Independientemente de su adscripción ideológica, muchos, si no la mayoría de los observadores cualificados de nuestro
sistema sanitario, coinciden en reconocer que cada vez es menos capaz de dar una respuesta efectiva a las necesidades y expectativas de la población, a pesar de sus positivas características que todavía despiertan una comprensible admiración entre los
expertos sanitarios internacionales.
Una consideración que probablemente se acentúa como consecuencia de los problemas que padecen, en general, los sistemas sanitarios, y particularmente los de los países desarrollados, en los que la hegemonía individualista y el consumismo, entre otros motivos, ponen en jaque la viabilidad misma del
estado del bienestar y específicamente de los servicios sanitarios públicos.
Se acumulan las noticias sobre los problemas del sistema sanitario que resultan hasta abrumadoras en diversos ámbitos: deficiencias de recursos, accesibilidad (
listas de espera), desequilibrios territoriales, insatisfacción profesional y “burnout”, medicalización injustificada del deterioro del bienestar y la calidad de vida, descoordinación sanitaria y social, disponibilidad problemática de profesionales en diversos contextos de servicios y territoriales y hasta escándalos sobre comportamientos inadecuados e incluso delictivos en algunos ámbitos sensibles como la
gestión o, incluso, la
investigación.
Cuando en un sistema complejo --que no es solo complicado-- como la sanidad confluyen todos o buena parte de los problemas mencionados (y algunos que no se han citado) parece razonable plantearse si es adecuado abordarlos separadamente, quizás con la esperanza – o la ilusión-- de influir también positivamente sobre los restantes o si, por el contrario, se debe asumir que estamos ante un
deterioro del sistema en su conjunto, que menoscaba sus fundamentos conceptuales y estratégicos y que, por tanto, hace imprescindible un replanteamiento global para garantizar su viabilidad a medio y largo plazo.
En un artículo previo publicado en este medio (
'El declive de los servicios públicos en España y Europa') dejábamos constancia de su deterioro, pero hoy queremos compartir nuestras elucubraciones sobre la falta de determinación práctica de todos los implicados y en especial de nuestros lideres y
responsables políticos, una carencia que quizás sea una manifestación de impotencia frente a la gravedad de los problemas que nos afectan, debida a una desfavorable correlación de las fuerzas en acción o, tal vez, si se nos permite la licencia, de cierto diletantismo, condición que si bien se refiere formalmente a quienes “se dedican a una actividad artística por mera afición o placer” podría incluir también otros ámbitos de actividad como el de la
política sanitaria.
Un calificativo que quiere ser
más provocativo que ofensivo, porque lo que se pretende es estimular una reacción, imprescindible en nuestra opinión, para impedir que nuestro sistema sanitario—pilar destacado de nuestro estado del bienestar—acabe colapsando inexorablemente.
Pensamos que, además de adoptar medidas coyunturales para abordar problemas determinados, es preciso replantearse los aspectos globales y estratégicos, de la
atención sanitaria y social en el siglo XXI. Sin que el abordaje de los problemas urgentes – aparentemente al menos— no impida afrontar oportunamente las cuestiones importantes, que al final resultan decisivas para el conjunto.
Sin una enérgica y rigurosa reflexión conceptual que promueva un planteamiento estratégico movilizador de las
fuerzas políticas y sociales que priorizan disponer de un sistema sanitario efectivo, eficiente, equitativo y seguro, nos parece que será muy difícil o imposible evitar su desintegración.
Porque cuando los problemas no solamente no decrecen sino que, por el contrario, se acumulan exponencialmente ajenos a los remedios parciales nos parece imperativo plantearse la idoneidad del
diseño y orientación del sistema en su conjunto y abandonar definitivamente una tempestad ineficaz de movimientos que enmascaran tanto la impotencia como el diletantismo.
Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en Redacción Médica está editada y elaborada por periodistas. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario.