Opinión

Reconstruir lo que no existe


JULIÁN EZQUERRA GADEA, SECRETARIO GENERAL DE LA ASOCIACIÓN DE MÉDICOS Y TITULADOS SUPERIORES DE MADRID (AMYTS)
La atalaya sanitaria

30 junio 2020. 11.30H
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Decía Sigmund Freud que “la función del arte en la sociedad es edificar, reconstruirnos cuando estamos en peligro de derrumbe”. El Sistema Sanitario no es que esté en peligro de derrumbe, es que, como se ha visto en la crisis de la Covid-19, el Sistema ha colapsado, se ha derrumbado. Es hora de reconstruirlo, o mejor dicho, de construirlo.

Tenemos un Sistema Sanitario que nació con ciertas taras, que se ha ido “agrietando” a lo largo de los años, con unas “defectos ocultos” que han aflorado con motivo de esta crisis que hemos vivido. Nunca tuvimos un Sistema Nacional de Salud, es mi humilde opinión. Se creó un Sistema compuesto por subsistemas, inconexos entre sí, con diferentes organizaciones, muy independientes y con mucho de “esto es mío” y no lo comparto, no permito que nadie me diga cómo debo hacer las cosas, con señas de identidad propias. Son tan diferentes entre ellos que, a modo de ejemplo, basta decir que no hay acuerdo ni en lo básico, por ejemplo un modelo de receta o una historia clínica única y compartida.

La crisis que hemos sufrido, la Covid-19, ha puesto de manifiesto varias cosas. La primera, la descoordinación general, la falta de unidad de criterio, incluso bajo un teórico “mando único”. El Ministerio de Sanidad nunca ha tenido capacidad para organizar y dirigir los diferentes Sistemas Sanitarios Autonómicos, muy celosos de los suyo, su 40 por ciento del presupuesto, sus “joyas de la corona”. Ni el estado de alarma, ni la asunción de competencias, ha hecho que las diferentes Comunidades Autónomas se plieguen al mando único.

Sistemas colapsados, desbordados, con falta de material y equipos, con necesidades de camas de críticos, y ni así se ha producido el más básico de los principios que deberían regir un Sistema Nacional de Salud, el de la solidaridad entre Comunidades, el de ceder recursos, trasladar pacientes dónde había más posibilidad de ser atendidos. Cada Comunidad ha gestionado “sus pacientes”, “sus recursos”, no los del Sistema Nacional.

"Nunca ha existido un verdadero Sistema Nacional, más bien hemos tenido 17 Sistemas autónomos, independientes y poco solidarios. Salvo el sistema de trasplantes y los servicios de referencia, poco más en común hemos tenido"

Ahora los sesudos políticos, nuestras mentes pensantes, nuestros representantes, se sientan y deciden hacer una comisión para la reconstrucción del Sistema. ¡Qué incongruencia! Para reconstruir algo, primero habría que haberlo construido. Y este es el tema principal, que nunca ha existido un verdadero Sistema Nacional, más bien hemos tenido 17 Sistemas autónomos, independientes y poco solidarios. Salvo el sistema de trasplantes y los servicios de referencia, poco más en común hemos tenido.

Es difícil pensar en un modelo de Sistema Nacional si lo primero que se cuestiona es la existencia de la propia Nación. Jugamos con las palabras, hablamos de grandes modelos nacionales, pero no tenemos interiorizado lo más básico. Cuando escucho eso de que somos una “Nación de naciones” entiendo mejor lo que somos a nivel sanitario, “un Sistema Nacional de Salud compuesto por Sistemas Nacionales de Salud”. Es sencillo.

Por eso, ahora, cuando se habla de la reconstrucción, me quedo perplejo, solo lo entiendo desde la perspectiva del político que quiere trasladar a la sociedad un “trampantojo”, que nos lo creamos y nos quedemos tan contentos. En mi opinión, todo es mentira, un juego de palabras, una lista de buenas intenciones, un decir lo que queremos escuchar, pero lo de hacer, eso es otra cosa. Siento trasladar este pesimismo, esta visión nada optimista, pero tras 39 años de trabajo en la Sanidad pública, cuando ya veo de cerca el momento de pasar a la condición de jubilado, tengo que decirlo.

Ojalá me equivoque, que sea cierto que todos se creen que es necesario hacer un Sistema Sanitario único, homogéneo, solidario, bien financiado, con carteras de servicios básicos comunes, con e-receta compartida, con una historia interoperable, con bases de datos comunes, con libertad para trasladarse  los profesionales, con un Ministerio útil, con capacidad para coordinar y organizar. Si la tan aireada reconstrucción logra esto, creeré de nuevo en la política y en los políticos, mientras tanto mi desafección hacia ellos seguirá aumentando. 

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