Son legión los
líderes y gobernantes que a lo largo y ancho de la historia no solamente han tenido la tentación de matar al mensajero, si no que han caído en ella y lo han ejecutado inmediatamente después de escuchar las noticias de las que era portador.
Muchos, incluso han actuado preventivamente y lo han silenciado para siempre antes de que pudiera completar su peligrosa labor.
En los tiempos actuales, dominados por la
globalización informativa, en los que cualquier noticia más o menos significativa que se produzca en el lugar más recóndito del planeta es conocida casi de forma inmediata en todos sus confines es imposible yugular la
transmisión de los mensajes y eliminar físicamente al ingente número de mensajeros que los difunden a través de los modernos y rápidos
canales de comunicación.
Pero a pesar de ello hay personajes poderosos política y económicamente que pretenden interferir en el proceso. Dentro de este colectivo los hay, incluso, que se convierten en
fuentes primarias de noticias falsas, bulos, que, con la misma o mayor celeridad que las verdaderas, invaden los medios de comunicación y las redes sociales.
La segunda llegada a la presidencia de los
Estados Unidos de Norteamérica del magnate
Donald Trump y la conformación de su gabinete, en el que proliferan personajes multimillonarios que manejan grandes cantidades de recursos económicos y redes sociales de utilización masiva, ha supuesto una combinación simbiótica de poderes: político, económico y de medios de comunicación.
Tras la toma de posesión del Sr. Trump no ha pasado día, incluyendo los festivos, en que no se haya dedicado a firmar
órdenes ejecutivas presidenciales con el propósito de operativizar lo antes posible las medidas principales contenidas en su programa electoral y dirigidas a todos los ámbitos, desde la
población inmigrante a la imposición de
aranceles a las importaciones, por poner solamente dos ejemplos.
En este contexto de actividad ejecutiva febril era inevitable que algunas de estas medidas afectaran a la
política sanitaria y a determinados organismos del sistema.
"Estamos ingresando en una nueva época en la que los muy poderosos, como aquellos reyes de la antigüedad que antes de recibir al fatigado mensajero ya tenían decidido asesinarlo, quieren ejercer un poder omnímodo y directo, sin barreras democráticas"
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En el primer ámbito, con un
secretario de Estado de Salud y Servicios Humanos de la esfera
negacionista, conspiranoico y antivacunas, hay que resaltar la proclamación cuasi medieval de la existencia de dos únicas identidades de género. Entre las que afectan a los organismos del sistema resaltan algunas con importantes repercusiones a nivel mundial, como la decisión de abandonar la
Organización Mundial de la Salud (OMS) o la de intervenir, coartándola, la independencia de organismos tan prestigiosos y útiles a nivel mundial como el CDC (
Center for Disease Control and Prevention) institución de referencia en la emisión de información científica acerca de enfermedades de gran relevancia y que, por las órdenes ejecutivas del gobierno Trump, incluso ha dejado de publicar durante dos semanas de enero su documento
Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR), de consulta habitual por los sanitarios de todo el mundo.
Este tipo de medidas, entre las que los ejemplos citados forman un núcleo reducido de las que ya ha tomado la administración Trump, mucho nos tememos que irán incrementándose a corto y medio plazo. La salida de la OMS y las coerciones inadmisibles ejercidas sobre el CDC son expresiones de un
ejercicio del poder basado en la posverdad y con ella en las propias convicciones y sentimientos, con independencia del grado de ajuste a la realidad y
evidencia científica que contengan.
Todo indica que estamos ingresando en una nueva época en la que los muy poderosos, como aquellos reyes de la antigüedad que antes de recibir al fatigado mensajero que llegaba al palacio tras recorrer a veces largas distancias y sufrir penurias sin cuento, ya tenían decidido asesinarlo con independencia de si era portador de buenas o malas noticias, quieren
ejercer un poder omnímodo y directo, sin barreras democráticas, tanto sobre los acontecimientos verdaderos o falsos como sobre los medios de comunicación y las redes sociales, los mensajeros. La salida de la OMS y las restricciones iniciales impuestas al CDC señaladas previamente son evidencias alarmantes, y eso que
solamente estamos en el principio.
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