Opinión

Salud laboral ante el cambio climático ¿Pronóstico o realidad?


Alfredo Iglesias López, doctor ingeniero de Minas, académico correspondiente de la Real Academia de Doctores de España; y consultor internacional
Firmas

30 enero 2026. 05.05H
Se lee en 4 minutos
A menudo escuchamos que el cambio climático "llegará" o que debemos prepararnos para lo que "vendrá" en 2030 o 2050. Sin embargo, la realidad científica es mucho más tajante: el cambio de clima es un hecho absoluto en el que ya estamos inmersos. No es una opinión, es una correlación matemática.

Durante 40.000 años, el CO2 se mantuvo estable por debajo de las 280 mg/l; hoy, tras el vertiginoso desarrollo industrial del último siglo, se alcanzaron los 425 ppm en 2025. Estamos ante un fenómeno que crece de forma exponencial y que ha sobrepasado la capacidad de la Tierra para depurarse a sí misma.

Abandonarse al catastrofismo o al negacionismo es, en mi opinión, sentir pasión por la derrota.

No podemos permitirnos el lujo de la inacción cuando tenemos el conocimiento para investigar y los mecanismos para actuar. Pero actuar requiere entender que este no es un problema de un solo especialista; es un desafío transdisciplinar que requiere de médicos, ingenieros, biólogos y prevencionistas, aunque seguramente también haga falta algún otro perfil cualificado.

El impacto en el trabajo: Salud y Seguridad Laboral


En el ámbito de la Prevención de Riesgos Laborales (PRL), el cambio climático introduce variables que hasta ahora eran secundarias. La diferencia entre un ciudadano y un trabajador es la exposición obligatoria. Mientras uno puede buscar refugio, el trabajador del sector agrario, el de la construcción o las emergencias se enfrenta a la intemperie como condición de su oficio.

Los riesgos se dividen en cuatro frentes críticos que todo empresario y técnico debe conocer:

  • El estrés térmico y eventos extremos: No solo hablamos de golpes de calor. Hablamos de inundaciones y avenidas más frecuentes y violentas,. Ahí está el ejemplo del río Júcar, el "devastador" que le llamaron los árabes hace siglos, y por desgracia se comprobó en octubre de 2024)
  • Degradación atmosférica: Los anticiclones estivales crean "boinas" de contaminación persistente que afectan gravemente a quienes trabajan en el exterior
  • Vectores biológicos: El aumento de solo 2 o 3 grados acelera los ciclos de incubación de mosquitos y garrapatas. El dengue o la malaria ya no son riesgos exclusivos de latitudes lejanas; son riesgos que viajan hacia el norte con el termómetro
  • Calidad hídrica: Las altas temperaturas ralentizan la depuración natural de los ríos, incrementando la carga patógena en el agua y el riesgo de enfermedades gastrointestinales.

La Ética Ambiental como estrategia de futuro ¿Qué pueden hacer las empresas?


La respuesta no es solo cumplir la ley, que ya es imperativo (como el reciente RD 4/2023 sobre trabajos en episodios de calor extremo), sino abrazar una ética ambiental.

La sostenibilidad empresarial hoy pasa por tres pilares:

  • Gestión de recursos: Ahorrar, importar con criterio o, mejor aún, reutilizar el agua y generar energía independiente
  • Protección de la población sensible: La prevención debe ser "persona a persona". Debemos cuidar especialmente a los trabajadores con patologías previas, a las embarazadas —vulnerables a los efectos cíclicos de las olas de calor— y a quienes tienen barreras lingüísticas que impiden una correcta formación en seguridad
  • Compromiso con la huella de carbono: No es un trámite aburrido; es la contabilidad de nuestra supervivencia

Prevenir es mejor que curar, y educar es mejor que imponer. Sin educación no hay futuro, y la prevención es la acción suprema para un desarrollo que sea, de verdad, sostenible y saludable. El cambio climático nos ha puesto a prueba, pero el conocimiento es nuestro mejor escudo. No nos conformemos con sobrevivir al clima; aprendamos a trabajar y a prosperar en armonía con él.
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