Un equipo del Vall d'Hebron Instituto de Investigación (VHIR) ha identificado
(TLP), un hallazgo que supone "una pieza más dentro de un puzzle complejo" sobre las bases biológicas del trastorno. Así lo ha afirmado Marc Ferrer, investigador principal del Grupo de Psiquiatría,
, especialmente en lo que atañe a las bases neurobiológicas en este tipo de trastornos y sobre todo en población joven". Así, el trabajo refuerza la idea de que el TLP podría presentar correlatos neurobiológicos detectables ya en etapas tempranas del desarrollo.
Los resultados, publicados en las revistas
Neuropsicobiología, la
Revista de Investigación Psiquiátrica, Medicina Psicológica y Psiquiatría Traslacional, se basan en técnicas avanzadas de
neuroimagen estructural y funcional aplicadas a adolescentes diagnosticados con TLP.
Un trastorno que empieza en la adolescencia
Aunque tradicionalmente el TLP se ha estudiado en adultos, cada vez existe más consenso científico sobre su aparición durante la adolescencia. Para Ferrer, esta etapa representa "una ventana y
una oportunidad importante para hacer un diagnóstico o una intervención precoz". Sin embargo, la investigación neurobiológica en adolescentes con TLP sigue siendo escasa. "Prácticamente no hay información. Hay muy
pocos grupos internacionales trabajando en ello", señala.
El estudio incluyó adolescentes con diagnóstico de TLP y grupos control de
jóvenes sanos de la misma edad. En muchos casos, los pacientes no habían recibido medicación ni presentaban otros trastornos psiquiátricos asociados, lo que permitió analizar con mayor precisión las alteraciones potencialmente vinculadas al trastorno.
Alteraciones en las redes de identidad y cognición social
Uno de los trabajos detectó r
educciones de sustancia gris en la región temporoparietal izquierda, un área relacionada con la comprensión de los estados mentales ajenos y la toma de perspectiva social. Además, las pruebas funcionales mostraron alteraciones en la llamada
red neuronal por defecto (Default Mode Network) y en el córtex prefrontal dorsolateral, regiones implicadas en procesos como la regulación emocional, el control inhibitorio, la
construcción de la identidad y la interpretación de las relaciones sociales.
"Pensamos que es importante porque estudiamos potenciales
bases biológicas de conceptos poco explorados desde la neurobiología, como la identidad o la relación con los demás", destaca Ferrer. Aún así, insiste en que los hallazgos deben interpretarse con cautela: "Nos gustaría decir que esto demuestra las bases neurobiológicas del TLP, pero evidentemente es una pieza dentro de un puzzle complejo, de un trastorno que sabemos que tiene
una parte biológica y otra ambiental".
El psiquiatra subraya que las diferencias estructurales encontradas son discretas y que "la gran mayoría de alteraciones las encontramos en
cómo funciona el cerebro, no tanto en su estructura", explica. Por ello, el estudio combinó resonancia magnética estructural y funcional para analizar tanto la anatomía cerebral como la actividad neuronal durante
tareas cognitivas.
Una de las grandes preguntas abiertas es si estas alteraciones son causa del TLP o
consecuencia de su evolución. Ferrer evita afirmaciones categóricas, aunque considera que estudiar adolescentes permite aproximarse más a factores causales. "Cuando estudiamos adultos, lo que vemos puede ser consecuencia de años de sufrimiento emocional, experiencias traumáticas o dificultades relacionales", afirma, añadiendo que "por eso es tan importante investigar en jóvenes, cuando el trastorno acaba de empezar", ya que
existen menos factores acumulados capaces de modificar el cerebro.
Reforzar el diagnóstico precoz
Más allá de los hallazgos neurobiológicos, el estudio también tiene implicaciones clínicas. Durante años, parte de la Psiquiatría se resistió a diagnosticar TLP en adolescentes al considerar que
la personalidad todavía estaba en desarrollo. "Ahora sabemos que el TLP no es un trastorno estático y que evoluciona a lo largo de la vida", explica Ferrer. Por este motivo, "el hecho de encontrar alteraciones neurobiológicas en adolescentes da más fuerza al TLP adolescente como
entidad diagnóstica válida".
El especialista considera que esto "puede ayudar a
reducir el infradiagnóstico y los diagnósticos centrados únicamente en síntomas concretos", como pueden ser las "autolesiones o desregulación emocional", sin identificar el trastorno de base. Aunque Ferrer insiste en que el diagnóstico precoz solo tiene sentido si va acompañado de "recursos terapéuticos adecuados".
Actualmente, el tratamiento principal es psicoterapéutico. Entre las terapias con mayor evidencia científica, menciona la terapia dialéctico-conductual, la terapia basada en la mentalización y la terapia focalizada en la transferencia, todas ellas adaptadas ya a población adolescente. "Son tratamientos eficaces, pero requieren mucho tiempo y recursos", señala, recordando que "en salud mental
seguimos necesitando más inversión y más dispositivos especializados".
El equipo del VHIR trabaja ahora en una
segunda fase longitudinal del estudio, reevaluando a los mismos adolescentes años después para comprobar qué alteraciones cerebrales se asocian a la persistencia del trastorno. El objetivo es identificar posibles biomarcadores que permitan
predecir qué jóvenes tienen mayor riesgo de consolidar un TLP en la vida adulta. "Nos gustaría encontrar algún hallazgo neurobiológico claramente asociado a un mayor riesgo de desarrollar el trastorno", explica Ferrer. Eso, señala, "ayudaría a focalizar y priorizar tratamientos en los pacientes con mayor riesgo", concluye.