Opinión

Cómo sobrevivir a la pandemia en Latinoamérica


Gema González López Psicóloga Clínica, Profesora de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno ( Bolivia); Miguel Souto Bayarri, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela; y Gaspar Llamazares Trigo, médico y analista político
Firmas

05 junio 2020. 13.00H
Se lee en 13 minutos
Me llevaron a un hospital de gente, supuestamente

...en este hospital no hay luz para un electrocardiograma

...los médicos se fueron

...el alcohol se lo bebieron

...el hilo de coser fue bordado en un mantel

... porque es muy duro pasar el Niágara en bicicleta

... No me digan que las aspirinas cambian de color....

Juan Luis Guerra
Cantautor dominicano de 'El Niágara en bicicleta', 1998



La enfermedad por el nuevo coronavirus se manifiesta en Wuhan a finales de 2019 y rápidamente comienza a propagarse por los países vecinos, llega a Europa en febrero, se propaga por diferentes países, y pasa a Estados Unidos, donde la propagación lleva a afectar a más 100.000 ciudadanos, llegándose a considerar que uno de cada cuatro contagiados del mundo es norteamericano.

Estamos en marzo de 2020, llega a Latinoamérica, en contra de toda previsión, y el Covid-19 comienza a propagarse poco a poco, lentamente, por toda la región. Guayacamil recibe a su ciudadano de España, el primer caso en Ecuador, y esto llena de miedo y terror a la población: cómo olvidar esos coches en la pista de aterrizaje evitando el aterrizaje del avión español en busca de los repatriados.

Enseguida siguen Brasil, México, Perú, Uruguay, Bolivia, Colombia, Venezuela, Nicaragua... Y es que en América Latina se van enfrentado a la pandemia de diferentes maneras: uniéndose en Uruguay, enfrentándose oposición con oficialismo en Bolivia, negando en Nicaragua; infravalorando la enfermedad y priorizando la economía en Brasil... Si el Covid- 19 se desarrolló más lentamente que en los otros continentes del mundo fue por las fuertes y anticipadas medidas que aplicaron ciertos gobiernos al ver lo que pasaba en Europa: cierre de aeropuertos, prohibición de circulación de vehículos, salida un día a la semana para abastecerse por 5 horas... pero Bolsonaro y Ortega en contra de lo que mantiene la Organización Mundial de la Salud (OMS) se oponen al confinamiento, dizque para mantener la economía.

Este coronavirus llegó con características singulares; rápida propagación y manifestaciones variadas: de forma grave entre los ancianos, con muerte o sin síntomas. Sin embargo, en América Latina se ha mostrado de diferentes formas: frente a una forma paulatina en las grandes urbes con hacinamiento, una lenta propagación en las despobladas zonas rurales. En cuanto a la franja de edad con mayor gravedad y mortandad, América Latina está de suerte al contar con una población demográficamente joven. Es precisamente por este perfil demográfico por lo que se supone que habrá menos muertes que en Europa.

Pero un agravante en la región fue que el virus llego a muchos países que, con sistemas de salud históricamente deficientes, estaban enfrentando epidemias de dengue e influenza, además de las cotidianas diarreas infantiles, diabetes, cánceres, con lo que esto significa en términos de dificultades de atención y acceso a la medicación adecuada. No hay que olvidar que América latina cuenta con unos sistemas sanitarios públicos que nada tienen que ver con los europeos. La falta de especialistas, de infraestructura, de insumos.

"Es difícil desarrollar en pocas semanas lo que nunca antes se hizo y disponiendo de especialistas, enfermeras y demás personal sanitario que al verse sin protección ni apoyo renuncian a sus cargos"

Además, los servicios de salud no siempre reaccionan ante la solicitud de los ciudadanos y si lo hacen es de manera lenta, con tardanza, en los resultados de los tests que no siempre están al alcance, en la asistencia. Las autoridades argumentan que con el rápido contagio del Covid-19 no dio tiempo para que los hospitalesse equipen: no ha habido tiempo ni recursos para dotar de estructura y recursos a sistemas sanitarios que nunca llegaron a desarrollarse. Es difícil desarrollar en pocas semanas lo que nunca antes se hizo y disponiendo de especialistas, enfermeras y demás personal sanitario que al verse sin protección ni apoyo renuncian a sus cargos. Se dispone de sistemas sanitarios que parecen imposibilitados a cambiar, como si no quisieran mejorar. Al echar la mirada hacia atrás se ven gobiernos que pasaron uno tras otro sin hacer las transformaciones necesarias para hacer valer el derecho a la salud.

Por otro lado, están las siempre existentes clínicas privadas, que sí tuvieron tiempo para prepararse y adaptarse para recibir a pacientes con covid-19 y quienes para poder ser recibidos tienen que dejar cuantiosos depósitos, o no los atienden. Se hace necesario que los gobiernos controlen estas clínicas privadas para evitar la usura en estos momentos de crisis sanitaria.

Son cotidianas las historias de impotencia de personas que luchan por su vida mientras se enfrentan a la negligencia del sistema sanitario que llega a extremos como no recibir a enfermos en los hospitales o no atender al paciente hospitalizado por falta de profesionales: pacientes que con disponibilidad de respiradores mueren por falta de médicos, o que mueren al ser conectados a respiradores que no funcionan. Difícil hacer algo en hospitales sin condiciones ni equipamiento... y es que con el Covid-19 destaca lo que antes era normal, se denuncia lo que antes se asumía... la incertidumbre no llegó con esta pandemia, la población no sabe ni el número de respiradores que hay. Las autoridades informan que comenzarán a usar diez respiradores que tenían guardados. En plena pandemia y los tenían “guardados”. La ayuda de los gobiernos, como era lo esperado, resulta insuficiente y, mientras, el personal sanitario se aísla tras recibir su primer caso de Covid-19 por miedo a la enfermedad y por las difíciles condiciones laborales que arrastran desde hace años. Otros, incluso positivos, siguen trabajando... la ciudadanía sigue dependiendo de que sus dioses o quizá la pachamama estén de su lado y los bendigan cuando la necesidad sanitaria aparezca... cuánta impotenciavacumulada al despedir al hijo, hermano, madre... cuánto dolor añadido.

La OMS informa: América Latina ya superó en infecciones diarias a Estados Unidos y Europa. La Organización Panamericana de la Salud acaba de avisar que América Latina es en la actualidad el nuevo epicentro de la pandemia de covid-19. La BBC informa (21.05.20) que en Sao Paulo la cifra de fallecimientos por Covid-19 sube el 485% desde que el Departamento de Salud ha empezado a tomar datos.  El alza de casos también se da en México, Chile, Perú, Bolivia...

Saber cuál es la dimensión real del coronavirus en algunos países donde no se hacen test de diagnóstico y donde no se reciben a enfermos en los servicios sanitarios resulta extremadamente difícil. Solo se saca el dato de los pocos casos que tienen acceso a la prueba, esto reduce artificialmente la pandemia y no refleja la realidad de nuestros países latinoamericanos. En varios, a pesar del crecimiento de las cifras de contagios y fallecimientos para las próximas semanas, la incertidumbre económica lleva a la reapertura de actividades, y aunque desde ciertos movimientos políticos y económicos se ve como positivo, desde la sanidad se toma con gran preocupación.

A la pandemia de coronavirus se suma la precariedad de América Latina


A la desgracia de la enfermedad se suma en mucha población la inestable situación económica: viviendas precarias constituidas en demasiados casos por un cuarto donde vive hacinada la familia, posiblemente sin agua, con escasas medidas de salubridad en el barrio, que aumentan en estos tiempos de pandemia el riesgo a la enfermedad. Y, además, es que una de las principales consecuencias de esta pandemia, favorecida por el confinamiento, es la crisis económica. La pérdida o precariedad de empleo, la falta de medios económicos han llevado a muchos a las calles a buscar recursos, sin olvidar que en la región latinoamericana se cuenta con una económica en la que según la Organización Internacional del Trabajo más del 53% del trabajo es informal.

La Organización Internacional del Trabajo informa del crecimiento del desempleo y prevé que hasta 1600 millones de personas pueden llegar a perderlo, lo que supondrá la pérdida de recursos de vivienda, alimentación y sanitarios de muchas familias, lo que les llevara a una situación de mayor vulnerabilidad y desamparo total. David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos, señaló a la ONU que después del peligro de enfermar por el covid-19 las personas se enfrentarán a una “hambruna de proporciones bíblicas” si los gobiernos no hacen algo, y advierte que será en los países en vías de desarrollo donde esto se dé con mayor crudeza y en pocos meses. De hecho, en abril, la ONU ya ha comenzado a advertir de que el mundo está al borde de una pandemia alimentaria. Según crezca la pandemia, más pobreza y hambre tendrán muchos. Se necesita que los gobiernos realicen y mantengan políticas de apoyo y solidaridad hacia los grupos más vulnerables de su población: infancia y adolescencia, vejez, pueblos indígenas, enfermos crónicos, desempleados, etcétera. UNICEF recomienda que se fortalezcan las políticas de protección social a medio y largo plazo. Tal es la magnitud, que esta pandemia puede que ayude a visualizar la crónica desigualdad socioeconómica de América Latina.

En los países más avanzados, desde que comenzó el confinamiento por la pandemia del Covid-19, se han implementado programas de ayuda a hogares y empresas con la finalidad de evitar el colapso económico. Los gobiernos de los  países latinoamericanos han dado ayudas, bonos, pero varios países de esta región son países considerados del tercer mundo, llamados en vías de desarrollo, “emergentes” como se los llama ahora, pero que como Torres señala no terminan de emerger nunca, están en una situación cada vez más dramática a pesar que no han llegado a su tasa más elevada de contagios.

El Fondo Monetario Internacional mantiene que la pandemia del Covid-19 ha llevado a muchos países del mundo a graves problemas sanitarios y económicos, pero sobre todo a estos países en desarrollo. Y es que se prevé que en los países pobres la economía se colapse y aunque se confía que haya, como siempre, donaciones y ayudas, son estos momentos tan difíciles para todos que los países más ricos están ocupados en recuperar sus propias economías.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) para América Latina y el Caribe señala que mientras el año pasado había 3,4 millones de personas en inseguridad alimentaria severa se prevé que puede llegar a 13,7 millones debido en gran parte al coronavirus.

"El confinamiento lleva más de dos meses en algunos países y UNICEF considera que está afectando dramáticamente a la población infantil y adolescente, que con la pobreza verá afectada su educación, pues para apoyar a su familia deberá dedicar tiempo y esfuerzo a una actividad laboral"

El confinamiento lleva más de dos meses en algunos países y UNICEF considera que está afectando dramáticamente a la población infantil y adolescente, que con la pobreza verá afectada su educación, pues para apoyar a su familia deberá dedicar tiempo y esfuerzo a una actividad laboral, sobre todo en países con legislación que permite el trabajo infantil autónomo desde los diez años y como empleados desde los doce. Se prevé que los daños sean numerosos, duraderos y afecten a sus derechos llevándolos a mayor desigualdad.

El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas y la asociación civil Acción contra el Hambre mencionan que uno de los efectos de la pandemia en Latinoamérica serán 29 millones de personas en situación de pobreza y calculan que 14 millones pueden quedar vulnerables al hambre y desnutrición, convirtiéndose en la mayor crisis del último siglo.

Por otro lado, en algunos países de América Latina, debido al confinamiento, han quedado pendientes procesos electorales: referéndum constitucional en Chile, legislativas y ejecutivas en Bolivia, llevando a conflictos y tensión social: la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (Bolivia) demanda al gobierno a flexibilizar la cuarentena pues la mayoría de residentes de esa ciudad viven del sector informal y como medida de presión hacen marchas pues niegan la enfermedad considerando que su sangre y alimentación les hace inmunes al Covid-19. En la zona de Chapare, en pleno confinamiento expulsan a los policías, hay subida de precios, escasez de combustible, falta de medidas de bioseguridad y son militares o funcionarios municipales los que hacen el control en las calles apoyados por dirigentes de sindicatos que niegan la enfermedad considerándola engaño de su gobierno, que, por otro lado los acusa de intereses por recuperar el poder y defender el negocio de la coca. Y lo peor de todo esto es que los conflictos sociales acompañan y agravan la pandemia, en los últimos días las altas cifras de contagio en el Chapare desgraciadamente no nos asombran, eran tristemente esperadas.

Peter Koening, ex miembro del Banco Mundial, nos avisa que a finales del año 2020 habrá más personas muertas de hambre, desesperación y suicidio que por el Covid-19. Insiste en que la gente pobre de cualquier lugar del mundo no puede vivir confinada, necesitan salir a trabajar para poder comer y si no lo hacen deberán robar o saquear. Por otro lado, Marta Lagos, fundadora y directora de Latinobarómetro, considera que más que hambruna para América Latina prevé revueltas pues la política sigue igual que hace 20 años, pero las sociedades ya exigen resultados.

Mientras tanto, en América Latina siguen creciendo los contagios; sin haber llegado al pico de la pandemia se ha convertido en la zona de mayor transmisión del coronavirus.

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Gaspar Llamazares Trigo, Gema González López y Miguel Souto Bayarri son autores del libro 'Salud: ¿derecho o negocio? Una defensa de la Sanidad Pública'

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