El colapso de las urgencias pediátricas no siempre nace de la gravedad, sino de la incertidumbre. En el Complejo Asistencial Universitario de León (Caule), el médico residente Darío Valdés ha identificado un patrón recurrente: familias que acuden al hospital buscando la seguridad que no encuentran en un sistema de Atención Primaria tensionado o en una red saturada de mitos. Ante esta realidad, Valdés ha saltado a la arena digital como divulgador con el ánimo de traducir la bibliografía científica al lenguaje de las redes sociales para ofrecer "información sencilla y basada en evidencia a las familias, incluso antes de que lleguen a la consulta".
La propia observación clínica diaria hizo que este
MIR, acostumbrado a vivir el
pulso de las Urgencias y las plantas de Pediatría, detectara una repetición periódica de las dudas que formulaban los padres, empujados por una necesidad de
buscar respuestas inmediatas en un sistema en el que proliferan las listas de espera. Para el profesional, frases como
"En mi pueblo no hay pediatra todos los días" o "Nos dan cita para dentro de mucho tiempo" resultan ya habituales en las consultas donde desarrolla su formación y a las que acuden "preocupados por síntomas que no siempre requieren atención urgente, sino información clara y tranquilidad".
Diálogo vs confrontación
Esta falla asistencial, explica, hace de internet un "arma de doble filo" donde prácticas obsoletas y peligrosas, como el uso de paños con alcohol para bajar la fiebre, encuentran cabida entre la preocupación de los padres. "Por eso creo que la divulgación médica puede ser útil: para resolver dudas frecuentes sobre cuidados básicos y ayudar a que las familias sepan cuándo realmente es necesario acudir a un servicio de Urgencias", afirma, al ver el éxito que ha tenido combatir la desinformación con experiencia.
No obstante, la experiencia le ha enseñado que la confrontación directa no es la estrategia más adecuada, salvo en casos de fuerza mayor, donde se ponga en "riesgo la salud del niño". "Muchas veces resulta más útil explicar de forma sencilla qué dicen las recomendaciones médicas actuales y ofrecer alternativas basadas en la evidencia". El objetivo es que los padres desaprendan conceptos erróneos o refutados con el paso del tiempo a través de mensajes con la suficiente permeabilidad como para calar en su ideario. De hecho, "cuando los padres comprueban que esas medidas funcionan mejor, suelen adoptar esos cambios de forma natural, sin sentirse juzgados", expone el profesional.
Lo cierto es que uno de los puntos de fricción más complejos en el entorno digital es la convivencia entre profesionales sanitarios y perfiles de familias que comparten consejos de salud basados únicamente en su experiencia personal. Valdés matiza que, si bien hay espacio para la identificación con otros padres en escenarios similares, el riesgo surge cuando la anécdota, el consejo heredado o la recomendación sin base científica se viste de categoría médica. "En salud infantil es especialmente importante ser prudente con la información que se comparte, porque muchas familias toman decisiones basándose en lo que ven en redes", advierte el pediatra.
Barreras a la publicidad de productos infantiles
Para Valdés es fundamental que los contenidos relacionados con salud estén "basados en evidencia y que cada creador tenga claro cuáles son los límites de su ámbito". Una frontera que aboga por ensanchar cuando se trata de contenidos publicitarios dirigidos a este segmento, con el que conviene ser "especialmente prudente" dada su vulnerabilidad y el impacto directo que pueden tener las decisiones de los progenitores "en la salud y el desarrollo de sus hijos".
Por ello, es partidario de establecer "cierto control o regulación cuando se trata de contenidos relacionados con la salud infantil" en el terreno de las redes sociales, garantizando que los productos que se promocionan en este ámbito "estén alineados con las recomendaciones sanitarias y que la información que se ofrece sea clara y responsable", para que el bienestar del menor siempre prevalezca por encima de posibles intereses comerciales o engagement. Un escudo que exige, a todas luces, la participación activa de profesionales sanitarios y expertos en salud infantojuvenil a la hora de asegurar la fundamentación de dichas medidas en evidencia y trabajo clínico en Pediatría.
Talento y talante
En cualquier caso, Valdés asiente cuando le preguntan si ayuda un perfil de Instagram a vaciar las salas de espera, siempre y cuando, eso sí, se maneje el exceso de información actual con criterio. El reto reside en condensar la complejidad de la Medicina en formatos de vídeo de pocos segundos sin sacrificar el rigor, explica este profesional, cuyo método se centra en dos ejes: normalizar lo habitual -como el color de las heces en recién nacidos- y subrayar las señales rojas que exigen valoración médica inmediata, como la dificultad respiratoria o la deshidratación, para así 'filtrar' de forma telemática las visitas a Urgencias.
Un trabajo a tiempo parcial como 'influencer' que ya ha comenzado a dar sus resultades ante el número de familias que se autodenominan seguidoras de su perfil, 'Pediatría al Día', cuando acuden al hospital. Para Valdés, esto refuerza la idea de que la comunicación digital debe ser una competencia troncal en la formación médica. "Si los profesionales sanitarios no participamos en ese espacio, es muy probable que lo ocupen personas sin formación médica", advierte desde un enfoque de pragmatismo. Deben ser esas voces autorizadas, curtidas en un entorno exigente donde la observación predomina, las que guíen, de forma clínica y pedagógica, con talento y talante, a las familias en los innumerables momentos que acompañan a la crianza. "Al final no solo estás tratando a un paciente, estás cuidando lo más importante que tienen los padres: sus hijos".
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