El mayor escudo generado por las
bacterias a los tratamientos disponibles ha llevado a los profesionales a rebuscar en los muestrarios de antaño en busca de alternativas ante esta nueva amenaza. Es precisamente la aproximación en la que trabaja Jesús Rodríguez Baño, jefe de
Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen de Macarena, decidido a demostrar la eficacia de la
temocilina, un antibiótico rescatado de los años 80 para el tratamiento de las infecciones por enterobacterias multirresistentes, un grupo de bacterias que se encuentran de forma natural en el intestino pero que pueden generar graves enfermedades gastrointestinales al propagarse fuera del tracto digestivo.
El hallazgo, publicado en la revista
The Lancet, supone una "ventaja ecológica" en palabras del jefe de Servicio, ya que permite
frenar las resistencias y ahorrar los medicamentos de último recurso para "situaciones desesperadas". Tras probar su eficacia en pacientes con
infecciones graves en la sangre, el fármaco, actualmente no comercializado en España, ya cuenta con la aprobación en España en esta indicación y se encuentra en fase de negociación de precio para llegar a los hospitales "en unos meses".
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Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen de Macarena.
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El rescate de los fármacos olvidados
La estrategia de
rebuscar entre el catálogo terapéutico del pasado, explica el facultativo, nace de una necesidad clínica apremiante frente a las enterobacterias. En la actualidad, si los fármacos habituales, las cefalosporinas, fallan, se recurre a un grupo denominado carbapenemas. Sin embargo, el aumento de las infecciones ha forzado el
uso frecuente de estos carbapenémicos, provocando que
las bacterias también se vuelvan resistentes a ellos.
Para evitar quedarse sin alternativas, los investigadores revisaron los
estudios de sensibilidad in vitro de antibióticos antiguos que podían ser eficaces frente a las bacterias problemáticas actuales. Además, estos fármacos en desuso, permiten
ahorrar el uso de antibióticos recientemente comercializados de cara a preservar su eficacia contra estos agentes infecciosos.
Como punto de partida, el equipo de Rodríguez Baño trabajó con la fosfomicina, "un antibiótico que se descubrió en España", demostrando su actividad frente a la
Escherichia coli multirresistente hace tres años. Ahora, los investigadores buscan ir más allá y estudian el uso de aminoglucósidos para situaciones clínicas muy concretas.
Eficacia en sangre sin generar resistencias
El
ensayo clínico -bautiazado como proyecto Astarté-, en el que han participado 29 hospitales, analizó a 334 pacientes divididos entre los tratados con temocilina y los que recibieron carbapenémicos. Los resultados demostraron una
eficacia similar en ambos grupos. Según explica el también investigador, los pacientes presentaban bacteriemia, "es decir, pacientes que tienen un
cultivo en sangre positivo". De hecho, tres cuartas partes de los participantes padecían una infección urinaria complicada que había derivado en esta infección en la sangre.
De esta manera, el fármaco vintage demostró su capacidad para poner
freno a la multirresistencia, seleccionando patógenos resistentes para los que las alternativas terapéuticas son muy escasas. Así, al usar temocilina en su lugar, subraya el profesional, "no aparecen estas resistencias a los carvapenémicos", logrando que estos sigan siendo útiles cuando realmente hagan falta.
Negociación de precio
De momento, y con el objetivo de que la
temocilina llegue más pronto que tarde a las consultas, la solicitud para su aprobación en España ya se ha presentado y el fármaco se encuentra aprobado. En este momento, la empresa comercializadora está en el "proceso de discusión de acuerdo de precio" con las administraciones sanitarias, aclara Rodríguez Baño, quien confía en disponer del tratamiento "en unos meses". Paralelamente, la compañía fabricante diseña planes de expansión para
adaptar la producción de la cadena al consumo esperado.
Una vez disponible, el reto será proteger la vida útil del fármaco. El especialista advierte que la temocilina deberá incluirse en los
programas de optimización de antibióticos de los hospitales para garantizar dosis y duraciones correctas en los pacientes que lo requieran y evitar que corra la misma suerte que los antibióticos actuales en cuanto a la creación de resistencias.
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