Opinión

A las puertas del MIR 2026 (y del EIR, FIR, PIR, QIR, BIR y RFIR)


José Curbelo, docente médico en la Universidad Francisco de Vitoria

23 enero 2026. 07.00H
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Me dirijo a ti en estos difíciles momentos. En estas horas bajas, las sombras se ciernen sobre nuestro camino. El aciago instante para el cual hemos trabajado tantos meses -años, en realidad- se asoma como un abismo insoslayable. El enemigo, hasta ahora una difusa silueta en el horizonte, por fin ha tomado forma y número. Eres tú frente a 210. Pero a pesar de que la estadística juega en nuestra contra, queda nuestra resignada calma.

La adversidad no nos resulta novedosa. No sería justo presentarla ahora como algo nuevo. La conocimos pronto: en aulas de la facultad, en exámenes del grado, en planes docentes cambiantes, en los pasillos de los hospitales. Y llegó a su máximo esplendor en una convocatoria mal explicada y peor organizada, en simulacros imposibles, en percentiles absurdos, en comparaciones inevitables y en domingos robados a la vida.

Y, aun así, aquí estás.Con el semblante despejado y la mano en la empuñadura, te has entregado a esta lucha con todo tu esfuerzo y dedicación. Habiendo dado tanto, solo podemos sentirnos orgullosos. Nos encomendamos a la fortuna, pero sabiendo que no todo depende de ella. Mucho has trabajado en esta batalla amarga, y aun cuando los astros decidan no alinearse del todo, estás más preparad@ que nunca para aguantar la embestida.


¿Qué puede uno hacer a estas alturas?


Cuando ya se oyen los tambores lejanos, cuando se atisba el olor a pólvora, cuando la tierra seca clama por ser regada con la sangre de los inocentes -o, al menos, con sus lágrimas-, sólo nos queda esperar. Y que la espera sea serena. Que sea la calma de un oasis en medio del desierto hostil.

Nada hay más importante ahora que mantener la tranquilidad. No aprenderás nada nuevo esta noche. No cambiarás tu destino por repasar una tabla más. Pero sí puedes cambiarlo descansando, respirando y recordando quién eras cuando empezaste.

Porque empezaste queriendo cuidar a otros. No queriendo tachar respuestas, ni memorizar porcentajes, ni competir contra miles de desconocidos igualmente agotados. Empezaste con una ilusión limpia, y aunque el camino haya sido áspero, esa intención sigue ahí, intacta, aunque ahora cueste verla. Esto es sólo un escollo más hacia la cima.

No es tiempo para desfallecer, ni para el miedo o la desesperanza. Al contrario, amigo mío: fuerza, valor y templanza. Has sobrevivido a la carrera, a la preparación, al sistema y, sobre todo: a tus propias dudas. Mañana es sólo un trámite más.

Y recuerda algo más: pase lo que pase mañana, es solo un examen. Ocurra lo que ocurra, el domingo volverá a salir el sol. Y tú seguirás siendo médico. El MIR podrá decir muchas cosas, pero no define quién eres ni por qué llegaste hasta aquí. Y que eso sea tu armadura.

Ánimo y coraje. A estas alturas, "no queda sino batirnos".

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