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Los 8 requisitos deben cumplir los centros de trasplantes capilares

Los dermatólogos debaten sobre esta técnica en el marco del 47º Congreso Nacional de la AEDV

Cristina Serrano, coordinadora del Grupo Español de Tricología de la AEDV.

06 jun 2019. 18.00H
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El auge del trasplante capilar y de las clínicas low cost están multiplicando el número de procedimientos que persiguen eliminar o diluir la calvicie en una sociedad cada vez más preocupada por la imagen. Sin embargo, los dermatólogos advierten de los riesgos, como infecciones o problemas de la cirugía, que pueden derivarse de una técnica realizada por manos inexpertas, no profesionales o bajo condiciones que no garantizan la seguridad del paciente. 

En el 47 Congreso Nacional de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) que se celebra del 5 al 8 de junio en Barcelona, casi 2.000 dermatólogos se han reunido para conocer los avances en esta especialidad y los retos presentes en la sociedad.

Uno de ellos es la banalización del trasplante capilar, una técnica quirúrgica no exenta de riesgos que debe realizarse por manos expertas en el área de la tricología, que es la subespecialización de la dermatología que se dedica al estudio del pelo, uñas y anejos.

“La sociedad debe de saber que el trasplante capilar no es un acto rutinario, ni está exento de riesgo, ni tiene un éxito cien por cien asegurado. Este procedimiento requiere, en primer lugar, de un diagnóstico del tipo de alopecia. Si el trasplante es posible, es necesaria una planificación, experiencia y conocimiento adecuados, un seguimiento y un tratamiento posterior. Esto deberá realizarse siempre, independientemente de que sea en clínica de bajo o alto coste.  Hasta que no se comprenda esto, los pacientes están en riesgo de sufrir complicaciones (y decepciones) importantes”, señala Cristina Serrano, coordinadora del Grupo Español de Tricología de la AEDV.

Planificación y diagnóstico


Los trasplantes de pelo se llevan realizando en España más de 30 años. Décadas en las que ha ido evolucionando la tecnología, el conocimiento y el resultado estético. Y también el número de personas interesadas en someterse a esta intervención y el de dermatólogos involucrados en este tipo de tratamientos.

Sin embargo, tal y como apunta Sergio Vañó, dermatólogo experto en esta área y miembro del Grupo de Tricología, hay conceptos que todavía no están lo suficientemente claros en la sociedad: “El trasplante de pelo no es un tratamiento curativo, porque si lo fuera el paciente ya no se tendría que preocupar más de su cabello. Y esto no es así. Una vez realizado el trasplante, hay que mantener el pelo que está alrededor de la zona trasplantada con el adecuado tratamiento médico”.

"Una vez realizado el trasplante, hay que mantener el pelo que está alrededor de esa zona con tratamiento médico"

Para explicarlo en números, en todo el cuero cabelludo hay unos 100.000 folículos. De ese total, 50.000 están en la zona superior de la cabeza. Sin embargo, en un trasplante capilar, se implantan en torno a 8 o 9.000 folículos, es decir, el resto hay que cuidarlo con tratamientos médicos para que no desaparezca totalmente y queden sólo los 9.000 folículos trasplantados.

“Por este motivo, también es fundamental distribuir adecuadamente las unidades foliculares en la zona receptora porque si pones muchas en la parte delantera, pasados unos años, cuando la persona pierda algo de pelo (el no trasplantado) va a tener un aspecto muy artificial. El dermatólogo debe pensar a 30 años vista. Por eso hay que hacer trasplantes conservadores. Esto no ocurre en muchas clínicas low cost y, con el paso del tiempo, el paciente se siente muy decepcionado”, afirma Vañó.

La planificación de la intervención es fundamental, al igual que el diagnóstico del paciente. Es necesario conocer el tipo de alopecia del paciente, porque no todas son candidatas a trasplante. Para ello es fundamental recurrir a algunas técnicas de diagnóstico no invasivo, como la tricoscopía digital.

“Recibimos personas que se han hecho un trasplante con un diagnóstico erróneo. Lo más frecuente es que haya sido sometido a un trasplante creyendo que su alopecia es androgénica (la conocida como calvicie común) cuando en realidad se trata de una alopecia fibrosante o alopecia liquen plano pilar. En estos casos, el pelo trasplantado se perdería en un porcentaje elevado, con síntomas y signos presentes como picor e inflamación local. El resultado es un fracaso, habiendo gastado tiempo, dinero y sufrimiento para nada”, señala Serrano.

Establecer en una valoración inicial el tipo de alopecia, el estado de salud general del paciente e identificar que existe una buena ratio de zona donante y zona receptora son requisitos fundamentales antes de realizar un trasplante. “Esto no es un milagro. La valoración médica es fundamental para no llevar a engaños”, insiste Eduardo López-Bran, dermatólogo de la AEDV.


Requisitos mínimos


Este especialista hace hincapié en la importancia de trasmitir que el trasplante capilar se trata de un acto médico-quirúrgico, que debe realizarse en un entorno seguro y por profesionales adecuados. “Claro que se puede abaratar el coste, pero bajo condiciones no seguras. Los centros deberían asegurar que el trasplante se va a llevar a cabo con la presencia de un anestesista de principio a fin, con tecnología robótica más avanzada, realizada por un dermatólogo, en el quirófano, con un equipo experimentado y con un adecuado seguimiento posterior”, enumera López-Bran, que es ponente de una de las sesiones del congreso dedicadas al trasplante capilar.

"Un asesoramiento adecuado por parte de un dermatólogo en ese periodo es fundamental para la tranquilidad del paciente"

Aunque las unidades capilares permanecen vivas para siempre, una vez implantadas, es normal que el pelo se pierda y vuelva a nacer a los tres o cuatro meses en los hombres, y a los cinco o seis meses en las mujeres. Para paliar esa caída inicial, los dermatólogos utilizan tratamientos médicos para evitar esa pérdida en el periodo de latencia. El resultado definitivo se obtiene entre los 12 y 18 meses después de la intervención.

“Un asesoramiento adecuado por parte de un dermatólogo en ese periodo es fundamental para la tranquilidad del paciente, para evitar complicaciones o poder detectarlas a tiempo y para lograr el mejor resultado posible. Es lo que no ofrecen las clínicas low cost fuera de España y otras que sí están aquí, por eso nos llegan muchos pacientes con miedos o problemas reales, porque no saben qué les pasa. Ese seguimiento que nosotros sí ofrecemos está incluido en el coste del tratamiento”, insiste López-Bran.

Cuidados médicos


Además de asegurar la tranquilidad del paciente o evitar complicaciones, desde el Grupo de Tricología de la AEDV se quiere insistir en que el pelo no trasplantado también hay que cuidarlo para evitar su caída y para ello es fundamental el tratamiento médico.

A diferencia de las zonas donantes, que en las mujeres está en la nuca y en los hombres va de la nuca a la zona temporal (forma de herradura), los pelos del resto de la cabeza tienen receptores hormonales y su vida depende del nivel de ciertas hormonas.

Con el paso del tiempo, el cuerpo humano sufre cambios hormonales que afectan al cabello, y por eso se cae, pero eso no le ocurre al pelo de la nuca ni al trasplantado -que proviene de ahí- ya que esas unidades foliculares no tienen receptores hormonales. Por eso se dice que el pelo trasplantado es para toda la vida.

Sin embargo, las zonas donantes, que responden bien al paso del tiempo, no tienen capacidad para repoblar toda la cabeza. Por este motivo, los dermatólogos saben que hay que cuidar, de la mejor forma posible, el pelo que sí tiende a caerse. Cada vez se conocen terapias y dosis más eficaces para establecer un tratamiento médico con buenos resultados, mediante lociones, pastillas o inyecciones, y que será complementario al trasplante en un 99 por ciento de los casos.

“El pelo hay que mantenerlo y eso se logra cada vez mejor con tratamientos a base de minoxidil, antiandrógenos o plasma rico en plaquetas. Al igual que nosotros pensamos en una cirugía para 30 años, los pacientes también deberían pensar en unos cuidados a largo plazo”, concluye Vañó.

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