Opinión

El riesgo de la fragmentar el acto médico


Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC)
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16 abril 2026. 10.00H
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El editorial del British Medical Journal, publicado el pasado 7 de abril, vuelve a situar en el centro del debate una cuestión que, en realidad, nunca debió abandonarse: la naturaleza irreductible del acto médico y el riesgo de fragmentarlo en una suma de tareas intercambiables. Bajo la apariencia de modernidad organizativa, lo que se plantea en algunos sistemas sanitarios no es más que una simplificación peligrosa de la complejidad clínica.

El texto es claro al advertir que el trabajo del médico no puede parcelarse en "tiers" o niveles funcionales como si se tratara de una cadena de montaje. La medicina no es una colección de actos técnicos aislados, sino un proceso cognitivo complejo que integra conocimiento, experiencia, juicio clínico e incertidumbre. Reducirlo a tareas delegables supone ignorar precisamente aquello que garantiza la seguridad del paciente.

En pleno año 2026, resulta incuestionable que la atención sanitaria debe ser multidisciplinar. Nadie con una mínima comprensión del funcionamiento de los sistemas de salud puede discutir el valor de enfermeras, farmacéuticos, fisioterapeutas u otros profesionales. La medicina moderna es, por definición, trabajo en equipo. Pero confundir multidisciplinariedad con intercambiabilidad es un error de enorme trascendencia.

Una cosa es trabajar en equipo y otra muy distinta diluir las responsabilidades y competencias. El liderazgo clínico, especialmente en contextos de incertidumbre diagnóstica y toma de decisiones complejas, corresponde al médico. No por una cuestión corporativa, sino por una razón objetiva: es quien ha sido formado durante años para integrar información, asumir riesgos y responder por las decisiones adoptadas.

"El liderazgo clínico, especialmente en contextos de incertidumbre diagnóstica y toma de decisiones complejas, corresponde al médico"


El propio editorial del BMJ señala el peligro de crear falsas equivalencias entre profesionales con niveles de formación radicalmente distintos. Cuando se sitúa en un mismo plano a médicos y otros perfiles con formación más limitada, se genera confusión en la responsabilidad, se debilita la toma de decisiones y, en última instancia, se compromete la seguridad del paciente.

Además, existe un argumento que suele ocultarse bajo discursos de eficiencia: el económico. Muchas de estas iniciativas nacen con la intención de reducir costes sustituyendo a los médicos por otros perfiles profesionales supuestamente más baratos. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que este planteamiento no solo no ahorra, sino que puede encarecer el sistema. Profesionales con menor formación tienden a solicitar más pruebas, prolongar seguimientos y aumentar la utilización de recursos, como también recoge el editorial.

El supuesto ahorro 


A ello se suma una realidad bien conocida en foros internacionales. Hace solo unas semanas en la asamblea de presidentes de la OMC, Otto Kloiber, secretario general de la Asamblea Médica Mundial desde hace más de treinta años, advertía de que estos modelos acaban generando un efecto inesperado: a medida que otros profesionales asumen más responsabilidades, reclaman también mayores retribuciones. El supuesto ahorro inicial desaparece, dejando tras de sí un sistema más complejo, más caro y, lo que es peor, potencialmente más inseguro.

No se trata, por tanto, de oponerse a la evolución de los modelos asistenciales, sino de evitar una deriva basada en premisas erróneas. La atención multidisciplinar es imprescindible, pero debe estar bien estructurada, con roles claramente definidos y con un liderazgo clínico inequívoco.

Porque, en última instancia, la pregunta es sencilla: ¿queremos sistemas sanitarios organizados en función de la calidad y la seguridad del paciente, o en función de experimentos administrativos orientados al ahorro a corto plazo? La respuesta debería ser evidente. Quien no entienda lo primero —la multidisciplinariedad— no ha comprendido la medicina contemporánea. Pero quien no entienda lo segundo —que el liderazgo clínico corresponde al médico— no ha entendido absolutamente nada de nada.
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