La profesión
enfermera en las últimas décadas ha tenido una
enorme transformación ligada a su evolución y progresión, sobre todo en el ámbito académico. El
plan Bolonia, que perseguía un Espacio Europeo de Educación Superior, se oficializó en el RD 1393/2007. A partir de ese momento, la diplomatura en Enfermería (tres años de estudios universitarios) se convirtió en Grado de Enfermería (cuatro años de estudios universitarios y 240 Créditos ECTS), posibilitando el acceso a programas de Máster (60-90 créditos ECTS) y Doctorado.
Estos cambios han supuesto
que la profesión enfermera tenga el máximo nivel académico e investigador, posicionándola igual que al resto de profesiones y posibilitando que las enfermeras y enfermeros puedan acceder a su desarrollo profesional completo como profesores universitarios, siendo decanos, catedráticos o rectores.
Sin embargo, está realidad en el ámbito de la Academia no se ha trasladado al ámbito laboral. Los puestos de trabajo asistenciales a los que pueden acceder las enfermeras en la actualidad fueron diseñados en los años 80 del siglo pasado y no se han actualizado a la realidad educativa y de formación que tienen las enfermeras hoy en día.
Esto está provocando, por un lado, una limitación clara en el desarrollo competencial y, por otro, impide que la profesión enfermera se despliegue con todo su potencial en el sistema de salud, aportando mayor valor, capacidad resolutiva en prevención y promoción de la salud a los ciudadanos, así como cuidados más avanzados a los pacientes atendidos.
Las enfermeras y enfermeros somos un ejército de la salud que cuenta con más de 300.000 profesionales en activo para aportar valor al sistema sanitario español, y esto debe optimizarse y aprovecharse mejor, por eso es necesario un cambio de modelo.
El modelo de profesión enfermera en estos momentos contempla enfermeras generalistas y enfermeras especialistas. Tanto el Ministerio de Sanidad como las Consejerías de Sanidad a nivel autonómico tienen que dar un paso al frente y apostar por un nuevo Modelo de Profesión Enfermera, donde haya enfermeras generalistas, enfermeras especialistas y se permita la aparición de una nueva figura reconocida formalmente: las enfermeras de práctica avanzada.
Las especialidades de Enfermería en vigor en estos momentos derivan del RD 450/2005, donde se planteaban siete: Ginecología y Obstetricia, Familiar y Comunitaria, Pediatría, Salud Mental, Trabajo, Geriatría y Médico Quirúrgica. 21 años después de publicarse el Real Decreto solo se han desarrollado seis, dado que la especialidad de Enfermería Médico Quirúrgica no se ha ejecutado ni se tiene previsión de hacerlo. Hay que resaltar que las otras seis especialidades están a medio implantar en todo el territorio nacional, ya que hay comunidades autónomas que no tienen creadas las categorías profesionales de enfermeras especialistas en su totalidad. En el caso de la especialidad de matrona sí existe como categoría profesional en todas las CC.AA. porque es una directiva europea la que lo exige. Estoy convencido de que, si no fuese así, pasaría con las matronas lo mismo que con el resto de las especialidades, que
estaría a voluntad de los gobernantes a nivel regional y cada CC.AA. su implementación total.
Las plazas que se convocan para formación anualmente son claramente insuficientes. En 2026 se han convocado 2.279 plazas para todo el territorio español. Además, las enfermeras formadas vía EIR como especialistas no tienen prioridad para ocupar los puestos de trabajo en dichas especialidades, encontrándose la paradoja de que una vez formadas, por ejemplo, en Enfermería Familiar y Comunitaria, son contratadas como enfermeras de hospital en Medicina Interna o Urgencias.
También pasa con la enfermera especialista en Geriatría, que acaba trabajando en el área quirúrgica, dado que las contrataciones se realizan por bolsa de empleo donde se tiene en cuenta los méritos globales alcanzados y las especialidades no puntúan. Esto es, sin duda, un absoluto fraude y altamente desmotivador para las enfermeras que se han formado como especialistas.
Este nuevo modelo del que hablo debe permitir el desarrollo completo de las especialidades de enfermería existentes en la actualidad, con una implantación efectiva en todo el país de las categorías profesionales de enfermera especialista. Además, debe primar la incorporación de las enfermeras especializadas a las áreas donde se han formado y que realicen funciones acordes a sus competencias en puestos definidos para especialistas. Para llegar a esto, es necesario un reconocimiento real por parte de las administraciones sanitarias de las enfermeras especialistas. Este reconocimiento, por supuesto, pasa por un incremento de su retribución respecto a las generalistas; en la actualidad la diferencia de sueldo entre una enfermera generalista y especialista es, de media, de 60 euros al mes.
Asimismo,
es esencial que se busque el desarrollo y puesta en marcha de nuevas especialidades que son necesarias como la especialidad de Enfermería en Cuidados críticos, Urgencias y Emergencias, así como alguna otra más que dé respuesta a los cuidados de alta complejidad que existen en diferentes ámbitos sanitarios. No queremos muchas especialidades de Enfermería, pero si es necesario que se desarrollen dos o tres nuevas en estos momentos.
Hacer estos cambios una realidad es esencial para
que España pueda tener una Enfermería que brinde los mejores y más óptimos cuidados a la población, cada vez más envejecida y que necesita a las enfermeras para salvaguardar su salud y tener la mejor calidad de vida posible.
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