Opinión

El sentido de la medida


Rafael Matesanz, fundador y exdirector de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)
Una mirada crítica

08 junio 2026. 15.50H
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Hace ya unas semanas que se pudo dar por zanjada la llamada crisis del hantavirus con el desembarco en Tenerife de los pasajeros y parte de la tripulación y su repatriación a los países de origen para pasar la consiguiente cuarentena y/o recibir tratamiento. Todo ello tras la consabida bronca autonómica, las discrepancias entre ministras por la obligatoriedad o no de la cuarentena y en fin, un ruido mediático y político a todas luces desproporcionado para un proceso que simplemente requería bajar ordenadamente del barco a los pasajeros con sus correspondientes equipos de aislamiento y las medidas de protección para el personal y llevarlos directamente a su avión, preparado al efecto, para que volvieran a sus países y nada más.

Lo que vino después fue una exhibición de autobombo por parte tanto del presidente del Gobierno, como de la ministra de Sanidad, que sinceramente haría enrojecer a cualquiera conocedor del tema con un mínimo de sensibilidad. Para el presidente fue un “éxito” (efectivamente no se cayó nadie al agua, ni tomó el avión equivocado, ni aparentemente desembarcó ningún ratón colilargo de los Andes) de un dispositivo con el que los ciudadanos han de "sentir orgullo de ser españoles".

"A nuestro país y nuestro sistema sanitario le hacen falta muchas cosas, pero sin duda el sentido de la medida de sus dirigentes es una de ellas"



La ministra no se quedó atrás en el autobombo resaltando las felicitaciones de distintos políticos e instituciones internacionales. Se informó además que en el dispositivo habían intervenido más de 400 profesionales y que “sería recordado durante años”, al tiempo que se alababa la solidaridad y la paciencia de la población canaria, que no de sus dirigentes que se opusieron hasta el último momento, aunque sin éxito.

Récord de donaciones coordinado por la ONT


Unos días después se hacía pública una escueta y no demasiado descriptiva nota de prensa del ministerio de sanidad, en la que se informaba que, a finales de marzo, en un plazo de tan solo 48 horas, la ONT había registrado nada menos que 39 donaciones de órganos, 5 de ellas de donante vivo, en 10 de las 17 comunidades autónomas, que dieron lugar nada menos que a 75 trasplantes de riñón, hígado, corazón, pulmón y páncreas. Para contextualizar lo que significa este número de intervenciones, solo decir que vienen a ser los que se hacían en un mes cuando se creó la ONT, o que, si fuera posible mantener este ritmo a lo largo de todo el año, en lugar de los 6334 trasplantes que se hicieron el año pasado, se llegaría a los 13.700.

Nada menos que 46 hospitales intervinieron en el récord, perfectamente coordinados por la ONT con un número de profesionales sanitarios y no sanitarios no fácil de calcular, pero que muy probablemente superó el millar. Según la nota de prensa se emplearon cinco vuelos privados, lo cual es un número sorprendentemente bajo para la actividad desarrollada ya que por ejemplo durante 2024 se necesitó un vuelo en el 18% de los trasplantes, y en un día normal se usan como media entre 3 y 4, una cifra que habla de una alta eficiencia en el manejo de los recursos públicos.

Diferencias en el tratamiento público y mediático


La nota de prensa tuvo una difusión limitada, probablemente por lo acostumbrado de los medios y de la gente a despliegues espectaculares de la ONT y no consta que ningún alto dirigente hiciera un panegírico remotamente parecido al del hantavirus ni que dijera que se recordaría muchos años o que era para estar orgulloso de ser español (aunque en este caso sí que podría decirse alto y claro, sobre todo por no ser algo excepcional sino el resultado periódico de un sistema que funciona como un reloj desde hace mucho tiempo). Tan solo las lógicas y medidas explicaciones descriptivas de la directora de la ONT sin alaracas adicionales.

Los dos dispositivos, tan próximos en el tiempo como lejanos en su tratamiento público están ahí y pueden ser comparados en todas sus magnitudes. Decididamente a nuestro país y nuestro sistema sanitario le hacen falta muchas cosas, pero sin duda el sentido de la medida de sus dirigentes (y el del ridículo) es una de ellas.
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