Recientemente, la Fundación BBVA publicaba un
“Estudio sobre Cultura Científica en España” que aporta datos interesantes o cuando menos curiosos. Nos enteramos así que dos de cada tres españoles creen que los antibióticos pueden actuar sobre los virus, que un 28% cree que "los poderes están ocultando la visita de alienígenas a nuestro planeta", mientras que solo son un 15% quienes, tras unos años marcados por el auge de extremos climáticos y desastres naturales como la Dana de Valencia, afirman que
"la crisis climática no existe", un 6%, los que afirman que "las vacunas causan autismo" y un 5% que piensan que la Tierra es plana. Una demostración de que como cuentan del torero Rafael Molina “Lagartijo”, cuando le presentaron a un ilustre histólogo y le explicaron cuál era su trabajo, dijo: ¡Hay gente pa’tó!
Efectivamente, como para todo tiene que haber gente, con el siglo surgieron voces en prensa (pocas, la verdad) con verdaderas monomanías contra nuestro sistema de trasplantes. Su abanderado fue el Sr. Costas Lombardía, famoso en su día por su participación en
el Informe Abril sobre la sanidad española, tan alabado en su redacción como ignorado en su realización. Gracias a disponer de una tribuna periódica incondicional en el diario
El País, pudo publicar una y otra vez prácticamente la misma columna que a veces traducía al inglés y enviaba a todo tipo de organismos internacionales que a su vez nos la reenviaban con sorpresa e incredulidad ante tan extraña práctica.
Ya analizamos y rebatimos en su día sus argumentos y los de sus escasos seguidores
en estas mismas páginas, y no vamos a insistir en ellos.
En la mayoría subyacen problemas personales de profesionales de la sanidad que aparentemente eligieron mal su especialidad y quisieron compensar sus frustraciones mediante el ataque a los numerosos compañeros que de una u otra forma participan en el sistema español de trasplantes, con una mal disimulada envidia.
La novedad que me ha llevado a centrar la atención en este tema ha sido el descubrir que, por primera vez, uno de estos exponentes de la trasplantofobia, en este caso el Dr.
Javier Padilla, especialista en medicina familiar y comunitaria, ocupa el puesto de secretario de estado de sanidad, número dos del ministerio, de hecho el número uno ejecutivo ya que es evidente que la ministra está “a sus cosas”, y de él depende específicamente la Organización Nacional de Trasplantes (de hecho, es su presidente por su cargo), con todo lo que ello implica.
En un blog denominado “Médico Crítico” publicaba el Dr. Padilla el 28 de agosto de 2011 con el título de
“El Trasplante Incuestionado” una
columna, quizás borrada cuando este escrito salga a la luz, en la que tras agradecer al Sr Costas Lombardía que le abriera las puertas a la crítica del sistema de trasplantes y atacar la “sensiblonería” de los coordinadores, dedica una muestra de su ingenio a calificar los cursos de formación (por los que han pasado ya mas de 25.000 profesionales de todo tipo y son la base de la solidez de nuestro sistema), como “cursos de deformación”. A continuación, vienen las típicas consideraciones sobre cómo es posible que en un país como España con tantas carencias sanitarias… (rellénese a voluntad)
se dediquen tantos recursos a trasplantar para acabar acusando al sistema de falta de equidad para las comunidades sin equipos de trasplantes (los hay en las 17), a diferencia de por lo visto lo que pasa en el resto de la sanidad, donde la equidad impera. Se queja del tono de los mensajes del ministerio sobre la actividad creciente de los trasplantes, aunque hay que decir que bajo su mandato, los mensajes han persistido en el mismo tono o superior, quince años después.
En la columna
no especifica a quien hay que dejar de trasplantar de seguir sus ideas, en eso no es original ya que hasta el momento nadie lo ha hecho, y tuvo que esperar a una de las réplicas para admitir el coste-eficiencia de los trasplantes renales y lo mucho que ahorran en relación con la diálisis (salvo que tampoco se dialicen los insuficientes renales siguiendo la misma filosofía).
En fin, es cierto que
ha pasado mucho tiempo y todo el mundo puede cambiar de opinión. Ya estaría bien que lo aclarara, aunque algunas de las decisiones tomadas con la ONT en la presente legislatura no van en esa línea sino todo lo contrario. En todo caso, lo que sí está claro es que lo que ha costado tanto levantar no es cuestión de que se pueda destruir por motivos políticos o ideológicos, al menos con los brazos cruzados.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.