A las puertas del
Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, una investigación liderada por el
Hospital Vall d’Hebron aporta una de las evidencias más esperadas por especialistas y pacientes: las
vacunas vivas atenuadas contra el
sarampión, la rubéola, las paperas y la varicela no aumentan el
riesgo de brotes en personas con
esclerosis múltiple. El estudio, realizado a partir del análisis de 369 pacientes seguidos en el
Cemcat entre
2016 y 2024, refuerza la
seguridad de la vacunación en este colectivo y busca combatir la reticencia existente alrededor de las vacunas en
pacientes inmunosuprimidos. Además, los investigadores ya trabajan en el siguiente paso: estudiar la posibilidad de administrar estas vacunas u
na vez iniciado el tratamiento inmunosupresor, evitando así retrasar el inicio de la terapia frente a la enfermedad.
La especialista del Servicio de Neurología/Neuroinmunología de Vall d’Hebron,
Mar Tintoré, afirma en
Redacción Médica la necesidad de generar evidencia frente a la preocupación sobre si las
vacunas vivas podían desencadenar brotes en personas con esclerosis múltiple: “Esta enfermedad provoca que las defensas del propio paciente le ataquen, provocando lesiones o brotes nuevos. Para tratar la esclerosis, es necesario reducir las defensas para que no
sean tan agresivas y mejorar la calidad de vida de los pacientes”.
En este contexto, la especialista recuerda que los
tratamientos inmunosupresores, aunque fundamentales para controlar la enfermedad, también aumentan el
riesgo de infecciones a largo plazo. “En caso de que un paciente esté inmunosuprimido durante años, puede conllevar un aumento en el riesgo de infecciones. Aquí recae la importancia de que los pacientes, antes de iniciar el tratamiento, estén
vacunados, ya que ofrecerá a la larga la mejor de las situaciones para no tener infecciones”.
La vacunación, crucial tras el diagnóstico de esclerosis
Tintoré describe el
impacto clínico que tendrá este hallazgo, publicado en JAMA Network Open: “Actualmente existe cierta prevención en contra de las vacunas, cuando es uno de los mecanismos más eficaces para
luchar contra las infecciones. Entre los pacientes con esclerosis, se detectó que la mitad no estaban vacunados, por lo que con este estudio se pretende ofrecer
información fiable a todos ellos”.
A la hora de facilitar un
acceso más rápido y seguro a los
tratamientos inmunosupresores, la facultativa considera esencial actuar desde el momento del diagnóstico. “Es importante que los pacientes tengan toda la información desde un inicio, debido a que una vez
diagnosticados de esclerosis, se puedan vacunar e iniciar el tratamiento inmunosupresor en la mejor situación para que en un futuro no se tenga un
riesgo aumentado de infecciones”.
Datos valiosos de una cohorte seguida durante casi 10 años
El hecho de contar con una cohorte tan amplia y un seguimiento prolongado entre
2016 y 2024 permite “tener unos datos valiosos sobre lo que les ocurre a los pacientes desde que empiezan el
primer brote y a lo largo de todo el seguimiento clínico”. Además, estos datos permiten, según afirma Tintoré, comparar pacientes que han recibido las vacunas con otros que no las han recibido, obteniendo información fiable desde el punto de vista
clínico. “Las cohortes prospectivas han servido también para conocer qué factores provocan que la enfermedad vaya a mejor, como puede ser hacer ejercicio físico o dejar de fumar”.
Este seguimiento prolongado también ha permitido identificar factores asociados a un
peor pronóstico, “como puede ser iniciar un tratamiento tardío o no modificar un tratamiento cuando la respuesta no es completa. Entender mejor la enfermedad es esencial para ir avanzando en el camino correcto durante el tratamiento”.
La reciente
actualización de los criterios diagnósticos de la enfermedad también contribuirá, según la especialista, a mejorar el abordaje clínico de estos pacientes: “Aportan más evidencias sobre todos los procesos diagnósticos y pronósticos, junto con la prevención de riesgos como serían las vacunas”.
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