Hace unas semanas conocíamos que el
Tribunal de Cuentas había puesto negro sobre blanco lo que muchos gestores sanitarios llevamos años señalando desde dentro del Sistema: los datos que manejamos sobre
listas de espera no siempre son homogéneos, no siempre son comparables entre comunidades autónomas y, en demasiadas ocasiones, no reflejan con fidelidad la realidad que viven los pacientes. El Ministerio de Sanidad ha respondido anunciando una
reforma en profundidad del sistema de información, con el objetivo declarado de establecer definiciones, criterios e indicadores homogéneos en todo el territorio. Es una noticia que deberíamos recibir con satisfacción, y no solo por lo que corrige, sino por lo que reconoce: que
sin datos fiables no hay Gestión Sanitaria posible, y sin Gestión Sanitaria posible no hay sistema sostenible.
Desde la
Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) llevamos defendiendo esta idea desde hace más de dos décadas, mucho antes de que ocupara titulares. La
profesionalización de la Gestión Sanitaria no es una aspiración corporativa de quienes ejercemos funciones directivas: es una condición necesaria para que el Sistema Nacional de Salud cumpla su promesa de equidad. Y esa condición empieza, siempre, por el dato.
Pero conviene no simplificar el diagnóstico. Hablar de listas de espera "maquilladas" o de indicadores poco fiables puede sonar a polémica política, pero el
fondo del problema es técnico y organizativo, no partidista. Cada comunidad autónoma ha desarrollado, con el tiempo, sus propios criterios de priorización clínica, sus propios sistemas de registro y sus propios calendarios de actualización. El resultado es un
mapa fragmentado en el que comparar dos comunidades, o incluso dos hospitales de la misma comunidad, exige un ejercicio de cautela que rara vez se hace en el debate público.
Esta heterogeneidad tiene un coste que pocas veces se cuantifica: el
coste de gestionar a ciegas. Un gerente de área o un director asistencial que no dispone de un dato homogéneo, actualizado y comparable no puede priorizar con criterio, no puede anticipar tensiones de capacidad, no puede argumentar ante su comunidad autónoma la necesidad de refuerzos y no puede, en definitiva,
rendir cuentas con solvencia ante la ciudadanía. La opacidad de los datos no perjudica solo a quien los analiza desde fuera; perjudica, sobre todo, a quien tiene que decidir con ellos cada día.
Aquí es donde la reforma anunciada por el Ministerio adquiere, para los Directivos y Directivas de la Salud, una dimensión que va más allá de la mera actualización normativa. No se trata únicamente de revisar un real decreto de 2011 que ha quedado desfasado, ni de fijar nuevos umbrales de tiempos máximos de acceso. Se trata de decidir
quién define los indicadores, quién los recoge, quién los audita y quién responde por ellos. Y en esa cadena de responsabilidad, el papel de los Directivos y Directivas de la Salud es insustituible.
El buen gestor no es un mero administrador de recursos escasos: es quien
traduce la evidencia en decisiones organizativas, quien conoce de primera mano las limitaciones del sistema de información en su centro y quien puede advertir, antes que nadie, cuándo un indicador empieza a alejarse de la realidad asistencial que pretende describir. Por eso insistimos, desde Sedisa, en que cualquier grupo de trabajo que diseñe los nuevos criterios homogéneos debe contar, de forma estructural y no simplemente consultiva, con la
voz de quienes gestionan los centros y los servicios cada día. No como un trámite de validación posterior, sino como parte del diseño desde el primer momento.
La experiencia de estos años nos ha enseñado que las reformas de los sistemas de información que se diseñan exclusivamente desde los despachos centrales, por bienintencionadas que sean, tropiezan después con la realidad de unos sistemas de registro clínico dispares y unos equipos directivos que deben implementarlas sin haber participado en su concepción. El resultado, demasiadas veces, es un nuevo indicador que se suma a los anteriores
sin resolver la falta de confianza de fondo.
De la transparencia a la sostenibilidad
Es importante subrayar que
homogeneizar los datos no es un fin en sí mismo. Lo es en la medida en que permite gestionar mejor y, con ello, sostener el Sistema. Una lista de espera bien medida permite
identificar con precisión los procesos de mayor demora, priorizar la actividad extraordinaria donde realmente aporta valor, evaluar el impacto real de fórmulas como la autoconcertación o la cirugía mayor ambulatoria, y detectar con antelación los cuellos de botella antes de que se traduzcan en sufrimiento evitable para los pacientes.
También permite algo que en Sedisa consideramos irrenunciable:
rendir cuentas con rigor. La ciudadanía tiene derecho a conocer, con datos homogéneos y comparables, cómo funciona su Sistema Sanitario en cada territorio. Y los propios profesionales de la gestión tenemos la responsabilidad de garantizar que esa rendición de cuentas se apoye en
indicadores sólidos, no en cifras que cada administración pueda interpretar a su conveniencia. La credibilidad de la Gestión Sanitaria se construye, precisamente, en ese terreno.
Una oportunidad que no debemos desaprovechar
La reforma que ahora se pone en marcha —y que previsiblemente llegará al Consejo Interterritorial para su aprobación definitiva— representa una
oportunidad poco frecuente de corregir un problema estructural del sistema desde su raíz. Para que esa oportunidad no se diluya en un nuevo ejercicio normativo sin recorrido práctico, desde SEDISA planteamos tres condiciones que consideramos imprescindibles.
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En primer lugar, que los nuevos criterios e indicadores se diseñen con la participación activa de los Directivos y Directivas de la Salud de las áreas y gerencias, y no solo de los servicios centrales de las comunidades autónomas y el Ministerio.
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En segundo lugar, que la homogeneización venga acompañada de una inversión real en los sistemas de información clínica y de gestión de los centros, porque no existe dato fiable sin una infraestructura tecnológica que lo sustente.
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Y, en tercer lugar, que se refuerce la formación y la acreditación de los profesionales que ejercen funciones directivas en el ámbito de la gestión de datos y la evaluación de resultados, un ámbito que en Sedisa llevamos años impulsando a través de Gedisa, el Máster en Formación Permanente en Gestión y Dirección de Servicios de Admisión y Documentación Clínica de la Fundación Sedisa y en colaboración con la Universidad Europea.
La gestión, primera línea de la equidad
Cuando hablamos de listas de espera, hablamos en última instancia de
equidad: de si un paciente en una comunidad autónoma accede a su intervención en un plazo similar al de un paciente en otra, de si esa espera se mide con el mismo rigor en todos los territorios, de si las decisiones que la acortan o la alargan están
basadas en evidencia o en intuición. La buena Gestión Sanitaria no es un valor añadido opcional para el Sistema; es la condición que hace posible que el derecho a la salud se traduzca en una atención real y a tiempo.
Desde Sedisa seguiremos reivindicando, con la misma insistencia con la que lo hemos hecho durante más de dos décadas, que
no hay reforma sanitaria de calado que pueda prescindir del conocimiento y la experiencia de quienes gestionan el Sistema día a día. La transparencia en los datos de listas de espera no se logrará con un nuevo decreto aislado, sino con el reconocimiento explícito de que la
buena Gestión Sanitaria salva vidas, también cuando se traduce en algo tan aparentemente técnico como un indicador bien construido.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.