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El miedo de los estudiantes de Medicina a volverse "más tontos"

Las transformaciones sociales y tecnológicas generan opiniones contrapuestas entre los futuros facultativos

La facultad de Medicina de la UCM en Madrid.


11 ene 2026. 13.30H
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Las nuevas generaciones de médicos se enfrentan a retos inéditos durante su etapa formativa. En las facultades, que por supuesto no son impermeables a las transformaciones sociales y tecnológicas, sobrevuela la duda: ¿de qué manera afectan estos cambios a su aprendizaje? No todos son optimistas ante este escenario. 

En efecto, el uso de herramientas como la inteligencia artificial como apoyo para el estudio genera opiniones contrapuestas entre los estudiantes de Medicina, que, si bien consideran que esta aumenta la “eficiencia, accesibilidad y personalización” de su formación, puede terminar provocando una “dependencia excesiva” y la consiguiente pérdida de pensamiento crítico. Hay quienes afirman, abiertamente, que a medida que la IA se desarrolla, sus usuarios se vuelven “más tontos”.

“Tenemos que seguir usando el cerebro”, asumen los jóvenes que han participado en un reciente estudio publicado en la revista científica BMC Medical Education y que aborda estas sinergias entre la inteligencia artificial y la humana. Las conclusiones del mismo son claras: el futuro de la educación no pasa por “reemplazar” el método tradicional por la IA, sino en forjar una “colaboración” entre ambos.

Los autores de esta investigación, procedentes de universidades y centros de China, Tailandia y Sudáfrica, convienen en las bondades del uso de la IA como apoyo a la formación sanitaria. Apuntan, en este sentido, a factores como el aumento de confianza y el razonamiento clínico, especialmente en el abordaje de enfermedades complejas o raras; el refuerzo del aprendizaje autónomo (“la inteligencia artificial se convierte en un compañero de estudios”, llegan a afirmar); un acceso ágil y eficiente al conocimiento e incluso la posibilidad de simular casos que amplíen la experiencia de los futuros médicos.

“Utilizo la IA cuando me quedo atascado, como cuando no entiendo el mecanismo de una enfermedad o cómo interactúan los medicamentos -detalla uno de los alumnos consultados-. La IA lo explica de una manera que los libros no pueden”. Otro añade: “A veces le pido a la inteligencia artificial que cree casos simulados o cuestionarios antes de mis rondas; me ayuda a prepararme y a ponerme a prueba”.

A todo ello hay que añadir que la IA permite reducir la carga de los docentes, dado que puede “encargarse de tareas repetitivas”.

Riesgos de la IA en la formación médica


Respecto a los hándicaps de este método de enseñanza, los investigadores apuntan en primer lugar a un riesgo de “dependencia” y de “pérdida de habilidades cognitivas”. Algo de lo que son conscientes los propios estudiantes: “Si la IA es demasiado inteligente, nos podemos volver cada vez más estúpidos”, resume uno de ellos.

La pérdida de “pensamiento crítico y autonomía” y la “sobreconfianza” constituyen otros de los riesgos de la aplicación de inteligencia artificial en la formación, amén de una inevitable ausencia del “componente humano”, dado que la IA “no puede replicar la empatía, el juicio ético ni el conocimiento tácito inherentes a las interacciones entre pacientes y médicos”. Por último, los jóvenes advirtieron de la posibilidad de que la IA incurra en errores, especialmente “si las consultas no se formulan con precisión”.

Por todos estos motivos, “la mayoría de los participantes expresaron cautela respecto a la dependencia excesiva”, concluye el estudio, cuyos autores instan a adoptar modelos educativos híbridos “que combinen el aprendizaje digital mejorado con IA” con la memoria tradicional y la formación clínica, de forma que se garantice “que la eficiencia tecnológica complemente, en lugar de reemplazar”.
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