Cuando el equipo es la respuesta: coordinación, autonomía y consenso en urgencias extrahospitalarias


José Luis Pérez Olmo, profesor del departamento de Enfermería de la Universidad Europea de Madrid: enfermero del SUMMA 112; y académico de número de la Academia de las Ciencias Enfermeras de la Comunidad de Madrid
Firmas


10 julio 2026. 09.30H
La evolución de los modelos de atención en urgencias y emergencias extrahospitalarias exige un equilibrio preciso entre coordinación institucional, autonomía profesional y seguridad clínica. En este contexto, la gestión eficiente de los recursos y procesos, fundamentada en la toma de decisiones compartidas y en la inclusión de todas las perspectivas y sensibilidades, se convierte en un elemento cardinal. Esta realidad invita a reflexionar sobre la necesidad de preservar y fortalecer los marcos procedimentales comunes, promover un trabajo interdisciplinar potenciado desde las etapas académicas iniciales y empoderar a todos los colectivos sanitarios. Estos pilares resultan esenciales para afrontar los retos del sistema, asegurando una planificación rigurosa y anticipatoria.

Los actuales sistemas de emergencias se enfrentan a un escenario de creciente complejidad, donde confluyen la exigencia de respuestas rápidas, la optimización de recursos y la garantía de una atención segura y de calidad. Ante este desafío, los modelos asistenciales han evolucionado hacia enfoques más flexibles, en los que la cooperación profesional sustentada en un liderazgo transformacional y el desarrollo pleno de las competencias de cada actor resultan determinantes.

Desde una perspectiva filosófica, esta evolución puede comprenderse en clave aristotélica: la excelencia no reside en el individuo aislado, sino en la capacidad de cada profesional de alcanzar su máximo potencial dentro de una comunidad orientada al bien común. Así, la atención en emergencias trasciende el mero acto técnico para configurarse como un ejercicio ético y relacional, donde la gestión del conocimiento y la experiencia colectiva permiten construir respuestas institucionales más sólidas.

La experiencia acumulada en las últimas décadas demuestra que la acción coordinada entre médicos, enfermeras y técnicos en emergencias sanitarias es la clave de bóveda de la eficacia del sistema. Este avance ha sido posible gracias al desarrollo de procedimientos operativos comunes que estructuran la práctica clínica, reducen la variabilidad y refuerzan la seguridad del paciente. El trabajo en equipo, cuando se apoya en el consenso y en una cultura que valora cada aportación, deja de ser un simple recurso organizativo para convertirse en un componente estructural del éxito asistencial.

Los proyectos estratégicos de desarrollo en la organizaciones, que sitúan a los procedimientos como pieza esencial de la buena praxis, constituyen un claro ejemplo de construcción colectiva. Su implantación consolida modelos donde, por ejemplo, el personal de enfermería desempeña un papel activo, integrado y coordinado, nutriendo la toma de decisiones de la inteligencia colectiva. Estas herramientas no solo ordenan la actuación clínica, sino que generan confianza mutua y facilitan una cultura de colaboración basada en el respeto competencial y la responsabilidad compartida.

A lo largo de mi experiencia profesional de más de treinta años, he constatado que uno de los motores en la evolución de estos sistemas es el reconocimiento de la autonomía técnica y científica de los profesionales, tal como consagra la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias. Esta autonomía no debe entenderse como una práctica aislada sino como parte que, bien ensamblada, garantiza la coherencia asistencial. Un enfoque de esta naturaleza requiere una gestión madura y participativa que permita a cada profesional ejercer plenamente sus competencias en favor de las fortalezas del sistema.

Lejos de buscar el mérito individual o de caer en conflictos corporativistas que tensionan al equipo como si de una confrontación de bandos se tratase, el verdadero crecimiento radica en crecer en cohesión interna. Para ello, es fundamental alienar a la organización con los principios del liderazgo transformacional, donde la influencia no se impone, sino que se construye a través del ejemplo, la confianza y la visión conjunta. Este enfoque favorece el desarrollo de modelos asistenciales más resilientes y adaptativos, evocando la idea kantiana de la autonomía como el ejercicio responsable del deber dentro de las normas compartidas.

Los consensos no limitan la actuación profesional; al contrario, proporcionan un marco de referencia que dota de seguridad a la toma de decisiones en entornos de alta presión e incertidumbre. Su fortaleza reside, precisamente, en haber sido diseñados integrando todas las miradas del sistema, lo que favorece su aceptación, aplicación y mejora continua, permitiendo a los equipos trabajar desde la previsión y la preparación.

Por su parte, la incorporación de sistemas de apoyo remoto como los centros coordinadores, verdadero alma mater de las emergencias, representa una oportunidad histórica para optimizar la supervisión clínica y la gestión de recursos. No obstante, su eficacia depende de circuitos de comunicación nítidos y de una cultura organizativa que priorice el diálogo. Resulta imprescindible hallar un equilibrio entre la coordinación centralizada y la capacidad de respuesta autónoma de los equipos sobre el terreno, integrando liderazgos que promuevan la participación activa de todos los profesionales.

El futuro de la atención a las urgencias y emergencias pasa inevitablemente por reforzar los espacios de encuentro, avanzando hacia un modelo plenamente inclusivo. Solo desde una visión integradora será posible afrontar los desafíos del envejecimiento poblacional, la cronicidad y el aumento sostenido de la demanda asistencial.

En conclusión, el trabajo en equipo, el empoderamiento de todos los colectivos, la mejora del clima laboral y el desarrollo de marcos procedimentales sólidos y consensuados deben constituir una prioridad. Estos elementos han de converger con una gestión eficiente y participativa, fruto de un verdadero proceso de discernimiento comunitario. Solo mediante la cooperación, el reconocimiento mutuo y la construcción compartida será posible ofrecer una atención sanitaria de calidad, segura y humana, adaptada a las necesidades de los pacientes y sus familias. Avanzar juntos no es únicamente un objetivo organizativo; es un imperativo ético y profesional.
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