Opinión

Las formas son importantes para no dañar la relación médico-paciente


Editorial de Redacción Médica
EDITORIAL

10 abril 2026. 05.00H
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Lleva años el histórico sindicalista Patricio Martínez intentando que la relación médico-paciente sea reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad.

Razones no le faltan, desde luego, porque este vínculo es un pilar básico de cualquier sistema sanitario del mundo. En este espacio de encuentro se dan la mano confianza, conocimiento, humanización...

Pero estas semanas un velo está oscureciendo esta relación tan singular. La huelga planteada por algunos sindicatos para conseguir un estatuto médico propio, y su rechazo a que los pacientes medien entre ellos y el Ministerio de Sanidad, está debilitando ese nexo que se podría calificar como sagrado por su devenir histórico.

Los sindicatos médicos no están dimensionando qué supone su rechazo frontal al rol mediador de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). No estamos hablando de una representatividad menor; sin pacientes la Medicina tiene poco sentido. Son su primera razón de ser. Sin ellos no existe ni el acto médico.

Claro que las reivindicaciones profesionales deben tener cabida, y que es de justicia que atienda a su singularidad el nuevo texto del Estatuto Marco (aunque una relación estaturizada les condene a ser menos profesión liberal, pero ese es otro debate).

Sin embargo, los convocantes de la huelga deben tener en cuenta que negociar no es que se haga lo que yo quiero, sí o sí. Una negociación, por definición, debe tener matices, concesiones por ambas partes, y cuando las posturas son rígidas y se adentran en una vía muerta, es necesario que un tercero neutral ayude a conseguir el consenso.

Eso es lo que está tratando con la mejor de las intenciones la POP, que está siendo sometida a unas presiones que los pacientes no merecen soportar. Tampoco el desprestigio ni el desdén deben empañar su buena voluntad y su profesionalidad, que también la tiene esta Plataforma. Por eso las formas de los médicos huelguistas hacia esta gran casa de los pacientes no pueden tomarse a la ligera; la opinión pública les observa y pedirá cuentas en las consultas y mostradores de la sanidad si se menoscaba la relación médico-paciente.

El enfermo que llega a su cita con un especialista o una prueba diagnóstica puede entender un día que no se le atienda "porque el doctor está de huelga", pero más allá de ese margen de tolerancia está la preocupación por que una patología avanza, o los inconvenientes propios de cuando no te encuentras bien de salud; todos somos pacientes y podemos entenderlo fácilmente. Es una de las circunstancias que hacen especial a la profesión médica, que es vital para soportar y entender la sociedad del bienestar en la que vivimos.

Hasta ahora a los sindicatos promotores de los paros no les ha valido como mediador el Foro de la Profesión, ni el ámbito sindical oficial, y tampoco quieren reconocer esta nueva posibilidad más imparcial aún.

La ministra Mónica García dijo hace semanas que se estaba tomando a los pacientes como rehenes, en un símil que por sus connotaciones de privación de libertad no era especialmente afortunado; pero si los sindicatos huelguistas se empeñan en no moverse de sus peticiones, no permiten mediar a la POP y como justificación dan excusas ininteligibles, no solo van a menoscabar la relación médico-paciente, también van a ver cómo el buen nombre de la profesión médica se empaña a los ojos de quienes tiene una fe casi ciega en ellos, y las palabras de García pueden cobrar sentido en muchos oídos de la calle.
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