Perseguir la mejora de la calidad de vida de las personas podría definirse como el propósito de cualquier institución comprometida con la salud y el bienestar. Sin embargo, lograrlo hoy es cada vez más complejo. Vivimos en una sociedad que demanda respuestas más rápidas, más personalizadas, más accesibles y eficientes. En definitiva, nos enfrentamos al reto de
optimizar el valor con los mínimos recursos posibles.
El envejecimiento de la población, el aumento de la cronicidad y de la dependencia, la diversidad de necesidades y la creciente necesidad de personalización de los cuidados están obligando a los sistemas sanitarios y sociales a replantearse muchas de sus formas tradicionales de trabajo. Y mientras estas necesidades aumentan,
la innovación tecnológica avanza a una velocidad sin precedentes.
Ante este escenario, es fácil caer en la tentación de pensar que la tecnología es la solución. Pero quizás la pregunta correcta no sea qué tecnología necesitamos, sino
cómo podemos utilizarla para mejorar de forma tangible la vida de las personas.
Porque la tecnología, por sí sola, no humaniza ni deshumaniza la atención. Lo que la humaniza es
el propósito con el que se utiliza.
Democratización de la impresión 3D
En los últimos años hemos asistido a una democratización de herramientas que antes estaban reservadas a entornos altamente especializados. Tecnologías como la fabricación digital o, de manera más específica la impresión 3D, han reducido enormemente sus costes y barreras de acceso. Hoy es posible
diseñar, adaptar y fabricar soluciones personalizadas de forma rápida, asequible y cercana al entorno donde surge la necesidad.
Esta transformación abre una oportunidad extraordinaria para el ámbito sanitario y social.
La Organización Mundial de la Salud estima que
más de mil millones de personas necesitan actualmente productos de apoyo para participar plenamente en su vida diaria y prevé que esta cifra supere los 3.500 millones en 2050. Detrás de estos números existen historias concretas: una persona que necesita una adaptación para utilizar un dispositivo electrónico, un niño que requiere un apoyo personalizado para una actividad cotidiana o una familia que busca una solución que simplemente no existe en el mercado o resulta inaccesible por su coste.
Tradicionalmente, la respuesta a estas necesidades dependía de soluciones estandarizadas, largos tiempos de espera o elevados costes. Hoy, sin embargo, disponemos de herramientas que permiten explorar nuevas formas de responder a estos desafíos.
Pero el verdadero cambio no está en las impresoras 3D,
está en las personas que las utilizan.
El valor de la innovación no está en incorporar una nueva tecnología, sino en conseguir que profesionales, usuarios, familias e instituciones
trabajen juntos para identificar problemas y construir soluciones con sentido.
El valor de la co-creación
Durante mucho tiempo se ha entendido la innovación como un proceso vertical en el que unos pocos diseñaban soluciones para muchos. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que
quienes mejor conocen los problemas suelen ser quienes los viven cada día. Los usuarios conocen sus necesidades, las familias comprenden los retos cotidianos y los profesionales aportan su conocimiento técnico y asistencial. Y cuando todos ellos participan en el proceso de creación, solo pueden pasar cosas buenas. Las soluciones son más útiles, más realistas y generan un impacto mucho mayor.
Este enfoque de co-creación representa una forma diferente de entender la innovación sanitaria. Una innovación centrada en las personas, orientada al impacto social y
basada en la colaboración.
Precisamente con esta filosofía nació
SOUL Fab Lab, el Laboratorio de Fabricación Digital de la Fundación San Juan de Dios. No como un espacio para fabricar objetos, sino como un entorno para generar oportunidades. Un lugar donde la tecnología se convierte en una herramienta al servicio de las personas y donde el “hands on”, la creatividad, el “do-it-yourself" y la colaboración permiten transformar necesidades en soluciones reales.
Su propósito es sencillo: facilitar el acceso al conocimiento y a las herramientas necesarias para que estudiantes, profesionales, usuarios, familias y organizaciones puedan
participar activamente en la construcción de respuestas a los retos de la salud y la discapacidad.
Espacios para compartir conocimiento
Necesitamos profesionales capaces de trabajar en equipos interdisciplinares, de comprender las posibilidades de las nuevas tecnologías y de colaborar con usuarios y familias en la búsqueda de soluciones innovadoras. Profesionales que entiendan que
la innovación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para generar impacto.
Y para ello son necesarios espacios donde experimentar, aprender y compartir conocimiento. Espacios que favorezcan el aprendizaje distribuido, el trabajo colaborativo y la creación de redes que multipliquen el alcance de las iniciativas individuales.
Porque quizá uno de los mayores aprendizajes de estos años es que ninguna organización puede afrontar sola los retos del futuro.
La innovación crece cuando se comparte. Cuando conectan personas, instituciones y conocimientos. Cuando se genera en y para la comunidad.
Ese es, precisamente, el movimiento que estamos creando:
EnR3D. Una red colaborativa formada por entidades como adELA, Fundación Juan XXIII, Fundación Cadete, ADEMPA, Fundación Ana Valdivia, ATENPACE, Fundación Ana Carolina Díez Mahou, Fundación Aenilce y diferentes centros de San Juan de Dios España, entre otros muchos colaboradores que han decidido compartir conocimiento, recursos y experiencia para multiplicar las oportunidades de las personas a las que acompañan.
A esta red se suman también iniciativas y colaboradores comprometidos con la innovación social y la transferencia de conocimiento, como el proyecto Eugenio Andrades’ Legacy de Avolta, el ecosistema universitario impulsado por EUPeace, del que formamos parte con Living R3D. Todos ellos demuestran que los grandes desafíos sociales y sanitarios del futuro
difícilmente podrán abordarse de manera aislada, pero sí desde la colaboración, la confianza y el aprendizaje compartido.
Porque, en realidad, la tecnología es solo el punto de partida. La verdadera palanca de cambio es
la capacidad de generar comunidad, de construir redes que conecten talento, creatividad y compromiso. Redes donde cada profesional aporta su experiencia, cada familia su perspectiva, cada usuario su conocimiento sobre la realidad que vive y cada organización su capacidad de generar oportunidades.
Una nueva forma de cuidar
Al final, todo gira en torno a la misma idea.
No se trata de fabricar más dispositivos. No se trata de incorporar más tecnología. No se trata siquiera de innovar más.
Se trata de
mejorar la vida de las personas.
Y cuando la tecnología se pone verdaderamente al servicio de ese propósito, deja de ser simplemente innovación para convertirse en
una nueva forma de cuidar.
Porque el futuro del cuidado no se imprime en 3D, se diseña con las personas.
¿Te sumas?
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.