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El médico que 'superó' un trasplante gracias al amor: "Soy un afortunado"

Juan Luis Arévalo, también enfermero, pasó nueve días en la UCI que le hicieron vivir vivencias extracorpóreas

El médico y enfermero Juan Luis Arévalo.

21 feb 2026. 18.40H
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"He sido la persona más afortunada que hay sobre la tierra". Así describe su vida en una frase Juan Luis Arévalo, un cacereño que emigró a Galicia para cumplir un sueño: ser médico. Y no es para menos. A su espalda, un infarto masivo y un trasplante, dos episodios que narra en su libro Trasplantado.

Aun así, para llegar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), tuvo que superar grandes retos. Una situación económica mala en casa, sus malas notas en secundaria, una mala experiencia en el colegio... Pero nada pudo pararle.

Al principio, el objetivo parecía imposible, pero el futuro no dijo lo mismo. "Tuve que trabajar con mi padre muchas horas", afirma a Redacción Médica. Sin embargo, la vida le sonrió: "Una de mis hermanas se casó con un hombre de Muros y me propuso que les acompañara".

De Extremadura a Galicia: objetivo Medicina


El primer año fue duro para él. "No tenía amigos. Estaba malviviendo en una pensión. La gente no me entendía por el idioma, ya que decía que vocalizara. Me quedaron dos asignaturas de COU (Curso de Orientación Universitaria)", añade. Aunque sin aprobar ambas materias no podía hacer selectividad, optó por una vía diferente gracias a los consejos del padre de un amigo suyo: diplomarse en Enfermería.

Porque sí, la sanidad siempre ha estado presente en la vida de Juan Luis. Desde sus 18 años hasta ahora, que cumple más de 70 años. "Todo el mundo me dice que soy joven", dice entre risas.

Por fin empezó la carrera de Medicina, lo que sería el comienzo de una vida con el amor como coprotagonista. Un amor con nombre: Emilia, la mujer que estuvo con él desde la carrera hasta la vejez. "Sin amor no somos nada", admite.

Pasaron los años y en tercero tuvo que dejar sus estudios para atender a las necesidades del Estado. En Madrid le esperaba lo que vulgarmente conocemos como 'mili'. Algo que tampoco le paró. "Al volver, Emilia y yo empezamos una nueva vida. Me casé a los 27 y monté una consulta de Enfermería en A Coruña", apunta el facultativo.

Dejar su labor como enfermero para dedicarse a la Medicina


Su aventura como 'autónomo' duró años. "Me pateé todo el barrio, y ahí la clínica empezó a funcionar", explica. Eso sí, le quedaban dos cursos de Medicina por acabar, y aunque fue complicado para él, lo consiguió. "Lo logré gracias a mi mujer. Desde los 22, que fue cuando la conocí, hasta el problema del trasplante, creamos un vínculo bestial", insiste. Aunque también lo logró gracias a estudiar "desde las cuatro de la tarde hasta las diez de la noche y desde las doche de la noche hasta las siete de la mañana".

En cuanto acabó la licenciatura, llegó el momento de elegir especialidad. "Yo me presenté al examen MIR por presentarme. Respondí a todas las preguntas y quedé en el puesto 12.000 de los 15.000 que éramos en aquellas. Yo no quería ser especialista", subraya. El facultativo prefirió seguir con su clínica de Enfermería y compaginar esa labor con la Medicina. "Salía de las guardias de 16 y 24 horas e iba a A Coruña a hacer domicilios. Tenía que estar disponible las 24 horas del día", anota. Todo iba bien, pero algo le dijo que debía elegir.

"Le fallé a un paciente y en ese momento me di cuenta. Decidí dedicarme de pleno a la Medicina", señala. Ejerció como médico de Urgencias en Fene y cubrió varias bajas.

Un antes y un después en la vida de un médico


En adelante, días de sonrisas. Horas haciendo lo que más le gustaba: atender a la gente. Hasta que llegó el día. "Tuve un infarto masivo y quedé derrotado. El cuerpo avisa y la mente niega", recuerda. Juan Luis, con 43 años, estaba con un compañero suyo en consulta y empezó a encontrarse mal, algo no iba bien. "Tuve un dolor en el pecho horrible. A mi la vida me salvó. Tenía que haber muerto cuando me dio el infarto, que llegó a ser de dos minutos", narra.

Por culpa de ese horroroso hecho, el médico tuvo que convertirse en paciente y recibir un trasplante urgente, lo que le llevó a estar nueve días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). "Tuve todo tipo de vivencias, desde experiencias extracorpóreas hasta una reencarnación", cuenta. Según explica, experimentó en sus propias carnes una escena de principios del siglo XIX. "Yo la doy por buena. Sé que la viví porque hasta notaba frío", añade. Eso sí, odió la Medicina durante esos días, aunque opina que su experiencia como facultativo le ayudó mucho.

Una vez superó esa situación, se dedicó por completo a la Medicina preventiva. "Abrí un centro de reconocimientos y monté un congreso de seguridad vial", anota. Ahora, con más de 70 años, ha tenido que parar, aunque es "un hombre muy activo".

Para Juan Luis, su vida es "como si estuviera escrita". Y lo más importante de todo... sin amor, él no sería lo que es. "He sido la persona más afortunada que hay sobre la tierra", insiste. 

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