Las autoridades de sanidad animal han declarado, desde el pasado 15 de junio,
trece focos de enfermedad de Newcastle en
Valladolid localizados en explotaciones avícolas de las comarcas de
Medina del Campo, Olmedo, Peñafiel y Valladolid. Ante esta situación, el
Colegio de Veterinarios de esta provincia efectúa un llamamiento a la tranquilidad de los consumidores, y reitera la necesidad de reforzar las medidas de bioseguridad en las explotaciones avícolas.
Los brotes han afectado a más de
520.000 gallinas ponedoras,
286.000 pollos de engorde (broilers) y
181.000 gallinas de cría. Estos focos se suman a los diez notificados durante el primer semestre del año en la provincia de Valencia y a los casos registrados recientemente en otros países europeos, entre ellos Alemania y Polonia, lo que pone de manifiesto la
persistencia de la circulación del virus en Europa.
En estos momentos, las autoridades competentes mantienen abiertas las
investigaciones epidemiológicas para determinar el origen de los focos detectados en Castilla y León y establecer, en su caso, si existe relación con otros brotes registrados en España o en el resto de Europa.
Según señala el
presidente colegial, Rufino Álamo, se trata de una de las enfermedades de mayor importancia sanitaria para la avicultura mundial” debido a las importantes pérdidas productivas que ocasiona y a las restricciones comerciales que puede generar. Dependiendo de la virulencia de la cepa, puede producir
cuadros respiratorios, digestivos y neurológicos de distinta gravedad, con tasas de mortalidad muy elevadas y disminución de la puesta en aves susceptibles”.
Ante esta situación, el Colegio de Veterinarios de Valladolid considera fundamental
insistir en la seguridad de los alimentos procedentes de la avicultura para los consumidores (huevos, carne). La enfermedad de Newcastle es una enfermedad vírica, altamente contagiosa para las aves, descubierta hace cien años, lo que permite saber que raramente afecta a las personas –salvo exposición a ambientes contaminados- y, en ese caso, puede ocasionar conjuntivitis leves y limitadas o síntomas similares a un cuadro gripal de corta duración, que generalmente se resuelven sin complicaciones.
Por ello, el consumo de carne de ave y huevos procedentes de establecimientos autorizados y sometidos a inspección veterinaria oficial no representa ningún riesgo para la salud de los consumidores.
Por otro lado, los veterinarios siguen defendiendo la
importancia de la vacunación de las granjas avícolas frente a esta enfermedad, ya que reduce los síntomas y la tasa de mortalidad. La vacunación, además de proteger a las aves frente a la enfermedad, reduce la excreción de virus en las infectadas, y la contaminación ambiental que ocasiona, limitando la distribución de las formas infecciosas que podrían afectar a otras aves.
Medidas para impedir la entrada del virus
Además, insisten en la
necesidad de reforzar la bioseguridad de las granjas, con medidas que impidan la llegada del virus desde el exterior de las granjas, ya sea trasportada por otras aves (silvestres o domésticas), los alimentos, agua, insectos, roedores o vehiculado por el personal (ropa o calzado contaminado) o equipos.
La transmisión ocurre principalmente mediante el
contacto directo entre aves infectadas y aves susceptibles. El virus se elimina a través de secreciones respiratorias, heces o secreciones oculares. La enfermedad de Newcastle continúa siendo una de las enfermedades virales más graves de la avicultura mundial, por sus efectos sobre la producción avícola, la economía y el comercio internacional.
“La vigilancia epidemiológica, la notificación temprana, la bioseguridad, la vacunación cuando esté indicada y el
trabajo coordinado entre productores, veterinarios y autoridades sanitarias son las herramientas más eficaces para prevenir su introducción y controlar su propagación”, concluye Álamo.
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