documento señalan que las mujeres
están infrarrepresentadas en la generación de conocimiento científico,
en el liderazgo académico y en el desarrollo tecnológico, lo que afecta directamente a la calidad de la evidencia científica y amenaza la salud pública. Además, siguen sufriendo sesgos en los procesos de selección y contratación, así como una marcada brecha salarial.
Desigualdades que comienzan en la adolescencia
De acuerdo con la SEE y Sespas, las
desigualdades de género en ciencia
se construyen de forma progresiva, comenzando en la adolescencia. En esa etapa, los estereotipos y la
falta de referentes femeninos influyen negativamente en las expectativas y trayectorias formativas de niñas y jóvenes, especialmente en las llamadas disciplinas STEM:
ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.
Y es que, aunque las mujeres representan una mayoría en algunos ámbitos como las ciencias de la salud -son el 68 por ciento de los profesionales sanitarios colegiados en España-, persisten notables
desigualdades en el acceso a puestos de responsabilidad. Por ejemplo, en el caso de las solicitudes y
evaluaciones positivas para la acreditación a cátedras universitarias en esta rama, la representación femenina es tan solo del 35 por ciento. Además, se observa una
segregación vertical en órganos de decisión clave, como el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (Cisns): si bien la participación femenina en este órgano ha aumentado del 42 por ciento en 2005 al 61 por ciento en 2022, esta representación disminuye significativamente
en los niveles jerárquicos más altos.
A todo ello se suma la penalización
asociada a la maternidad y a los cuidados. Los modelos de promoción académica y científica favorecen las trayectorias masculinas lineales. En el contexto universitario, la maternidad limita la participación en
estancias postdoctorales y redes internacionales, y exacerba la brecha salarial. Una realidad que, advierten los expertos, "contribuye al abandono de investigadoras altamente cualificadas y a una pérdida de talento que
empobrece el sistema científico en su conjunto".
La IA y sus sesgos
En su posicionamiento, SEE y Sespas también advierten sobre un riesgo emergente que contribuye a
aumentar las desigualdades: la aplicación de la inteligencia artificial en salud sin perspectiva de género. Los expertos recuerdan que
la IA "no es una tecnología neutral", y que puede reproducir y amplificar los
sesgos existentes en los datos y en los equipos que la desarrollan.
La baja presencia de mujeres en el ámbito de la
formación online para IA y Big Data (apenas alcanzan el 30 por ciento), así como la escasa diversidad en los equipos de diseño de algoritmos, incrementan el riesgo de generar
herramientas que infraidentifiquen necesidades de salud, prioricen de forma desigual los recursos o perpetúen desigualdades ya existentes.
En un contexto en el que la IA se utiliza cada vez más
para el diagnóstico,
la gestión sanitaria y la investigación epidemiológica, advierten de que la ausencia de una
gobernanza ética y de estándares de equidad puede tener consecuencias graves para la salud de las mujeres y de otros grupos infrarrepresentados.
En este sentido, proponen una respuesta estructural y coordinada en la que se incluyan medidas como la implementación obligatoria de la coeducación y la
visibilización de referentes femeninos en ciencia y salud pública, o la revisión de los criterios de evaluación y promoción profesional, para eliminar sesgos y penalizaciones asociadas a los cuidados. Asimismo, insisten en la necesidad de incorporar sistemáticamente la
perspectiva de género en la investigación y en el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial en salud, y de crear estándares y mecanismos de certificación que evalúen los
sesgos en proyectos científicos y tecnológicos.
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