Opinión de José Soto Bonel, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa)
40 años de la Ley General de Sanidad: de la construcción del sistema a su transformación necesaria
Este mes se cumplen 40 años de la aprobación de la
Ley General de Sanidad (LGS), una norma que marcó un antes y un después en la historia reciente de nuestro país. No se trata únicamente de una efeméride jurídica o institucional: hablamos de la piedra angular sobre la que se construyó el actual
Sistema Nacional de Salud (SNS), un modelo que ha demostrado, a lo largo de estas cuatro décadas, su fortaleza, su capacidad de adaptación y, también, sus límites ante los nuevos retos.
La LGS nació en un contexto de profunda transformación social, política y económica. España avanzaba en la
consolidación de su democracia y afrontaba la necesidad de garantizar derechos fundamentales en condiciones de equidad. La sanidad no podía quedar al margen. Hasta ese momento, el acceso a la atención sanitaria estaba fragmentado, vinculado en gran medida a la afiliación a la Seguridad Social y con importantes desigualdades territoriales y sociales.
La Ley General de Sanidad supuso, en este sentido, un cambio de paradigma. Introdujo un modelo basado en la
universalidad, la equidad y la financiación pública, sentando las bases de un sistema que priorizaba el acceso de todos los ciudadanos a la atención sanitaria en condiciones de igualdad. Además, impulsó la descentralización progresiva de las competencias sanitarias hacia las comunidades autónomas, configurando un modelo de gobernanza complejo, pero también cercano al territorio y a las necesidades reales de la población.
No es exagerado afirmar que la LGS permitió construir uno de los sistemas sanitarios más valorados del mundo, capaz de ofrecer
resultados en salud comparables a los de los países más avanzados, con un nivel de eficiencia notable. Sin embargo, este éxito no fue fruto exclusivo del marco normativo. Fue, sobre todo, consecuencia del compromiso de miles de profesionales sanitarios y, de manera muy especial, del trabajo silencioso pero decisivo de los
Directivos y Directivas de la Salud.
En aquel momento, la
Gestión Sanitaria comenzaba a configurarse como una disciplina clave. La complejidad creciente del sistema exigía algo más que buena voluntad: requería planificación, organización, liderazgo y toma de decisiones basada en datos y en resultados. La LGS abrió la puerta a una nueva forma de entender la sanidad, en la que la Gestión dejaba de ser un elemento accesorio para convertirse en un pilar estratégico.
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"La sanidad del futuro no se construirá desde compartimentos estancos, sino desde la cooperación y la corresponsabilidad"
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Cuatro décadas después, el contexto ha cambiado de forma radical. Nos enfrentamos a un
envejecimiento progresivo de la población, a un aumento de la
cronicidad, a la irrupción de tecnologías disruptivas, a una ciudadanía más informada y exigente, y a tensiones crecientes en la sostenibilidad financiera del sistema. A ello se suman desafíos recientes que han puesto a prueba la resiliencia del SNS, evidenciando tanto sus fortalezas como sus áreas de mejora.
En este escenario, la pregunta no es si la Ley General de Sanidad sigue siendo válida, sino cómo debemos evolucionar a partir de sus principios fundacionales. La universalidad, la equidad, la
participación activa de pacientes y usuarios y la cohesión territorial siguen siendo irrenunciables. Pero el modelo necesita avanzar hacia una nueva etapa que incorpore de manera decidida la innovación, la digitalización, la medición de resultados en salud y la
orientación al valor.
Aquí, nuevamente, el papel de los Directivos y Directivas de la Salud resulta determinante. Si en los años 80 su función fue clave para desplegar y consolidar el sistema, hoy lo es para transformarlo. La Gestión Sanitaria ha evolucionado desde un enfoque principalmente organizativo hacia una visión estratégica, orientada a resultados, basada en el valor y centrada en el paciente. En este sentido, la
profesionalización de la función directiva se revela como uno de los grandes retos pendientes, pero también como una de las mayores oportunidades. No podemos abordar los desafíos actuales con estructuras y modelos de gestión del pasado. Es imprescindible garantizar que quienes lideran nuestras organizaciones sanitarias cuenten con la formación, las competencias y la estabilidad necesarias para tomar decisiones complejas en entornos de alta incertidumbre.
La profesionalización no es una cuestión corporativa, sino un elemento clave para la sostenibilidad y la calidad del sistema. Significa apostar por criterios objetivos en la selección, evaluación y desarrollo de los Directivos y Directivas de la Salud. Significa reconocer la gestión como una disciplina con identidad propia, que combina conocimiento técnico,
capacidad de liderazgo y compromiso con el interés general.
Desde SEDISA llevamos años trabajando en esta línea, impulsando iniciativas como el
Desarrollo Profesional Continuado del Directivo (DPC), con el objetivo de avanzar hacia un modelo de certificación integral que garantice la excelencia en la Gestión Sanitaria. Creemos firmemente que un Sistema Sanitario fuerte necesita una dirección fuerte, profesionalizada y orientada a resultados en salud.
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"La pregunta no es si la Ley General de Sanidad sigue siendo válida, sino cómo debemos evolucionar a partir de sus principios fundacionales"
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Pero la transformación del sistema no puede recaer únicamente en sus directivos. Requiere una visión compartida, una
gobernanza colaborativa y un compromiso firme por parte de todos los agentes implicados: administraciones, profesionales sanitarios, pacientes, industria y sociedad en su conjunto. La sanidad del futuro no se construirá desde compartimentos estancos, sino desde la cooperación y la corresponsabilidad.
A los 40 años de la Ley General de Sanidad, tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de abrir un nuevo tiempo.
No se trata de sustituir el modelo, sino de evolucionarlo, de adaptarlo a las nuevas realidades sin perder su esencia. La clave estará en mantener los principios que nos han traído hasta aquí y, al mismo tiempo, incorporar las herramientas y los enfoques que nos permitan responder a los retos del presente y del futuro.
La historia de la sanidad en España es, en gran medida, una historia de éxito. Pero no podemos conformarnos con lo conseguido. La mejor manera de
honrar el legado de la LGS es seguir transformando el sistema para que continúe siendo un referente de equidad, calidad y sostenibilidad.
Y, en ese camino, los Directivos y Directivas de la Salud seguiremos siendo, como lo fuimos entonces, agentes clave del cambio. Porque gestionar bien la sanidad no es solo una cuestión técnica: es, sobre todo, una
responsabilidad con la sociedad.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.