Sofía Alonso recuerda su tercer curso de Secundaria como una etapa "bastante dura" marcada por el inicio de la
pandemia de Covid-19, que la obligó a cortar el contacto diario con sus amigos y profesores. A raíz de aquello comenzó a relacionarse con un entorno que le repetía que "no valía ni nunca llegaría a nada" y la situación afectó directamente en su
rendimiento académico y en su estado emocional: "Me hundí muchísimo a nivel emocional y académico. Suspendía asignaturas, no tenía motivación y sentía constantemente que no era suficiente", reconoce esta
estudiante de Medicina a
Redacción Médica.
El
punto de inflexión llegó gracias a su profesor de Biología: "Me hizo ver que el problema no era que yo no valiera, sino el entorno en el que estaba y cómo me estaban afectando todos esos comentarios". A partir de ahí, Sofía decidió cortar con aquellas relaciones: "Literalmente no hice un punto y aparte, hice un punto y final con ellas". Un cambio que se tradujo también en sus estudios.
Pasó de suspender asignaturas a terminar Bachillerato con una media de sobresaliente, lo que le permitió
entrar a Medicina. "Al final, más que demostrarle algo a los demás, era demostrarme a mí misma que sí podía conseguirlo", afirma.
Del deseo de estudiar Veterinaria a entrar en Medicina
Sin embargo, su camino hasta Medicina fue una etapa muy complicada ya que a su abuelo le diagnosticaron
cáncer y Sofía le acompañaba sus tratamientos oncológicos, consultas y revisiones. "Era mi apoyo absoluto, la persona con la que más confianza tenía y con la que podía ser completamente yo misma", recuerda. Lamentablemente, pocos meses antes de la
EBAU -antigua PAU-, su abuelo falleció. Unos días antes, ambos mantuvieron una conversación que acabaría marcando su decisión académica. Sofía siempre había querido estudiar Veterinaria, pero él le planteó otra posibilidad:
"¿Por qué no haces Medicina y así te quedas aquí conmigo?". Alonso es hija de un
médico de Familia por lo que siempre se ha sentido cercana al mundo sanitario, le respondió que podía intentarlo, aunque en ese momento su idea seguía siendo Veterinaria.
"Esa fue la última conversación que tuve con él antes de que entrara en coma", relata. Tras su fallecimiento, trató de centrarse en terminar el curso y
preparar la EBAU. "Intenté autoengañarme un poco para poder sobrevivir emocionalmente", explica. "Sabía perfectamente que mi abuelo ya no estaba, pero intentaba convencerme a mí misma de que simplemente estaba sin hablar con él durante un tiempo, porque si realmente asumía todo lo que había pasado
no era capaz de estudiar ni de seguir adelante".
Finalmente, Sofía
obtuvo un 13,287 en la EBAU y
entró en Medicina en su primera opción: la universidad de Cantabria. Sin embargo, el golpe emocional llegó después. Durante el verano atravesó "un cuadro depresivo bastante fuerte". Aun así, decidió comenzar la carrera por dos motivos: "Por la promesa que le había hecho a mi abuelo y porque
mi padre también confiaba muchísimo en que me gustaría esta profesión". Su idea inicial era probar solo un año, pero ese primer curso terminó confirmando que Medicina era su vocación.
El referente que le hizo amar la Embriología
Ya dentro de la universidad, una de las figuras más importantes para Sofía ha sido Juan Antonio Montero,
catedrático de Anatomía y Embriología Humana en la Universidad de Cantabria. "Siempre ha confiado en mí incluso cuando yo no lo hacía", asegura. La estudiante destaca que ha sido un apoyo tanto académico como personal en momentos de ansiedad, estrés o dudas.
De hecho, gracias a él, descubrió su interés por la Embriología. "Me enamoré completamente de la Embriología por la manera en la que la explicaba", señala. También fue clave en su
adaptación a la Anatomía práctica, una asignatura que al principio le resultó emocionalmente difícil. "Yo decía constantemente que no iba a poder hacerlo. Pero él me animó muchísimo, me hizo confiar en mí y acabé siendo
cabecera en Anatomía Humana I, II, III y Neuroanatomía", cuenta. Ser cabecera implica preparar previamente la práctica y explicársela después a los compañeros en sala.
Sofía subraya que gran parte de lo que ha conseguido en la carrera se debe a la confianza que este profesor depositó en ella cuando todavía dudaba de sí misma. Sobre Montero, también destaca su
trayectoria en biología del desarrollo y embriología, así como parte de su formación en el Max Planck Institute de Dresde. Pero lo que más valora no es solo su perfil académico: "Lo que más admiro de él no es solo su nivel académico o investigador, sino la forma en la que trata a las personas".
Una rotación en Neurocirugía
El siguiente paso en su formación será una
rotación extracurricular en Neurocirugía este verano. Su interés por esta especialidad nació durante Neuroanatomía, donde las clases impartidas por neurocirujanos le permitieron acercarse a la parte clínica y quirúrgica del sistema nervioso. "Cuando empezaron a enseñarnos casos clínicos, imágenes quirúrgicas y piezas anatómicas me encantó completamente", explica. Sofía reconoce que siempre le ha atraído la parte manual de la cirugía y que quiere
conocer la especialidad desde dentro: quirófano, consultas y el día a día real de un neurocirujano.
Una especialidad que cataloga como "apasionante" porque combina una parte manual y quirúrgica con un conocimiento profundo del sistema nervioso. También destaca su margen de desarrollo tecnológico, especialmente en microcirugía y cirugía robótica. "Sé que es una especialidad extremadamente exigente y se necesita un número de orden en el MIR
MIR muy alto -la última plaza de Neurocirugía se adjudicó este año con el número de orden 4.822-, pero sinceramente es algo que me ilusiona muchísimo", concluye.
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