Elena Costa siempre ha sido una estudiante de expediente brillante. Entró a Medicina porque
le encantaba la Psiquiatría, pero con el paso del tiempo terminó desencantándose. Tras hacer un
examen MIR casi perfecto, decidió
formarse en Dermatología, sin embargo, durante los primeros meses de residencia, esa pasión por la salud mental regresó. Sin intención de abandonar su plaza ni
repetir la prueba y cambiar su futuro, optó por un camino atípico entre los futuros especialistas: compaginar el MIR con una carrera universitaria, en este caso, la de Psicología.
Antes de elegir Dermatología, dudó entre varias opciones. Había obtenido el
número de orden 71 y tenía un amplio abanico de posibilidades por delante. "También me gustaba Ginecología y Cirugía Cardiovascular", apunta a
Redacción Médica, aunque terminó decantándose por la formación como dermatóloga.
Cuando terminó la carrera, sentía que estaba preparada para "salvar vidas" y, con la mayor de las ganas, comenzó su formación en el MIR. Aunque empezó en una
consulta de psoriasis, su pasión por la Psiquiatría regresó y no pudo desprenderse de ella. "Sentía que era como volver a mis raíces en la Medicina". No tenía intención de abandonar la Dermatología, así que buscó una opción que consideraba más viable:
matricularse en la carrera de Psicología.
Formarse en Dermatología y cursar Psicología a la vez
Si ya de por sí la residencia es dura, si se le añade un grado universitario la dificultad aumenta considerablemente. Sin embargo, Costa no recuerda este periodo como un 'infierno'. De hecho, consideraba la Psicología como un proyecto personal y, en vez de utilizar su tiempo libre de la residencia en ocio, lo invertía en su formación universitaria. Eso sí, ha dejado claro que compaginar ambas formaciones no le hizo estudiar menos Dermatología. "
Volvería a repetir esta decisión una y mil veces", ha subrayado.
Aunque una de sus pasiones siempre había sido la Psiquiatría, dentro de la Dermatología todavía no había encontrado su vocación, hasta que descubrió la atención a los
pacientes con úlceras. Desde entonces, Costa ha centrado su carrera en este ámbito, y la Psicología ha sido clave para mejorar su relación con ellos.
Priorizar al paciente antes que a su enfermedad
"No elegí Dermatología por las heridas. No tenía ese contacto con las úlceras. Pero las pasiones son las que eligen a uno, y no al revés. Cuando en la residencia empecé a tratar a estas personas,
fue esa relación de confianza y cariño la que me hizo decantarme por ello", ha subrayado. Y ese tipo de vínculo con el paciente, sin ninguna duda, lo atribuye a su formación como psicóloga. "Me ayudó a entender que es
más importante la persona que la patología", se ha sincerado a este periódico.
Para compaginar ambas disciplinas, uno de los objetivos que tenía en mente era dedicarse a la
psicodermatología, ya que hay patologías dermatológicas que vienen desencadenadas por aspectos relacionados con la salud mental, como la depresión y la ansiedad.
No obstante, siguió su camino dentro del mundo de las úlceras, donde utiliza la Psicología para
empatizar y entender el sufrimiento de las personas, evitando que las consultas se queden en lo
puramente técnico. Por ejemplo, considera que no solo hay que recomendar a los pacientes que cambien su estilo de vida, sino que hay que aplicar la Psicología para ayudarles a lograrlo.
"El confort que se le da a las personas en consulta viene del trato con la persona a través de la conversación. Cuando a un paciente se le cierra una herida, no solo te agradece que le hayas curado,
sino la humanidad, el cariño y el acto de escucha", ha concluido.
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