Opinión

Nueva normalidad, no; nueva sanidad, sí


Manuel Cascos Fernández, presidente del Sindicato de Enfermería, SATSE.
Sanidad, presente y futuro

10 junio 2020. 11.40H
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En pocas semanas, y si las previsiones gubernamentales no varían, habremos finalizado el actual proceso de desescalada en el conjunto del Estado, y nuestro país iniciará una nueva etapa social, económica, y también sanitaria, no exenta de dificultades, incertidumbres y muchos objetivos a alcanzar tras haber sufrido una crisis sin precedentes en nuestra historia reciente.

Sin compartir el término de “nueva normalidad” que se ha acuñado desde los poderes públicos para referirse a este periodo, sí coincido en que la grave situación que ha provocado la expansión de la Covid-19 debe propiciar cambios de calado en todos los ámbitos de nuestra sociedad y, especialmente, en nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS).

¿Necesitamos una nueva sanidad tras la Covid-19? No, ya necesitábamos una nueva sanidad mucho antes de la Covid-19. Lo que ha cambiado es que lo que muchos sabíamos ya lo sabe, porque lamentablemente lo ha sufrido con enorme virulencia, el conjunto de la ciudadanía y es que nuestro sistema sanitario estaba al límite y la pandemia ha evidenciado enormes debilidades y lo ha terminado por desbordar.

Con este firme convencimiento compareció SATSE hace escasos días en la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del país, en el Congreso de los Diputados, al objeto de trasladar a los grupos políticos las propuestas que entiende como absolutamente necesarias para mejorar y reforzar el Sistema Nacional de Salud.

"Ahora no hay ya excusa que valga si no queremos, no solo no estar preparados para crisis sanitarias futuras, sino que no podamos prestar de forma segura y eficiente la atención y cuidados que todos los pacientes y ciudadanos merecen"

Todas ellas podían y deberían haberse acometido antes, pero, como se trasladó a los representantes de los partidos presentes, ahora no hay ya excusa que valga si no queremos, no solo no estar preparados para crisis sanitarias futuras, sino que no podamos prestar de forma segura y eficiente la atención y cuidados que todos los pacientes y ciudadanos merecen cada día.

Fueron un total de 50 propuestas que podríamos resumir en la necesidad de construir un nuevo Sistema Nacional de Salud más fuerte, coordinado, cohesionado y participativo,  con más recursos económicos y materiales y más profesionales, especialmente enfermeras, enfermeros y fisioterapeutas.

En lo que respecta a los profesionales sanitarios, insistimos en que las merecidas palabras de agradecimiento que han escuchado a lo largo de las últimas semanas  deben traducirse en mejoras profesionales y laborales que, sin duda alguna, redundarán en la calidad y seguridad de la atención y cuidados que todos recibimos.

La aprobación de la Ley de Seguridad del Paciente que garantice un número máximo de pacientes por cada enfermera o enfermero, la unificación básica de sus condiciones laborales y retributivas en el conjunto del Estado, la implantación de un Itinerario Laboral, o aprobar sendas normas estatales sobre bioseguridad y medicamentos peligrosos y agresiones son solo algunas de las medidas que pueden acometerse en un corto espacio de tiempo si realmente hay voluntad política para hacerlo.

La constitución y desarrollo de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del país ha sido el primer paso, positivo y digno de reconocimiento, pero las propuestas de acción que finalmente salgan de este foro de debate y participación deben propiciar nuevos impulsos y pasos adelante por parte de gobiernos y partidos políticos si realmente queremos avanzar y no quedarnos en la casilla de salida una vez más

Es lamentable que hayamos tenido que sufrir la pandemia de la Covid-19 con especial virulencia para reaccionar y comprometernos a mejorar pero lo que sería, no ya lamentable, sino absolutamente injustificable es que constatemos dentro de unos meses que las promesas realizadas han vuelto a caer en el cajón de los despachos de responsables de uno u otro signo político. Sin lugar a dudas, constituiría un grave error sin vuelta atrás y una innegable deslealtad y falta de respeto hacia los ciudadanos y los profesionales sanitarios.
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