La Revista

"La agricultura me permite tener flexibilidad horaria; una farmacia no"

Irene Nonay es farmacéutica, pero hace años decidió dedicar la mayor parte de su tiempo a los cultivos de su familia

La farmacéutica y agricultora Irene Nonay.

22 may 2021. 11.00H
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POR ROCÍO LÁZARO
Irene Nonay se crió en la rebotica de sus padres, así que cuando llegó el momento de elegir estudios lo tuvo claro: Farmacia en la Universidad de Navarra. Sin embargo, Nonay tenía también otra pasión: el campo. Reconoce que ya desde pequeña le gustaba observar cómo avanzaban los cultivos, un pasatiempo que quizá por aquel entonces ni ella misma podía imaginarse que finalmente terminaría convirtiéndose en su profesión. 

Actualmente trabaja como farmacéutica “por horas y realizando guardias” pero dedica la gran parte de su tiempo a la agricultura, tal y como cuenta a Redacción Médica. “Empecé a plantearme qué iba a pasar con los campos de almendros de mi abuelo y decidí que quería volver a mis orígenes, seguir con la tradición familiar y ampliar la extensión”, cuenta en relación al momento en el que decidió dejar en un segundo plano Farmacia y centrarse en el mundo agrícola.

Para ella, la mejor parte de ser agricultora es “estar en contacto con la naturaleza”. “Hay días duros que hace mucho frío y otros de mucho calor, pero para mí estar al aire libre es lo mejor”, asegura. Además, “el horario es completamente distinto comparado con trabajar en horario partido y de cara al público como sería en una farmacia”. Otra de las razones por la que decidió dar el paso, ya que “aunque en el campo hay días de mucho trabajo y de muchas horas seguidas, generalmente puedes organizarte y es más flexible”.

"La mejor parte de ser agricultora es el contacto directo con la naturaleza y poder tener horarios más flexibles. En una farmacia no lo tengo"



Sobre si alguna vez se ha arrepentido de tomar esta decisión, su respuesta es clara. “No me arrepiento en absoluto, es muy gratificante ver cómo crecen los árboles y estoy muy orgullosa de hacer lo mismo que hacían mi abuelo y mi bisabuelo” y asegura que compaginar las dos profesiones, ser farmacéutica con ser agrícola “es muy difícil”. “Es muy complicado compaginarlo, yo lo hago a costa de trabajar de lunes a domingo prácticamente todas las semanas” aunque espera poder dedicar “el 100% de su tiempo a la agricultura pronto”.

En cuanto a los prejuicios que todavía existen con las mujeres en el sector de la agricultura, reconoce que “todavía es una profesión muy masculinizada pero que cada vez son más mujeres en ella”. “Cuando alguien que no me conoce me ve labrando un campo o con un tractor se quedan mirándome como si fuera un extraterrestre”, asegura Nonay, que reconoce que todavía hay gente que no entiende que “habiendo estudiado una carrera quiera ser agrícola”. “A mí padre lo paran por la calle y le dicen que cómo va a ir al campo una señorita farmacéutica”, relata la agricultura.

A pesar de ello, Irene Nonay hace especial hincapié en que “tampoco hay que quedarse con estas cosas, cada uno tiene que hacer lo que le guste”. Y a ella lo que le gusta y en lo que está centrada ahora "es en sacar adelante los almendros que ha plantado nuevos” aunque asegura que su siguiente meta profesional es probar nuevos cultivos y comercializar sus propios productos. 


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