La sanidad se ha convertido en uno de los escenarios habituales del
fuego cruzado entre administraciones públicas y
partidos políticos que las gobiernan, cuyos límites cada vez parecen más diluídos.
La brecha que separa la política de bloques se ha agrandado progresivamente con el transcurso de una legislatura marcada por la sombra de los
adelantos electorales. Fruto de esta estrategia de trincheras, prácticamente cualquier decisión en el campo de la salud se ha transformado en argumentario político, desde los
cribados hasta la
falta de médicos, pasando por los
modelos de gestión.
Sin embargo,
el trágico accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), el más grave acontecido en España desde el de un
Alvia cerca de
Santiago de Compostela en 2013, ha abierto un paréntesis en este bucle dentro del
Sistema Nacional de Salud (SNS). Lejos de convertirse en un nuevo motivo de enfrentamiento, los gobiernos han unido fuerzas para tratar de
gestionar en tiempo récord una emergencia sanitaria del calado que produjo el descarrilamiento y colisión de dos trenes de alta velocidad.
Es la altura de miras que en tantas ocasiones se reclama desde la opinión pública. El
ciudadano elige al político como gestor, para solucionar, no para enturbiar y enredar más la realidad.
El accidente, que se ha saldado con al menos 45 víctimas mortales y decenas y decenas de heridos de diferente gravedad, obligó a desplegar
un operativo sanitario de grandes magnitudes.
La Junta de Andalucía desplazó hasta el lugar a médicos, enfermeros y psicólogos (entre otros profesionales) para asistir a los afectados. Se puso entonces en marcha el
Plan de Emergencias y Protección Civil para dar una rápida cobertura sanitaria y derivar a los pacientes a hospitales de la comunidad autónoma, aunque centros de otras regiones como
Castilla-La Mancha y
Madrid también se activaron por si eran necesarios.
La ministra
Mónica García informaba en sus perfiles sociales que el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, con el Ministerio y los consejeros y consejeras de Sanidad, se habían puesto al servicio de la tragedia. "Todos los recursos necesarios para tratar a los heridos y atender a las familias", expresaba.
Poco tiempo después el propio consejero de Sanidad,
Antonio Sanz Cabello, se personaba en la zona y daba las primeras claves ante la terrible emergencia. Su presencia institucional tan rápida fue muy importante, porque dio un cariz de control institucional frente a la gran dimensión del accidente. Además, el hecho de que sea el responsable de la 'superconsejería' de
Presidencia, Emergencias y Sanidad le confirió unos galones muy útiles en esta circunstancia, y además supo utilizarlos. Ha demostrado por qué el presidente
Juanma Moreno le confió Sanidad en un momento tan crítico como el de los cribados de mama, que 'heredó' de su inefable predecesora,
Rocío Hernández Soto. Sanz es un gestor serio que transmite confianza en lo que hace.
Mientras, en el Hospital Reina Sofía de Córdoba se había activado ya el plan de catástrofes, y los profesionales estaban acudiendo a sus puestos de trabajo de forma raúda; como
Rafael Calvo, jefe de
Urgencias, que estaba viendo el partido del Córdoba CF y dejó su localidad para ir rápidamente al hospital. Como esta, decenas de situaciones similares se vivieron en la provincia; todos dejaron lo que estaban haciendo para sumarse a la asistencia. Es otra de las claves del operativo sanitario, aunque esa nunca está en duda: la vocación y disponibilidad de los
profesionales de la salud. La respuesta fue tan "ágil y generosa" que
Francisco Triviño, el gerente del centro, destacaba horas después que muchos médicos, enfermeras, TCAEs y celadores ya estaban en sus puestos "antes de que me diera tiempo a llegar a mí".
Otros centros del
Servicio Andaluz de Salud (SAS) se pusieron en alerta por si hacía falta su participación. Ahí también fue importante la gerente
Valle García, que además es cordobesa y fue directora del Reina Sofía muchos años, y tuvo un papel relevante en la coordinación.
La cadena de mandos y coordinación funcionaba, y al tanto de ella desde el primer momento estuvo
Juanma Moreno, que llegó a Adamuz en cuanto pudo. Estaba en contacto con el presidente del Gobierno,
Pedro Sánchez, y se había producido la comparecencia del ministro de Transportes,
Óscar Puente, posiblemente la autoridad más 'descolocada' en los primeros instantes del impactante suceso, tal vez por la dimensión de su responsabilidad en este área de infraestructuras estatales, aunque estuvo al pie del cañón informando.
Moreno y
Sánchez han impartido, al menos públicamente, una lección de cómo se deben afrontar estas situaciones. Lo ha expresado el propio presidente andaluz ante los medios de comunicación: "Es importante en el ámbito de la
gestión pública trabajar de manera acordada; creo que somos mucho más fuertes como sociedad, como país, como comunidad, cuando avanzamos juntos, y yo creo que ese tiene que ser el objetivo fundamental de nuestra sociedad". El líder andaluz ha dado tres claves que son una guía ideal para situaciones similares futuras: "
gestión, la
lealtad y la
empatía". Con esta fórmula, los presidentes de España y Andalucía y sus respectivos equipos han dejado más en evidencia aún el tristísimo recuerdo de la escenificación política ante la devastadora y mortal dana que asoló numerosas localidades de la provincia de Valencia en octubre de 2024. Ya bastante tienen las víctimas y sus familias como para que los políticos anden entorpeciendo y cargando el ambiente de negatividad.
Las responsabilidades también tendrán su tiempo, y se deben exigir, pero en el marco de una investigación adecuada. 'En caliente' solo se hace más daño aún y se genera un clima de
desconfianza ciudadana que es aprovechado por intoxicadores profesionales que buscan su beneficio; la consecuencia del 'y tú más' político son situaciones institucionalmente indeseables como las que vivieron los
Reyes, el presidente del
Gobierno y el del
Consell en una de las localidades arrasadas por la dana, donde fueron increpados y agredidos.
El apoyo de la sanidad autonómica en Adamuz
Es especialmente destacable la celeridad con la que actuaron las comunidades vecinas más cercanas al accidente.
Madrid desplegó a su equipo del Summa 112 en un operativo especial en la Estación de Atocha para atender a los primeros viajeros que habían sobrevivido al accidente, así como ofrecer
ayuda psicológica a los pasajeros, familiares y amigos, que llegaron necesitados de respuestas. De la misma manera, tendió su mano el
Gobierno de Castilla-La Mancha, que puso a disposición la red de camas hospitalarias del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) y los
puestos de UCI que fueran necesarios para hacer frente a la situación. Bien también por las Consejerías de
Fátima Matute y
Jesús Fernández, dos médicos y gestores experimentados que saben de la urgencia que conlleva una vida en estado crítico. Fernández vivió además el suceso con la tristeza añadida del cariño que tiene a Córdoba, donde estudió Medicina y tiene tantos amigos. También estuvieron pendientes toda la noche la viceconsejera
Laura Rodríguez, la directora asistencial,
Almudena Quintana, la de hospitales,
Mercedes Navío, y el del Sescam,
Alberto Jara.
Esta solidaridad entre regiones de diferentes signos políticos puede verse también en las comparecencias conjuntas que se produjeron en las inmediaciones de Adamuz al día siguiente, cuando el sol permitió ver con claridad las consecuencias materiales del terrible suceso.
Pedro Sánchez,
Óscar Puente y
Juan Manuel Moreno, con los
Reyes, y una
María Jesús Montero a la que se ha acusado desde algunos sectores de querer 'colarse' en la foto por un interés electoralista, pero que no hay que olvidar que es toda una
vicepresidenta del Gobierno de España, y andaluza.
Como en toda regla hay una excepción, y solo un grupo político se desmarcó durante las primeras horas del accidente de los mensajes de colaboración y mesura. “Como en tantas catástrofes que nos han golpeado estos años, no puedo confiar en la acción de este gobierno.
Nada funciona bajo la corrupción y la mentira”, afirmó el líder de Vox,
Santiago Abascal, en el mismo mensaje en redes sociales en el que mandaba sus condolencias a los afectados y celebraba la buena gestión de los profesionales sanitarios.
Los familiares y amigos de
las víctimas merecen conocer toda la verdad sobre los motivos del accidente. Las investigaciones para determinar las causas del descarrilamiento y el choque, y la asunción de responsabilidades debe ser una prioridad por parte de todas las administraciones para hacer justicia. Pero a la espera de que los expertos obtengan sus conclusiones, esta vez la política ha demostrado que es posible gestionar una emergencia sanitaria múltiple con
el liderazgo compartido que merece. Ojalá cunda el ejemplo ante situaciones venideras. También el de la
prevención y el del trabajo responsable para que catástrofes así no sucedan.
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