El
Colegio de Farmacéuticos de Madrid (COFM) protagonizará este domingo una jornada determinante para el futuro de la profesión. Los colegiados están llamados a
votar en las urnas por su candidato a presidir la institución colegial.
Manuel Martínez del Peral, María Magdalena del Campo y Noelia Tejedor se presentan como las tres grandes alternativas en un momento marcado por los grandes desafíos de la profesión. El futuro ganador no solo se encargará de defender los derechos de los farmacéuticos de la región, sino que también tendrá el reto de ser la voz de un sector que clama por nuevas competencias y más protección en las zonas rurales.
Noelia Tejedor se presenta a los comicios con un
discurso reformista para tratar de cambiar el rumbo del COFM. En una entrevista con
Redacción Médica, la farmacéutica con más de dos décadas de experiencia asistencial, ha avanzado algunos de los cambios que acometerá si llega a la presidencia. Un nuevo modelo de
servicios profesionales remunerados, la recuperación de la "influencia" o las nuevas iniciativas para garantizar la
rentabilidad de la farmacia comunitaria son algunas de sus señas de identidad. "Necesitamos un cambio real", ha apuntado.
¿Qué le ha llevado a tomar la decisión de presentarse a las elecciones para presidir el COFM?
Me presento porque creo que la farmacia madrileña necesita un cambio real. No podemos seguir con un Colegio alejado de los profesionales y con poca capacidad para defendernos en un entorno cada vez más exigente. En los últimos años hemos perdido influencia, presencia institucional y capacidad de respuesta, y eso ya se está traduciendo en más presión, menos reconocimiento y una clara amenaza a nuestro modelo profesional. Doy este paso para revertir esa situación. Necesitamos un Colegio fuerte, cercano y con voz, que defienda al farmacéutico sin complejos y que participe activamente donde se toman las decisiones.
Nos enfrentamos a retos importantes —nuevos operadores, pérdida de márgenes, salida de medicamentos de la farmacia— y no podemos afrontarlos desde la pasividad. Continuismo es este escenario, es inmovilismo. Y no nos lo podemos permitir.
Nuestra propuesta es clara: recuperar el peso del Colegio, defender el modelo farmacéutico con hechos y representar a todos los profesionales, sin excepciones. Me presento porque la farmacia merece más y porque es el momento de actuar.
¿Cómo definiría al equipo que le acompaña en su candidatura? ¿Qué perfiles podemos encontrarnos?
Es un equipo muy sólido, construido desde el talento y la experiencia, no desde cuotas ni etiquetas. Hemos priorizado perfiles con capacidad real de gestión, conocimiento profundo del sector y, sobre todo, compromiso con la profesión. Lo que define a esta candidatura es la combinación de trayectoria y visión. Hay perfiles con una amplia experiencia, acostumbrados a tomar decisiones y a liderar proyectos, junto con otros que aportan una mirada más actual y una gran capacidad de trabajo.
Además, es un equipo con un nivel formativo muy alto y una base científica y académica muy relevante, como se puede ver en las trayectorias profesionales de sus miembros. Pero más allá del currículum, lo importante es que todos comparten una misma idea: trabajar por un Colegio útil, activo y que realmente represente a los farmacéuticos.
No es un equipo de representación formal, es un equipo preparado para gobernar y para afrontar los retos que tiene por delante la profesión. Un equipo para avanzar.
¿Cómo valora el mandato de Martínez del Peral?
Inmovilista. El mandato, o más bien la ausencia de este, ha resultado profundamente decepcionante: se ha hablado mucho, pero el farmacéutico no ha percibido avances concretos ni mejoras reales en su práctica diaria.
No se han producido progresos en el desarrollo de la LOAF, ni se ha defendido con la firmeza necesaria el medicamento de uso animal. Tampoco se ha definido una estrategia clara orientada a un avance efectivo en la implantación de los servicios profesionales farmacéuticos (al revés, hemos retrocedido perdiendo la vacunación), ni se ha abordado la eliminación del cupón precinto. En definitiva, un mandato caracterizado por la falta de resultados tangibles: mucho discurso, pero escasa acción.
Además, la falta de transparencia ha sido evidente. Los presupuestos se presentan de forma agregada, y el presupuesto ejecutado de 2025 no está publicado. Así es muy difícil que los colegiados puedan conocer y evaluar la gestión.
Y hay un aspecto especialmente preocupante: lo que está ocurriendo en las asambleas. No se están garantizando mecanismos de participación libres. Se limita el uso de urnas y se fomenta el voto a mano alzada, lo que condiciona claramente la libertad del colegiado y genera una sensación de control que no debería existir en una institución profesional. Un Colegio no puede funcionar así. Tiene que ser transparente, abierto y garantizar la participación real de sus colegiados. Y, en este mandato, eso no ha ocurrido.
¿Cuáles son los principales ejes de su programa? ¿Por qué deben elegirle a usted?
Nuestro programa se articula en torno a cuatro grandes ejes: defensa firme del farmacéutico, desarrollo real del modelo asistencial, modernización del Colegio y mejora de la sostenibilidad de la farmacia comunitaria.
En primer lugar, es imprescindible recuperar una defensa clara y sin ambigüedades de la profesión, tanto frente a la Administración como ante cualquier injerencia externa. El farmacéutico necesita una representación fuerte, con capacidad de negociación y posicionamiento.
En segundo lugar, apostamos por un cambio de modelo: pasar del discurso a la implantación efectiva de los servicios profesionales farmacéuticos. Esto implica evidencia, remuneración y desarrollo normativo, pero también liderazgo para que estos servicios sean una realidad en Madrid, como ya lo son en otros entornos.
El tercer eje es la transformación del Colegio en una institución más útil, accesible y transparente, con una gestión abierta, participativa y orientada a resolver los problemas reales del colegiado.
Por último, abordamos una cuestión clave: la viabilidad económica de la farmacia comunitaria, impulsando medidas que mejoren su rentabilidad y refuercen su papel dentro del sistema sanitario.
¿Por qué elegir esta candidatura? Porque frente a modelos basados en la inercia, ofrecemos experiencia, conocimiento del sistema y una propuesta concreta para generar avances medibles. No se trata de prometer, sino de ejecutar.
¿Cuál cree que es la propuesta de su candidatura más diferencial en relación a las otras dos candidaturas?
La primera es el modelo de Colegio. Queremos acabar con la dinámica actual, en la que solo participan unos pocos. Apostamos por integrar todo el talento de la profesión, sin exclusiones, incorporando a farmacéuticos, universidades, sociedades científicas y otros agentes del sector en los procesos de decisión y negociación. Y hacerlo, además, con transparencia real, informando de forma clara a los colegiados de cómo avanzan las negociaciones y qué se está defendiendo en su nombre.
La segunda gran diferencia es la apuesta decidida por la formación y la investigación. En estos años no ha habido una estrategia sólida en este ámbito: la formación ha sido limitada y, en muchos casos, con un enfoque más comercial que profesional. Ahora que hay elecciones nos acordamos de los servicios, abandonados desde un punto formativo durante cuatro años. Nosotros planteamos un modelo de formación acreditada, de calidad y orientada al desarrollo real del farmacéutico, especialmente en áreas clave como los servicios profesionales, pero no únicamente. Hay que pensar en todas las modalidades de ejercicio profesional.
Además, incorporamos un eje que ha estado ausente: la investigación. Sin evidencia, no hay avance. Necesitamos generar datos clínicos y económicos que demuestren el valor de los servicios farmacéuticos. Solo así podremos avanzar hacia su reconocimiento y remuneración, apoyándonos tanto en estudios propios como en la evidencia ya existente a nivel nacional e internacional.
De cara al futuro, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta el COFM? ¿Cómo hará para superarlos?
El COFM se enfrenta a retos determinantes que marcarán el futuro de la profesión. El primero es el riesgo real de pérdida de competencias del farmacéutico, derivado de la falta de posicionamiento en los ámbitos donde se toman decisiones.
A esto se suma la amenaza de desconfiguración del modelo de farmacia y un problema creciente de fragmentación interna que debilita la capacidad de la profesión para avanzar de forma coordinada.
Junto a estos riesgos, persisten desafíos estructurales como la necesidad de evolucionar hacia un modelo más asistencial, garantizar la sostenibilidad económica de la farmacia comunitaria y transformar el Colegio en una institución más útil, transparente y alineada con las necesidades reales del colegiado.
La clave no está solo en identificar los problemas, sino en cómo abordarlos. Y aquí hay dos palancas fundamentales: formación e investigación.
Es imprescindible impulsar una formación independiente, acreditada y orientada al desarrollo profesional, alejándose de modelos excesivamente vinculados a intereses comerciales. Una formación que capacite al farmacéutico en competencias clínicas reales, que eleve el nivel de toda la profesión y que permita asumir con solvencia nuevos roles asistenciales.
En paralelo, la investigación debe ocupar un papel central. Necesitamos generar evidencia desde la propia farmacia comunitaria, con datos sólidos que respalden nuestras intervenciones, demuestren su impacto en salud y refuercen nuestra posición ante la Administración y el resto de los profesionales sanitarios. A partir de ahí, será posible reforzar la representación institucional, defender el modelo con argumentos sólidos y avanzar hacia una mayor cohesión interna, alineando a la profesión en torno a objetivos comunes.
En definitiva, el reto es claro: proteger el modelo, recuperar capacidad de influencia y construir una farmacia más fuerte, más preparada y con mayor reconocimiento dentro del sistema sanitario.
¿Qué opina sobre la actual Ley de Ordenación y Atención Farmacéutica de la Comunidad de Madrid? ¿Qué mejoraría?
La Ley 13/2022, de Ordenación y Atención Farmacéutica de la Comunidad de Madrid, publicada en el BOCM el 22 de diciembre de 2022, ya está plenamente aprobada, por lo que en el momento actual el foco debe situarse en su desarrollo normativo.
Desde un punto de vista técnico, la prioridad es aprobar un reglamento estable, claro y predecible, que permita implementar la ley sin generar inseguridad jurídica ni distorsionar el modelo de farmacia. El desarrollo reglamentario debe cumplir una función de concreción técnica y operativa, evitando introducir, por vía indirecta, modificaciones estructurales que no se han establecido en el propio texto legal.
En este sentido, el principal reto es garantizar que el desarrollo normativo sea coherente con la ley y no la desborde, aporte seguridad jurídica, con definiciones claras y aplicables, sea proporcional, evitando cargas administrativas innecesarias y permita una implantación homogénea en todo el territorio.
Especialmente relevante será la regulación de aspectos como la atención farmacéutica domiciliaria, la dispensación con entrega informada, los sistemas personalizados de dosificación (SPD), los horarios y servicios de guardia, así como los procedimientos administrativos vinculados a la ordenación farmacéutica.
Desde una perspectiva de mejora, más que modificar la ley, sería clave que el desarrollo reglamentario delimite con precisión el acto profesional farmacéutico frente a actividades logísticas, refuerce la trazabilidad, custodia y responsabilidad profesional en nuevas modalidades de atención, evite interpretaciones ambiguas que puedan generar desigualdad en la aplicación, garantice la viabilidad del modelo, especialmente en términos de planificación y sostenibilidad
Desde su punto de vista, ¿cuál es la situación de la farmacia rural en España? ¿Y en la Comunidad de Madrid?
Actualmente, y como realidad sostenida en el tiempo, la farmacia rural en la Comunidad de Madrid percibe una situación de abandono y distanciamiento respecto al Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid. No existe un canal directo que actúe como interlocutor real, que escuche, represente o atienda los problemas específicos que afrontan estos profesionales en su práctica diaria.
Esta situación ha generado progresivamente entre los farmacéuticos rurales un profundo desgaste, acompañado de una sensación de desprotección ante una realidad especialmente compleja: poblaciones envejecidas, entornos con escasez de servicios y un incremento constante de las dificultades operativas en el día a día de la farmacia.
Las condiciones laborales agravan aún más este escenario. La imposibilidad de conciliar o disfrutar de periodos de descanso es una constante, debido a la dificultad para encontrar farmacéuticos adjuntos dispuestos a cubrir en zonas rurales. A ello se suma una rentabilidad limitada, que en muchos casos impide asumir los costes necesarios para garantizar dichas sustituciones.
A este problema se añade la carga de las guardias, que en el ámbito rural resulta especialmente exigente. La escasez de profesionales obliga a asumir turnos prolongados y reiterados, en muchas ocasiones sin relevo efectivo, lo que incrementa la fatiga y el desgaste acumulado. Estas guardias, además, no siempre se corresponden con una demanda asistencial proporcional, pero sí implican una disponibilidad constante que condiciona de forma significativa la vida personal y profesional del farmacéutico.
Todo ello contribuye a una sensación creciente de asfixia profesional y de incertidumbre sobre la viabilidad futura de este modelo asistencial. Resulta especialmente preocupante si se considera el papel esencial que desempeñan estas farmacias en sus comunidades, muchas de ellas vinculadas a entornos donde residen personas mayores, familiares y colectivos vulnerables.
En este contexto, los farmacéuticos rurales se ven obligados a asumir, con criterios éticos y en ocasiones con su propio patrimonio, las deficiencias de un sistema diseñado para facilitar la atención sanitaria, pero que muestra importantes limitaciones en estos entornos: fallos en la conectividad, problemas con la receta electrónica, ausencia de profesionales sanitarios en determinadas localidades o falta de medios de los pacientes para desplazarse a centros de salud.
La percepción generalizada es que el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid permanece alejado de esta realidad, lo que conduce a una situación en la que los profesionales rurales continúan avanzando en solitario, a la espera de que se reconozcan sus particularidades y se adapten los sistemas y mecanismos a sus necesidades específicas.
Por ello, el colectivo demanda con urgencia una interlocución efectiva: alguien que escuche, que comprenda su realidad diferenciada y que actúe como voz activa en defensa de la farmacia rural.
Actualmente, se está tramitando la Ley de Medicamentos. ¿Se adapta adecuadamente a las necesidades actuales? ¿Qué alegaciones hubiera presentado en su momento si hubiera sido presidenta del COFM?
Nos encontramos en un momento decisivo. La futura Ley del Medicamento no debe ser un simple ajuste administrativo, sino el reconocimiento definitivo de nuestra labor clínica. Como candidata a presidir este Colegio, mi postura es clara: la Farmacia comunitaria debe integrarse plenamente en la Atención Primaria.
No podemos permitir que se nos siga infrautilizando. Exigiremos que nuestras actuaciones profesionales —desde el seguimiento farmacoterapéutico hasta los cribados y la atención de síntomas menores— tengan reflejo directo en la historia clínica del paciente. La comunicación con otros profesionales debe ser bidireccional y basada en la coordinación, nunca en la subordinación.
Es hora de que la legislación deje de tutelar al farmacéutico como si fuera un mero gestor de cajas y empiece a tratarlo como el profesional sanitario de alto nivel que es. Lamento profundamente, y sé que compartís este sentimiento, que hayamos perdido casi una década en un inmovilismo normativo asfixiante. Mientras la ciencia y las necesidades de los pacientes evolucionaban, nuestras competencias legales han permanecido ancladas en el pasado, ignorando sistemáticamente nuestra capacidad para aportar soluciones inmediatas. Por ello, nuestra propuesta para la nueva Ley es firme en cuanto a la *autonomía profesional ante el desabastecimiento:
-Sustitución por Responsabilidad Profesional: No es admisible que, ante la falta de un medicamento, el paciente deba volver al centro de salud para una gestión burocrática que el farmacéutico puede resolver. Exigiremos que la Ley nos habilite para realizar la *sustitución de forma farmacéutica* o el cambio a otro medicamento con la misma indicación terapéutica cuando el suministro lo requiera, siempre bajo nuestra responsabilidad profesional.
-Capacidad de Intervención Clínica: Reivindicamos el respaldo legal para realizar pruebas diagnósticas y, de manera crucial, la dispensación complementaria. Si un paciente crónico necesita su medicación con urgencia, el farmacéutico debe tener la cobertura legal para garantizar esa dosis sin miedo a sanciones. También la dispensación independiente de fármacos antibióticos en situaciones clínicas de fácil manejo como una faringitis o una cistitis.
Asimismo, defenderemos la *presencialidad de la dispensación*, rechazando que la telefarmacia se convierta en una vía ordinaria gestionada por agentes ajenos a la salud, y exigiremos seguridad jurídica en la atención a centros sociosanitarios desde la farmacia comunitaria.
En el plano económico, seremos tajantes: rechazamos los sistemas de clawback y las deducciones que minan nuestra viabilidad. Exigiremos que cualquier intervención en los precios esté respaldada por estudios de impacto que garanticen la sostenibilidad de todas las farmacias, especialmente las más vulnerables.
Basta ya de palabras vacías sobre la "farmacia del futuro" mientras se nos mantiene atados a normativas de ayer. La nueva Ley del Medicamento debe ser el motor de esa evolución que se nos ha negado durante años y que Madrid está preparada para encabezar.
Uno de los debates que rodea a la farma comunitaria es la posibilidad de ampliar sus competencias. ¿Está infrautilizada la farmacia en España? ¿Qué se podría aprovechar de las farmacias comunitarias?
España es uno de los países con mayor capilaridad farmacéutica del mundo, situándose como el tercer país con menor número de habitantes por farmacia. En concreto, existen más de 22.200 farmacias comunitarias distribuidas por todo el territorio nacional, atendidas por aproximadamente 55.000 farmacéuticos, frente a los 13.026 centros de Atención Primaria del Sistema Nacional de Salud. Esta diferencia es aún más significativa la ciudad de Madrid, por ejemplo, en 2024 existían 427 centros de Atención Primaria frente a más de 2900 farmacias comunitarias, lo que supone una red asistencial seis veces mayor en términos de accesibilidad.
A pesar de esta capacidad instalada, el potencial asistencial de la farmacia comunitaria no se encuentra plenamente desarrollado. Tenemos estudios que muestran de forma contundente que la indicación farmacéutica en el abordaje de síntomas menores —como tos, dismenorrea o estreñimiento permitiría reducir de forma significativa la presión asistencial sobre la Atención Primaria, generando además un ahorro estimado superior a los cien millones de euros anuales.
En el ámbito internacional, el desarrollo competencial de la farmacia comunitaria es aún más evidente. Desde que en 2007 Portugal autorizara la vacunación en farmacia comunitaria, el número de países que han incorporado este servicio no ha dejado de crecer. Actualmente, el 56 por ciento de los países europeos —entre ellos Alemania, Francia, Italia o Irlanda— permiten la vacunación en farmacias, siendo la gripe estacional y la Covid-19 las vacunas más administradas. Asimismo, países extracomunitarios como Reino Unido, Noruega o Suiza también han integrado a los farmacéuticos comunitarios en sus estrategias de vacunación.
En conjunto, estos datos ponen de manifiesto que la farmacia comunitaria constituye un recurso sanitario altamente accesible, resolutivo y coste-efectivo, cuyo potencial asistencial está aún lejos de ser plenamente aprovechado en España. Su adecuada integración en el sistema sanitario permitiría mejorar la eficiencia, ampliar la cobertura asistencial y reforzar la atención a los pacientes, especialmente en contextos de creciente presión sobre la Aención Primaria.
¿Cómo valora el nuevo Estatuto Marco de Sanidad?
El Estatuto que está vigente es del año 2003, y por tanto sujeto a situaciones que en la actualidad han cambiado, por tanto, su actualización es imprescindible. El borrador del nuevo Estatuto Marco supone un avance necesario y largamente esperado en la modernización del sistema sanitario. El nuevo texto introduce mejoras relevantes en aspectos clave como la limitación de la temporalidad, la regulación de la jornada, el reconocimiento de la formación y la especialización y la homogeneización de un marco común para todo el SNS. En ese sentido, el Estatuto Marco va en la buena dirección y establece bases más acordes con la realidad actual del sistema sanitario.
Sin embargo, también es un texto de mínimos, que fija el marco general, pero deja mucho en manos del desarrollo posterior por parte de las comunidades autónomas. Por tanto, su impacto real dependerá de cómo se concrete en la práctica.
¿Se reconoce al farmacéutico como se merece?
El borrador del Estatuto Marco que se está debatiendo, reconoce al farmacéutico mejor que el marco anterior, pero todavía de forma insuficiente. Es positivo que el nuevo Estatuto, se refuerce la clasificación profesional ligada al nivel de cualificación (MECU/MECES), donde los farmacéuticos pasan a estar encuadrados en los grupos de mayor nivel (grupo 8 en ciencias de la salud), además que reconozca explícitamente la especialización sanitaria, lo que beneficia claramente a farmacéuticos de hospital y de salud pública.
Esto puede suponer un avance claro respecto a la situación previa, donde el papel del farmacéutico quedaba a menudo diluido en categorías genéricas y con escaso reflejo normativo de su especialización y funciones reales. No obstante, el Estatuto no aborda de manera específica el papel estratégico del farmacéutico en ámbitos clave como la farmacia clínica, la seguridad del medicamento o la salud pública. El nuevo Estatuto Marco mejora el reconocimiento del farmacéutico respecto a la situación anterior, pero todavía no refleja plenamente su aportación real al sistema sanitario.
¿Qué será lo primero que haga si es elegida presidente del COFM?
Realizaremos una auditoría externa e independiente, y transcurridos los cien primeros días desde la Toma de Posesión, nos comprometemos a convocar una Asamblea General Extraordinaria para, en un informe de Presidencia, dar a conocer la situación del Colegio y de la Sociedad Mercantil en los ámbitos patrimonial, económico, de representación y personal; de servicios a los colegiados, de las cuotas por servicio de la facturación de recetas y de relación con la Consejería de Sanidad y, por primera vez, elevar a la Asamblea General propuestas concretas de la nueva Junta de Gobierno para ser ratificadas con la información y transparencia que los colegiados se merecen.
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