El médico agredido en el centro de salud Los Castros de Santander en mayo de 2022 ha relatado este martes en el juicio las secuelas que padece a raíz de aquel episodio, en el que
perdió gran parte de la visión del ojo derecho, tuvo una operación para reconstruirse la nariz y elevar una ceja y psicológicamente sufre un estrés postraumático "bastante potente" por el que cambió de lugar de trabajo, se redujo media jornada y
toma "mogollón de medicación psiquiátrica".
"Pese a toda la medicación que tomo y a las terapias a las que me sigo sometiendo,
no soy capaz de dormir más de cuatro horas. Todos los días me despierto a las cuatro o cinco de la mañana empapado en sudor, con un dolor torácico que es ansioso", ha afirmado, al tiempo que ha asegurado que "no es capaz" ni de acercase al centro de salud donde sufrió el ataque y que
ha tenido que ser atendido en algunas ocasiones mientras trabajaba simplemente por escuchar que alguien eleva el tono de voz en otra consulta. Por su parte, el acusado de agredirle a él y a un celador -
quien sufrió un golpe en la cara y una ruptura del bíceps en el forcejeo- ha asegurado que únicamente dio "un cabezazo" al facultativo y fue porque éstos dos "iban a por él", además de que el médico le golpeó primero cuando iba a grabar un vídeo para quejarse de que "no le querían atender".
El joven, que tenía 18 años cuando ocurrieron los hechos,
se enfrenta a 13 años de prisión que piden la fiscal y las acusaciones particulares por delitos de lesiones y atentado -al estar considerados los facultativos autoridad-. Ese día fue al centro de salud con su madre, que estuvo en consulta antes de la agresión y
también está acusada por un delito leve de amenazas, ya que algunos testigos aseguran que "jaleó a su hijo", le dijo que "siguiera pegando" a la víctima y advirtió a los sanitarios: "No vais a salir de aquí".
"No sabéis con quien estáis tratando, voy a quemar (el centro) con todos dentro". Ella ha ofrecido la misma versión de su hijo, y ha señalado que cuando abandonaban el ambulatorio vio que los dos sanitarios salían "a pegarle", uno con "un hierro":
"Eran dos hombres contra un bebé" ha dicho.
Responsabilidad para el SCS por "falta de seguridad"
La Audiencia Provincial de Cantabria ha celebrado este martes el juicio contra ambos, en el que además de las penas e indemnizaciones por los daños al médico y al celador, las acusaciones han pedido que la responsabilidad civil subsidiaria
recaiga en el Servicio Cántabro de Salud (
SCS) porque "no había medidas de seguridad" en el ambulatorio -ni cámaras ni personal- y se han implantado con posterioridad."Hay una falta de medidas de seguridad asombrosa", ha dicho una de las partes que han pedido esta medida, quienes han señalado que ya existía el Plan de Prevención ante Incidentes Violentos, con medidas que
"seguro se anunciaron a bombo y platillo, pero hasta hace poco no se habían implantado".
Aunque no ha comparecido ningún representante legal del SCS pese a que ha sido citado, sí ha estado la letrada del Gobierno regional, que al respecto ha argumentado que éste es un protocolo que no tiene rango de ley, además de que entonces no eran obligatorias las medidas de control citadas. Junto a la fiscal y los letrados del médico y del celador ha estado la
representante del Colegio Oficial de Médicos de Cantabria, que ejerce la acusación popular en el caso.
Los primeros en declarar en la sesión han sido
el celador y el médico agredidos, que han relatado que la acusada acudió a consulta y salió diciendo: "tiene cojones venir para esto". A continuación, según han contado, entró su hijo para que le atendieran porque "le dolía la garganta" y
el celador le indicó que lo harían, pero que le correspondía otro centro de salud -en Camargo- y que debía tramitar un cambio de domicilio, lo que motivó una discusión y gritos que hicieron que el doctor saliera de su sala. El joven sacó el móvil para grabar porque "no le querían atender" y
el médico se acercó haciéndole un gesto para que retirara el móvil. Ese instante quedó grabado -apenas unos segundos- y se ha reproducido en el juicio a petición de los acusados ya que, según su versión,
fue "un manotazo" y le dio "en la cara", tras lo que el teléfono "se espatarró en el suelo".
En lo único en lo que han coincidido ambas versiones es en que, a continuación,
el acusado respondió con un cabezazo. El médico ha relatado que cayó al suelo y el joven le inmovilizó y le pegó "nueve puñetazos" en la misma zona, la del ojo derecho, mientras su madre le decía "dale más fuerte, sigue pegándole".
Seguidamente, los dos salieron y el facultativo se desplazó a "cerrar la puerta", pero
hubo una segunda agresión en la que le "arrinconó" contra la pared, le "bloqueó" los brazos y le asestó otros "tres o cuatro puñetazos" en el mismo sitio. En ese momento, el celador, que ya se había llevado un golpe en la cara en el primer forcejeo por el que quedó "traspuesto" unos instantes,
logró "quitársele de encima" a su compañero. La víctima ha manifestado que "no ha sido capaz de volver al centro de salud", "ni siquiera" de acercarse. "Mi abuela vive al lado y visitarla para mí es un drama porque yo no quiero pasar por ahí", ha lamentado.
También ha asegurado que "no había tomado mas que un Paracetamol o un Enantyum" en su vida y ahora está con "mogollón de medicación psiquiátrica y en seguimiento", además de que sufre de intestino irritable, con diarrea y vómitos en su trabajo diario.
Lesiones múltiples en el rostro
Y es que, a consecuencia de los hechos,
sufrió múltiples lesiones en el rostro, con fractura de huesos nasales, pérdida de visión -"prácticamente total" en el ojo derecho, según los peritos- que no tiene posibilidad de mejora y está pendiente de una posible futura operación de oído. Compañeros de trabajo que se encontraban en el centro de salud han testificado que presenciaron partes de lo ocurrido, y uno de los enfermeros ha dicho que
vio un golpe "bastante salvaje" y "contundente", por el que su reacción fue avisar a la UVI móvil ante la posibilidad de que la víctima necesitara intubación.
Además, algunos han indicado que parecía que el agresor "sabía pegar" y "se movía como un boxeador", extremo que éste ha negado. De hecho, según la versión del procesado a
él le "salió darle un cabezazo" al médico después de su "manotazo" y seguidamente se marchaba del ambulatorio cuando se dio cuenta de que el facultativo y el celador iban detrás "a pegarle", uno "con un palo".
Así, su abogado ha defendido que fue el médico
el que "le dio un sopapo" e inició la agresión, ante lo que ha cuestionado si, en un caso así "tienes que poner la otra mejilla, como Jesucristo, o lo lógico es reaccionar como hizo un chaval de 18 años". Ha asegurado que
el facultativo ha "mentido desde el minuto uno", especialmente cuando dice que "en estado de semi inconsciencia contó los golpes", y que el celador se produjo las lesiones "él mismo".
Respecto al delito de atentado contra la autoridad, el letrado ha asegurado que
su defendido no sabía que se trataba de un médico porque en ese momento no llevaba bata ni distintivo, y vestía "un polo y un vaquero". Respecto a la madre, ha subrayado que "no hay ni una sola prueba" de las amenazas.
Por contra, la fiscal y las acusaciones han hablado de "brutalidad" en una agresión que
"en absoluto es una reacción a ninguna provocación". También han aludido a la versión "absolutamente alternativa y contraria" de los acusados, con "numerosas contradicciones y falta total de credibilidad". Además de los 13 años de prisión, la fiscal pide indemnizar al médico en 124.000 euros y al celador en 15.300 euros por las lesiones, cuantías que sus abogados elevan a 147.600 y 16.700 euros, respectivamente.
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