La IA y su transformación del ecosistema relacional de la sanidad


Mario García Gil, director gerente del Hospital Universitario Príncipe de Asturias
Firmas


10 mayo 2026. 05.05H
La conversación pública sobre Inteligencia Artificial (IA) suele comenzar con una pregunta equivocada: “¿Nos va a sustituir?”. En sanidad, esa mirada es simplista y poco útil. La IA no ha llegado para sustituir a los profesionales, sino para transformar la forma en que trabajamos, nos organizamos y nos relacionamos con pacientes cada vez más informados y exigentes.
Y ese último punto es clave.

Cuando hablamos del impacto de la IA en hospitales y áreas sanitarias, no debemos pensar solo en algoritmos diagnósticos o automatización de tareas. Debemos pensar en un cambio social ya visible: pacientes que acuden a consulta con preguntas más complejas, preparadas con ayuda de herramientas de IA; pacientes que quieren descargar sus informes y resultados para comprenderlos mejor; pacientes que demandan una relación más digital, más ágil y más transparente, alineada con sus necesidades y expectativas.

Ese escenario no es futuro. Es presente. 

Por eso, la pregunta relevante ya no es si debemos incorporar la IA, sino si nosotros nos estamos adaptando con rapidez, criterio y equidad a esta nueva realidad asistencial y social. Mi impresión es clara: tenemos una buena base, pero debemos acelerar con orden, liderazgo institucional y una idea muy concreta del porqué y para qué sirve la innovación. 

Desde que asumí la gerencia del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (HUPA), he defendido una convicción sencilla: la innovación solo tiene sentido cuando mejora la vida de las personas. Y en un hospital eso significa, sobre todo, liberar tiempo para mantener a los profesionales enfocados en su propósito. La transformación digital no consiste en tener más tecnología, sino en usarla para reorganizar procesos, reducir burocracia, mejorar decisiones y devolver tiempo a los profesionales para que puedan relacionarse más con los pacientes, reforzando el enfoque humano de esa relación

Con ese enfoque, hemos impulsado en el hospital una Subdirección de Diseño Estratégico de Procesos Asistenciales y una Unidad de Gestión Integral del Dato. Si queremos integrar IA de forma útil y segura, necesitamos una organización preparada: procesos definidos, datos de calidad, criterios de gobernanza y herramientas corporativas fiables. 

Además, conviene subrayar que la IA ya está presente en múltiples áreas hospitalarias: diagnóstico por imagen, estratificación de riesgos y atención de pacientes, predicción de demanda, seguridad del medicamento o apoyo a la planificación asistencial. En muchos casos, estas herramientas permiten detectar antes, priorizar mejor y estandarizar con más calidad. Pero, incluso en los entornos más avanzados, la IA no sustituye el juicio clínico. Lo apoya, lo amplifica y lo hace más ágil. La responsabilidad sigue siendo humana. Y debe seguir siéndolo. 

El cambio de fondo, sin embargo, no vendrá solo por la tecnología, sino por el tipo de paciente que tendremos delante. Un paciente más activo, más digital, con más acceso a información y, a veces, también con más dudas. Esto no debe verse como una amenaza, sino como una oportunidad para una relación clínica más participativa y transparente. 

Para que esto funcione, tenemos que estar a la altura. Si un paciente quiere acceder a sus resultados de forma sencilla y comprenderlos mejor, debemos facilitarlo por canales seguros e interoperables. Si llega con información generada por IA, el profesional debe tener tiempo, herramientas y formación para contextualizarla, corregirla si hace falta y convertir esa consulta en valor asistencial. 

En este punto, la Comunidad de Madrid ha dado un paso estratégico relevante con la creación de una Consejería de Digitalización, una iniciativa pionera en España que sitúa la transformación digital como política estructural. Ese marco institucional es especialmente importante en sanidad, donde la digitalización exige continuidad, coordinación y capacidad real de implantación. En esta línea, la Consejería de Digitalización y la de Sanidad trabajan juntas en el fomento de la Tarjeta Sanitaria Virtual, un activo muy importante con funcionalidades evolutivas que aportan cada vez más valor a los pacientes madrileños. 

El Plan Estratégico de Salud Digital 2026–2028 de la Comunidad de Madrid ofrece un buen encuadre: una digitalización orientada a resultados en salud, con foco en la humanización, la equidad, la interoperabilidad, la ciberseguridad y la gobernanza del dato. Un enfoque acertado porque entiende que la tecnología no puede desplegarse como una suma de proyectos aislados, sino como una transformación integral del sistema. 

Ahora bien, tener estrategia no basta. Hay que traducirla en acciones concretas

La primera es reducir la carga administrativa: ayudarnos de la IA y la automatización para que los profesionales dediquen más tiempo a la atención directa. 

La segunda es dotarlos de herramientas corporativas seguras. Cuando no se ofrecen soluciones útiles, aparece el shadow IT: profesionales que recurren por su cuenta a aplicaciones externas para transcribir, resumir o analizar información. Eso responde a necesidades reales, pero introduce riesgos de seguridad, privacidad y trazabilidad. Por eso, debemos ofrecer alternativas oficiales, bien integradas y validadas. 

La tercera prioridad es la equidad digital. No podemos permitir que la capacidad de un paciente para beneficiarse de estas innovaciones dependa de su hospital o de su nivel de alfabetización digital. Debemos garantizar la misma calidad y accesibilidad para todos, por lo que debemos desplegar tecnología con criterios comunes, acompañarla de formación y cuidar especialmente a quienes pueden quedarse atrás, para no generar otra nueva brecha digital. 

La cuarta es la gobernanza clínica y ética. La IA plantea preguntas: cómo se valida un modelo, cómo se audita, cómo se actualiza, cómo se detectan sesgos, quién responde si falla. En sanidad, la supervisión humana no es negociable y la seguridad y la ética no son un freno a la innovación, sino la condición para que esta sea legítima y sostenible. 

Estamos en un momento decisivo. La IA ya forma parte del presente de los hospitales y de nuestros pacientes. Y eso nos obliga a adaptarnos no solo a una innovación tecnológica, sino a una transformación social y cultural

La buena noticia es que tenemos profesionales excelentes, conocimiento clínico y un marco institucional cada vez más sólido para hacerlo bien. El reto es avanzar con más agilidad, sin perder rigor; con más ambición, sin perder humanidad. Estamos ante una oportunidad para potenciar entre nuestros profesionales la adquisición de las human skills necesarias para maximizar la rentabilidad de la IA. 

Porque la pregunta no es si la IA cambiará la sanidad. Eso ya está ocurriendo. La verdadera cuestión es si seremos capaces de usarla para reforzar lo mejor de nuestro sistema público: una atención segura, cercana, equitativa y centrada en las personas

La IA no debe alejarnos del paciente. Debe ayudarnos a entenderlo mejor, atenderlo antes y cuidarlo con más precisión y humanidad. Ese es el horizonte.

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